La tristeza de no saber de dios (Padre Hugo Segovia)

Al hacerse cargo del arzobispo de Nueva York, el nuevo pastor elegido por León XIV tuvo ocasión de mencionar estrofas de una canción que con frecuencia se utiliza en las ceremonias religiosas.

La figura de este pastor viene a ser una imagen del estilo del nuevo Papa León XIV que, sin duda responde a los lineamientos del nuevo sucesor de San Pedro como obispo de la ciudad eterna.

Preparando la columna que tengo preparada para comenzar el tiempo de Cuaresma, esta canción además de estar en el lenguaje de un pastor de una de las circunscripciones eclesiásticas más grandes y más significativas del mundo nos presenta los riesgos más sobresalientes de la vida de los cristianos.

A ello se agrega, sobre todo en estos tiempos complejos que estamos vivienda una actitud pastoral muy conectada con esos tiempos.

Sabemos que el pueblo cristiano se expresa de muchas maneras, una de ellas el canto que puede ser la expresión de las inquietudes y el talante de las comunidades de acuerdo con aquella clásica expresión de otros que bien podrían ser exponente de los tiempos que vivimos, San Agustín.

En una canción aparece la actitud del creyente que trata de vivir la vida nueva que le da la fe, un llamado a servir y me ha servido para comenzar las reflexiones que esta columna quiere hacer al comenzar la preparación para la Pascua.

PREPARANDO LA PASCUA

Así es como el pueblo cristiano prepara el tiempo pascual a través de la oración haciendo el esfuerzo y el trabajo de vivir las exigencias del llamado bautismal.

No está ello, todo lo contrario, a imaginar un trabajo al margen de la vida y de lo concreto que deba vivir, una fe en la historia y no al margen como muchas veces hemos caído en ello.

Lo vemos cuando se da una especie de ruptura a la relación entre la fe y la vida y las quejas de algunos cristianos que lamentan lo que suelen llamar politización de la Iglesia con lo cual están haciendo la critica a lo que es ingrediente esencial de la presencia de la Iglesia a lo largo de los siglos y, en definitiva, del mandato de Jesús, al volver al Padre después de haber cumplido con su muerte y su resurrección: predicar el Evangelio a toda la creación y en todos los tiempos.

Muchas veces la sabiduría popular nos hace tomar conciencia de ello.

Recuerdo sobre esto algo que me ayudó a entender mejor la actitud de los feligreses que sabiendo de la celebración de la misa comentaban lo molesta que estaban, al comentar la predicación que acababan de escuchar: “viste como los curas hacer política y nos desvían de nuestra vida de fe” decía una y a lo que su acompañante contestaba muy segura de los alcances de su palabra: “no te preocupes porque al cielo vamos air las de siempre”.

Lúcida imagen de lo que ocurre muchas veces en las comunidades religiosas.

INVITACIÓN A LA RENOVACIÓN

Viene el tiempo de Cuaresma y la Iglesia nos invita a una renovación de nuestra vida, no solo a nivel industrial pero no aislante sino en contacto con la realidad.

Esto puede ser el comienzo de nuestra reflexión cuaresmal y para ello me ha parecido muy significativo lo que cada domingo vemos y escuchamos cuando el Papa en el rezo del Angelus nos muestra los dolores como los gozos de la humanidad y una manera, un estilo que nos ayuda a hacer histórica nuestra fe.

El papa relator, breve en la duración, pero tan concretamente y tan amplia en su duración lo que podríamos llamar un recorrido semanal desde el Evangelio.

Volviendo al comienzo también nos queda la invitación de la carta: “llévame, Señor, hasta los hermanos allí donde haya un problema y llámame a servir”.