Las miradas del cardenal (Padre Hugo Segovia)

La altura, la amplitud y la hondura. Así dice un retrato del hoy beato cardenal Pironio que allá por los años 90 del siglo pasado había sido una indagación profunda sobre su personalidad.

Pero hoy que agregar lo que Pironio dejaba en todos y en todo lo que encontraba y así tenemos también que contemplar la ternura, la reconciliación consigo misma, con los demás y con Dios con sus dimensiones en su personalidad y su modo de vivir la fe, mirando hacia arriba, en torno, mirando lejos y mirando hacia adentro, A estas dimensiones tenemos que añadir las de los ojos mirando el futuro.

Nos recordaba el que somos peregrinos, personas que han contemplado el cielo y acariciando la tierra en la que ponemos los pies para hacer los debidos desplazamientos que dan la mediad de nuestra esperanza, nuestra tenacidad y la tenacidad de espíritu que exigen los tiempos nuevos.

El autor de estos pensamientos, la mirada de este cardenal dice que era “clarividente y fraterna, pacífica y contemplativa. “Miraba con los ojos del corazón y a la vez mirarlo a él era encontrarse con un rostro profundo y sereno el de alguien para quien la vida tenía sentido, que vivía algo especial con él que era fácil simpatizar, pero además sus miradas estaban por el sano consejo de mirar a las personas y de allí predicarle”.

Dice el autor: “este era el camino que seguía Pironio y para ello hacía falta aquella recomendación papal de los ojos penetrantes y el corazón grande”.

LOS OJOS DEL CORAZON

Mirar alto, Mirar en torno. Mirar lejos. Mirar hacia adentro. Mirar adelante.

De cada una de estas miradas vamos a decirles algo que nos dé elementos para reflexionar y para trabajar.

Mirar alto. Dicen escritos de Pironio que la crisis de nuestro tiempo radica en que es un templo de crisis de Dios, de un Dios que no se reduce a mi horizonte individual, sino que la relación con Dios es la primordial de todas las que tienen el hombre y por ello puede caminar por la vida en presencia, del Dios Padre. Por eso podría transmitir una presencia misericordiosa, creativa y misericordiosa y nos permite comprender como el egoísmo está en el origen de las posturas agnósticas más definidas.

Mirar en torno y mirar lejos. Pide mirar cerca, prestar atención a las personas concretas acogerlas, juntarlas para reunir lo que nos rodea y llevar asía una existencia dialogada, acceder a una relación con la vida cotidiana y el silencio que pide la cercanía, la sencillez que lleva a la auténtica comunión, valorar lo local, lo cotidiano, lo pequeño, la cordialidad, la escucha, el “insume” (estar juntos),

Mirar hacia adentro. La interioridad en la que madura nuestra identidad que nos permite encender luces de adentro y no permite vivir no con los reflectores que no nos hacen captar el sentido de la trascendencia, pero sí nos permite oír el grito de los pobres y descubrir el mandamiento de la fraternidad, nos posibilita mantener el diálogo con las personas, de donde nace hacerse promotor de paz y de justicia.

Mirar hacia adelante. No entrometerse corrigiendo, proyectar la luz hacia el porvenir y descubrir la acción inspiradora, renovada y transformadora del Espíritu. Hacer suyo lo que Casaldaliga decía: “dime como vives hoy y te diré si valen tus sueños para mañana”.

Confieso que lo que aquí digo está sacado de un libro que no puedo, por el estado del mismo por el paso del tiempo descubrir el nombre del autor.

Pero vale la pena haber encontrado lo que dice.