Padre Hugo Segovia
“Un hijo Dios sobre tu brazo fuerte, la humanidad te mira siempre así, y al Salvador salvaste de la muerte, Herodes rey no pudo contra ti”.
Llegamos a la mitad de agosto y es como si sintiéramos que los días se alargan mientras celebramos la gran fiesta de la Asunción de la Virgen.
Este año declarado Mariano, iba a ser el de la realización del cuarto Congreso que debió postergarse debido a la pandemia que nos azota.
También es el año del centenario del nacimiento del cardenal Pironio algunas de cuyas plegarias a la Virgen fueron alimento del pueblo cristiano y han sido recogidas en un hermoso folleto (cardenal Pironio, “Oraciones a la Virgen”, Pan y trabajo, Buenos Aires, 1980, 33 p.).
De ellas, que no son más que una expresión de la profunda “marianidad” del autor, recogemos algo que nos puede iluminar en estos tiempos difíciles; “en las dos puntas de nuestro camino/ tus dos palabras; fiat y magnificat/ aprendamos que la vida siempre/es “Si” y muchas gracias”.
Todo un trabajo de la teología se ha ido experimentando en los últimos años particularmente desde el Concilio en el cual se trata el papel de la Virgen en la Iglesia. En un histórico debate que tuvo en cuenta todos los aspectos entre los cuales, y de modo especial, el ecuménico.
CAMINAR HACIA LA UNIDAD
Ahora mismo, y como lo comentábamos el 4 de junio, en la telenovela brasileña “Jesús” se da una representación de María sumamente respetuosa por más que podamos objetar algunos aspectos, y además, porque no queremos ser una Iglesia que está señalando siempre con el dedo, como tan a menudo lo dice el papa Francisco.
Se pone el centro aquí en su disponibilidad y el acompañamiento servicial que muy oportunamente podemos relacionar con la oviedad de nuestros pueblos que acuden a ella en búsqueda de consuelo y ayuda tal como se desprende de la imagen que en el Evangelio se nos brinda.
Pasajes que muchas veces le cuesta acertar a los evangélicos. Tenemos experiencia de ello y no podemos olvidar que uno de los grandes teólogos reformados, OscarCullman, nos dictó un ciclo sobre el capítulo 2º de San Juan que ocupa el lugar preferencial en nuestra formación, más por qué se dio en la facultad Valdense de Roma. Precisamente en la encíclica que comentábamos la semana pasada, Juan Pablo II no escapa al tema cuando en la cuarta parte del documento habla de los argumentos a profundizar, entre los cuales el Mariano, para llegar a la unidad de las iglesias.
PARA NUESTRO TIEMPO
Uno de los obispos auxiliares de Comodoro Rivadavia, monseñor Roberto Alvarez, ha escrito una impactante página que bien podría ser motivo de un dialogo sincero con el movimiento feminista, tan poco dispuesto cuando no negado a ello.
Después de describir su experiencia pastoral afirma que “en mucho lo que hay que reparar, enorme la tarea para acercarnos a sus universos, porque ha sido inmensa nuestra complicidad e indiferencia hasta hacer aparecer que fueron mundos diversos”… en definitiva, solo se nos pide que nos limitemos a hacer posible que toda mujer haga, diga, se perciba y construya como María sin tener referencia de varón alguna a la hora de decidir su destino, sin pedir permiso para planificar los meses de su vida, irse de viaje con suficiente coraje y lucidez para gritar que cree en un Dios que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, con el aguante para estar al lado de un ajusticiado cuando todos los amigos varones habían huido, con la generosidad, mansedumbre y misericordia para juntar alrededor de una mesa a los mismos que habían dejado y traicionado a su hijo”.