La Sed de las periferias

En una columna de “Ayer, hoy y siempre” manifesté mi sorpresa por haber tenido acceso a un libro escrito por un autor portugués que según los datos a mi alcance había sido llamado por el Papa Francisco a predicar los Ejercicios espirituales de Cuaresma en la Curia Romana.

Esta práctica que cada año se lleva a cabo reúne a la Curia Romana en la primera semana de Cuaresma.

Durante ella el papa suspende su actividad para entrar en lo profundo que lo ayude a vivir una Pascua nueva cada año.

He sido agradecido al tener, al menos, una lista de los sacerdotes convocados, a lo largo de los años, a esa tarea.

Lo hago desde mis años romanos y así fue descubriendo a veces, confirmando otras, figuras de expertos en espiritualidad y tal vez cuando evoco esos tiempos pienso en lo que nos pasó en un lejano 1964 cuando Pablo VI encargó a quien era nuestro obispo, Eduardo Pironio a predicar el retro de cuaresmal de ese año.

Tal como era él una figura podría decir sin temor a exagerar, inédita de nuestra Iglesia multiforme en ese retiro mostró toda esa riqueza y más que ella la compartió con los que eran sus ovejas marplatenses.

JOSE TOLENTINO MENDONCA

José Tolentino Mendonca es el nombre del autor de ese libro “Elogio de la sed”.

Nació en Portugal y fue responsable del Archivo y la Biblioteca Vaticana.

El Papa Francisco lo llamó en 2017 a predicar los Ejercicios Espirituales de Cuaresma y en esa ocasión expresó al orador: “yo no soy más que uno de tantos en el universo de cerca de cuatrocientos quince mil sacerdotes que sirven hoy a la Iglesia de Cristo en el mundo. Cuatrocientos quince mil son pocos frente a las urgentes necesidades que conlleva la evangelización. Pero al mismo tiempo, representa una multitud impresionante, un caudal de vidas, historias, rostros, esperanzas, sufrimiento, fatigas y ser experimentadas por el Reino de dios. El mero hecho de ser uno de tantos aquí ante vos, Padre Santo, ante los eminentísimos cardenales y los excelentísimos obispos y sacerdotes y sus fieles colaboradores me hace sentir que, de algún modo, represento a todos esos hermanos en el sacerdocio. También por eso, agradezco Vuestra invitación con sencillez y humildad”.

En estas palabras podemos encontrar el espíritu de un autor que es un pastor y muy del estilo Bergogliano su servicio con significativas palabras: “recurriendo a la sabiduría del Evangelio como a su preparación teológica, a su inspiración poética y a su experiencia pastoral nos llevó a reflexionar sobre uno de los desafíos más urgentes para la Iglesia de hoy: volver a poner la sed de Jesús en el mismo centro del cristianismo. Apreciamos en particular sus sugestivas referencias a la sed de humanidad semejante a la que manifestó Jesús en la Cruz”.

Fuer una etapa previa a su incorporación al Colegio Cardenalicio y a su trabajo, desde el dicasterio de la Cultura donde sucedió a otra eminente figura de la cultura como el Cardenal Ravasi.

Confieso que quedé deslumbrado al conocer a este hombre de la Iglesia actual no solo por la profundidad de sus reflexiones sino también por la elegancia de su estilo y por su conocimiento de los temas y los cultores del pensamiento no solo históricos sino también actuales.

Un texto que podemos encontrar en la edición española de “Elogio de la sed” no da oportunidad de valorar este aporte singular: “no es fácil reconocer que tiene sed porque la sed es un dolor que descubrimos poco a poco dentro de nosotros, por detrás de nuestro relatos defensivos, asépticos o idealizados: es un dolor antiguo que, sin apena darnos cuenta, descubrimos como se ha reavivado y tenemos que nos debilite; son heridas que nos cuesta afrontar y más aún, aceptar confiadamente”.