La Pascua Riojana es la alegría del pueblo.
Con este inspirado lema estamos celebrando el cincuentenario de aquellos días de 1976 que nos hicieron comprobar que esa opción que la Iglesia había formulado, no solo en un lema sino si no en la hondura de una realidad pastoral.
Esa Pascua Riojana que, en medio del dolor profundo que causaron los hechos que la causaron nos dan ahora, cincuenta años de camino andado la convicción de aquello que el mártir obispo había expresado cuando decía que “el pan en el horno florece, es para todos, amigos. Y nadie se siente más hombre, la vida se vive en el pueblo”.
Enrique Angelelli llegó a La Rioja como su tercer obispo (desde 1935, elección de la diócesis con su primer obispo monseñor Froilán Fererreyra Reinfé a quien sucedió monseñor Horacio Gómez Davila hasta que el 1969 fue el elegido) el mismo día que se iniciaba en Bogotá la conferencia episcopal que dejaría en el documento de Medellín el camino de la Iglesia en el continente iluminado por el Concilio Ecuménico (1962-65). Vale la pena decir que Angelelli participó en el Concilio como nuevo obispo auxiliar de Córdoba donde trabajó hasta el momento de su elección en la diócesis de La Rioja.
Era un obispo joven, se había formado en su Córdoba natal donde cumplió las funciones de obispo auxiliar y nunca dejó en el olvido su carisma de asesor de la J.O.C. y se destacó por su riguroso episcopado que se recuerda por su intervención en aquella Córdoba de 1969 y de lo que se conoce como “el Cordobazo”.
CAYADO, PUEBLO Y MISION
No puedo pasar por alto dos imágenes que vienen a mi memoria en esta conmemoración, la primera viene de los años de mi formación romana y me lo hacen ver, recordado por el peluquero que cuando le decía que era argentino me traía enseguida el recuerdo de un Angelelli estudiante. La otra es la que viene del domingo anterior al comienzo del Concilio Vaticano y en ella lo vemos al obispo, junto con otros colegas, en la procesión que se organizó días antes del comienzo y que presidió el papa Juan XXIII que habló con esa sencillez que lo caracterizaba y decía que no era cierto lo que se decía en Roma cuando se comentaba que el Papa no comía ni dormía preocupado por el comienzo del evento “yo comí y duermo tranquilo porque el Señor es quien me guía”. Esto hacia ver a un Papa sumamente sencillo y cercano y esto hizo que Angelelli que estaba cerca mío se sintiera tan contento y feliz de estar allí.
Creo que son pequeños detalles pero que dibujan sacerdotalmente la personalidad de Angelelli.
De todas maneras, ahora lo estamos recordando al cumplirse los 50 años de su martirio y estos recuerdos vienen a mostrar distintos aspectos de su personalidad.
Esto, releyendo sus poemas que han sido editados (“Encuentro y mensaje”) y que le hacen decir al recopilador: “si analizamos con detención sus mensajes, su predicación, su conversación descubrimos que tenía alma de poeta, de hablar fresco y ameno, profundo y sentido personal y nacido de la vida”.
IDENTIDICADO CON LA RIOJA
Así leemos también que la poesía fue para él una necesidad, un suspiro de su espíritu siempre inquieto, un medio para decirse a sí mismo en sus secretos, y dar rienda suelta a sentimientos que no alcanzaba a comunicar a los demás como cuando dice “la copla no quiere palabras, es un trenzado de lo que uno siente”.
La diócesis de La Rioja ha estado trabajando sobre todo esto uniendo su figura a la de los Padres Murias, Longeville y el laico Pedernera que compartimos con el obispo este martirio y que ahora siguen acompañando e inesperado dado un trabajo pastoral.
De esto a sido ejemplo la misa que celebró el 17 de Julio en la Catedral de La Rioja el Cardenal Angel Rossi, arzobispo de Córdoba cuya homilía caló en lo profundo la figura del obispo junto con la de sus compañeros.
Una homilía para tener presente esa figura y ese testimonio para hoy que tanto tiene que ver con lo que el obispo mártir decía aquella tarde del 24 de agosto de 1968 (al mismo tiempo que Pablo VI clausuraba en Bogotá el Congreso Eucarístico a inauguraba la Conferencia Episcopal de Medellín): “les ha llegado un hombre de tierra adentro que se quiere identificar y comprometerse con ustedes, que quiere ser un riojano más”.
Un riojano que tuvo un oído en el corazón del misterio pascual y el otro en el corazón del pueblo que debe protagonista”.










