La vida como misión

Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

“Ceferino misionero” es una publicación trimestral de la Institución Salesiana San Francisco Javier desde Bahía Blanca. Aporta, las noticias sobre la vida de los salesianos en ese territorio que así como se habló de las misiones de los jesuitas en nuestro nordeste y se dijo que eran “el imperio jesuítico” bien se podría hablar de este “imperio salesiano”.

Esta revista tiene casi cincuenta años de vida y es una voz que, según su director, es “para la gente de comunión, capaz de vínculos nutrientes que nos permitan crecer y ayudar a otros a optar por el amor y la libertad”.

Inspirada en la encantadora figura del beato Ceferino Namuncurá nos conecta con una espiritualidad al alcance de todos y con los temas que nos preocupan pero también nos regalan esperanza.

En el último número dedican una atención particular a un obispo argentino, monseñor Marcelo Melani, que falleció en Perú víctima del coronavirus. Estaba allí como misionero pues había decidido pasar sus últimos años poniendo el hombro como tal.

Había nacido en 1938 en Florencia, Italia, donde fue ordenado sacerdote salesiano. Desde muy temprano pidió venir a trabajar en la Patagonia porque “necesitaba vivir en un lugar más pobre y con mucho trabajo”. Así, fue párroco y director de colegios. En 1993 fue elegido obispo coadjutor de monseñor Hesayne en Viedma y lo sucedió hasta que en 2002 fue trasladado a Neuquén como segundo sucesor de otro salesiano insigne, monseñor Jaime de Nevares.

NUEVO PROYECTO PARA UN VIEJO DE 81

En una de sus homilías, cuando era obispo de Neuquén, decía monseñor Marcelo Melani: “esta es la Patagonia. No es solo la tierra del petróleo y de la minería, la tierra de la cual sacar riquezas y llevárselas a otro lugar. La tierra donde queremos construir nuestra vida. No queremos que nos saquen lo que tenemos bien adentro o que no dejen solo una montaña de residuos tóxicos. Una tierra en la que se palpa el trabajo de los más humildes campesinos, el de los pequeños crianceros. No las grandes estancias sino las pequeñas propiedades de las cuales, ojalá, algún día cada uno pueda decir: este pedazo de terreno es mío porque tengo título de escritura y no solo títulos provisorios. Esta es la Patagonia que queremos mostrar a tantos turistas que vienen. Tenemos que ser capaces de abrir nuestro corazón a todos, no podemos aceptar que venga alguien solo porque tiene plata y después a los que son distintos de nosotros pero que han vivido aquíy que quizás vivieron antes nosotros capaces de recibirlos. Hay una palabra que tenemos que aprender y a vivir: la interculturalidad”.

Podemos descubrir en sus palabras un lenguaje directo y una actitud pastoral concreta de presencia en la realidad y de asumir los problemas. El pastor que conoce a sus ovejas.

Monseñor Melani dejó en Lima textos en los cuales, dice el inspector salesiano del Perú al morir que “transcribió de su puño y letra para que puedan contemplar, a través de ellos, el hermoso regalo que el Tata Dios nos hizo en este muy querido hermano”.

Ellos nos servirán a nosotros para conocer a este pastor que quiso responder a la voz del Papa Francisco cuando emprendió, a los 81 años el camino a misionar en la Amazonia así como había hecho desde su joven sacerdocio al venir a trabajar entre nosotros. En octubre de 2019, al celebrarse el mes de las misiones en recuerdo del centenario de la encíclica “Maximum illud” y los 150 años de la llegada de los primeros salesianos a la Argentina enviados por Don Bosco para cumplir con uno de sus sueños, monseñor Melani concretó también uno de los suyos.

EL BICHITO DE LA MISION

Otro de los escritos de este obispo que hizo público el Inspector Salesiano de Perú es aquel en el cual él detalla sus disposiciones para el encuentro de Dios y lo titula, con el típico humor de los hijos de Don Bosco “Marcelo, que la muerte te agarre vivo”.

Allí leemos: “varias veces he pensado en mí encuentro con el Señor de la Vida, con el Pobre por excelencia. Toda la vida traté de seguirlo aunque mi “burguesismo” me lo impidió muchas veces. Por eso me permito pedir a mis hermanos que me dejan compartir al menos, la pobreza de tantos hermanos que he acompañado en mis años de ministerio. Pido entonces usar un cajón como el que los municipios dan gratuitamente a los pobres… que me sepulten en tierra allí donde el Señor me llame… espero que quieran cumplir con estos deseos y destinar eventuales ofrendas para ayudar a una familia a tener una casita digna… agradezco de corazón a los que quieran tener en cuenta estos deseos”. Lo había escrito en Viedma en 1995 y lo confirmó en Pucallpa lugar donde en Perú estaba viviendo.

Oraba así: “Enseñame a envejecer, aceptar que pasó mi tiempo, a vivir con dignidad este momento… a no amargarse si no me precisan más y se dejan de lado… a dejar el carril de proyecto, decisiones, realizaciones y recorrer el del consejo, la escucha, el aliento, la oración… perdonase porque por fin estoy descubriendo cuánto me has amado…