La magnifica humanidad (II) (Padre Hugo Segovia)

Ya desde el nombre con que la va a conocer la encíclica del Papa León XIV ejerce un indudable atractivo sobre los lectores.

La “Magnifica humanistas” que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en los tiempos de la inteligencia artificial” es un documento sumamente atrayente y en muchos aspectos no está demás decir que es nuevo el enfoque y los recursos múltiples que el nuevo Papa maneja con singular habilidad. De ella podemos deducir con mayor precisión las características de lo que nos animamos a decir “un magisterio nuevo”.

No tanto sobre el tema central que es tratado con el auxilio de más de 200 citas de autores de todos los lugares como ya hemos podido encontrar en documentos del Papa Francisco (algunos hasta llamativos en la pluma de un eclesiástico) sino por el estilo cordial que no abandona en ningún momento el autor. Vale la pena mencionar esa denominación del documento a los “compañeros de camino” que me trae a la mente la controversia que en 1963 trajo el párrafo en que Juan XXIII, sin decirle, afrontaba ese riesgo que aquí el Papa asume plenamente.

“Compañeros de camino “eran entonces y ojalá lo sean también usaste atormentado tiempo los que abran los oídos y los corazones que tantos intereses subalternos han contribuido a consolidar.

Lo hacía, con otro estilo, el Papa Juan Pablo II cuando cada Pascua saludaba a los compañeros de camino.

Vienen a la mente y en este momento particular también de nuestra historia lo que decimos en el preámbulo de la Constitución Argentina.

En estas descorderadas reflexiones no vamos a entrar en los contenidos de la encíclica que sí recomendamos cordialmente a los lectores.

SIN LIMITES

Solo queremos expresar la importante estocada que la encíclica nos ha producido partiendo del estilo y de las referencias.

Podríamos decir que los documentos eclesiásticos no eran muy partidarios de citas de autores profanos y son pocos los ejemplos que podemos mencionar si es que nos referimos al magisterio pontificio y hacer también honor a los Papas recientes, sobre todo y sin duda alguna, de Francisco como lo pueden atestiguar los que han tenido la paciencia de leerlos aporten semanales de “Iglesia, ayer, hoy y siempre”.

No resistimos a la tentación de mencionar, por lo menos, a algunos de los autores que cita la encíclica. Hay uno que me remite a los años de universidad donde un profesor tan reconocido como el filósofo Eugenio Puciarelli nos hablaba de Georg Simmel, esto como referencia personal pero que no nos hace pasar por alto a otros autores y obras como dedica a obras tan conocidas como “El hombre en busca de sentido” y “El señor de los anillos”

AMPLIA LA MIRADA

No faltan Jean Rococur y la tan citada Anna Arendt, referente continuo de quienes hablan de los campos de concentración y el espacio dedicado a Víctor Frankl que no puede faltar cuando se habla de un agnosticismo en búsqueda.

Pero, más adentro todavía, por que no hablar de aquel texto de “Gaudium et Spes” que con tanta fuerza nos recuerdan que “el misterio del hombre se esclarece en el Verbo”.

La encíclica nos hace imaginar otros nombres que es lo que sentimos al conocer (2 de junio) la noticia de la primera responsable de la comunicación vaticana que había tenido cercanía con el libro de Cercas.

Pero también la encíclica da lugar a otras expresiones artísticas como el Picasso de “Guernica” y el Beethoven de la Novena Sinfonía como para que ampliaremos los alcances de nuestra mirada sin cerrarlos egoistica menté.

Lo había hecho Francisco en Estados Unidos (Merton, King, Dorothy Day) y recurre ahora también León a Mandela y a Teresa de Calcuta, pero sin hacer competencia sino cercanía y comunión con el proyecto de “una magnífica humanidad”