Las edades de la Vida

Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

Diez años atrás el Cardenal Carlos Martini publicaba un sugerente libro sobre las edades del hombre.
Según el famoso Cardenal, biblista y notable Arzobispo de Milán durante casi un cuarto de siglo (1980-2003) son cuatro: la infancia, la juventud, la adultez y la ancianidad.


Las primeras son tiempo de aprender, después dice, el tiempo se hace adulto y nuestros días se cierran cuando se aprende a mendigar.

Los niños se hacen tantas preguntas que nacen de la curiosidad que despierta en ellos la experiencia de cada día.
A menudo estas preguntas no son tomadas en serio por los adultos.

Aun por esto los niños son alabados por Jesús y propuestos como modelos.
El episodio en el cual estas preguntas son fundadas, evaluadas y recibidas es cuando narra, lo que sucedió cuando sus padres los extraviaron y los encuentran, después de tres días, discutiendo en el templo de Jerusalén con los doctores de la ley.

Allí Jesús experimenta la fuerza que lo liga al Padre. Se encontrara a menudo en su vida pública que lo hará chocar en su relación con el poder, en este caso el sacerdote que será, al final, el motivo de su crucifixión.
La actitud de Jesús muestra la importancia que puede tener la decisión de un niño de doce años.

Frente a esto se siente la necesidad de moverse en un terreno sagrado porque también los niños son capaces de acercarse a Dios porque están en condiciones de ser oyentes de su palabra y asumir elecciones conjuntas.

LOS NIÑOS Y LOS JOVENES

La juventud es la época de los grandes sueños que presentan el cuadro ideal de la vida y por lo cual muchas veces son críticos del mundo.

Es preciso ayudarlos respetando sus exigencias y, al mismo tiempo, no espantarse de las realidades de la vida.
La juventud es el tiempo de los grandes amores y las grandes esperanzas. No desilusionar las expectativas, saber valorar las inquietudes y mostrarles que la concreción de los ideales requiere tiempos largos.

La figura de Jesús que arroja a los mercaderes del templo es la que los puede identificar.
Es el tiempo de la contestación, la rebeldía y el rechazo.

Según un proverbio indio es también la época que comporta una responsabilidad que haga de contrapeso a la tentación de rechazar la tradición.

LOS ADULTOS Y LOS ANCIANOS

Según esa cultura india la adultez es como retirarse a un bosque.
El adulto debe saber reconocer sus límites y dar incluso un paso atrás; la visión global de las realidades pero no debe ello ser motivo para limitar los ideales sino estímulo para alcanzar una visión clara de ellos.

Hay dos tipos de adultos los que se dejan dominar por el torbellino de los compromisos y los que saben tomarse tiempo para madurar los propios principios.

Según psicólogos no puede ocurrir antes de los 35 años o 40 años.
Por ello se difunden tantas visiones simplistas del mundo y del hombre. Es también necesario tener conciencia de que el parecer de una mayoría no es siempre garantía de verdad.

Respecto de la ancianidad, la renuncia a los bienes propios indica la capacidad de recibir el pan de cada día. Es decir que se necesita reconocer que nuestra vida depende de los otros y gozar con ello.

Es difícil para los ricos convertirse en pobres como ocurre en el Evangelio con Nicodemo y el joven rico.
En esto se puede gustar una participación más auténtica en el Evangelio.

Hace parte de ello también el empobrecimiento físico.
Los ancianos deben aprender a contemplar la unidad de las cosas y esto no depende solo de la edad calendario.

En fin, hay que interpretar a la luz de un camino espiritual y el cardenal termina afirmando que la riqueza interior madura día a día al paso de las edades pero el tiempo de la ancianidad puede volver a ser, simple y espontáneamente, como el de la infancia.