La casa de Jesús

Al mirar el calendario y ver que el próximo jueves es el 19 de mayo y en esa fecha la Iglesia celebra goza mente una de las veces que liturgia dedican al patriarca San José surgió la inspiración para esta semana.

Hubiera sido tal vez más adecuada la fecha de Navidad para ello, pero lo mismo y pensando en una deuda con San José que bien podría ser esta semana el tema de nuestra reflexión.

El Papa Francisco puso en evidencia la figura de San José cuando le dedicó el año 2020 y donde hizo mención, agradecida a su devoción personal.

Digo que cuando tenía un problema dejaba un papelito debajo de la imagen del santo. En este momento de descanso dejaba un papelito para que San José a quien le fue revelada la voluntad de Dios durante su descanso.

En ese momento de descanso en el Señor es cuando nos detenemos de muchas obligaciones y actividades diarias José le fue revelado la voluntad de Dios debemos despertar, levantarnos y actuar.

San José es un modelo de padre de familia porque supo superar las dificultades de la vida porque descansaba en Dios para realizar los sueños de arriesgarse y afrontar la vida.

Este San José recibió la misión más importante de su vida porque Dios descansaba en él y recibió la misión más grande de su vida en un sueño por el ser guardián del sueño de Dios, el sueño de salvar a todas las personas.

LAS AÑOS DE NAZARET

San José ocupa un lugar preferencial en el Evangelio sobre todo en la primera parte de su misión ya que la tradición está convencida que acompañó a su hijo adoptivo hasta el comienzo de su vida público lo que significa que estuvo cerca de Jesús durante la mayor parte de su vida.

El Evangelio nos da lugar para imaginar que cumplió su misión de padre durante los largos años previos a la vida pública, casi como pensando que, ya humanamente hablando, el Señor ya estaba en condición de afrontar por sí solo el gran momento de su salida por los caminos y la conclusión con la pasión y muerte donde ya serían los apóstoles los que seguirán anunciando a quien había sido su hijo adoptivo.

Preparando este homenaje al gran santo a quien la Iglesia no le retacea homenajes y tareas particularmente, y en este tiempo nuestro muy significativo (el pensamiento de que el gran devoto suyo fue el Papa León XIII) encontré muchos testimonios que me ayudaron a llevar adelante la tarea, pero me voy a detener en un hecho de nuestros tiempos que tiene a San José en un lugar muy significativo.

LA CASA DE JOSE

El arzobispo de Bahia Blanca monseñor Carlos Azpiroz Costa años atrás, ordenó como obispo auxilio de Bahía Blanca a un auxiliar.

De él recojo un hermoso testimonio “estamos aquí en la casa de San José. Si es casa del señor es porque El tomo a María y aceptó al niño que María esperaba.

Casa de San José es casa de María, casa de Jesús.

Haciendo eco de lo que vos mismo nos decías (“no hay compromiso en el mundo sin Dios, susurrándole al oído y a nuestro corazón, no hay espiritualidad sin carne”).

Estamos orando con vos, caminando con vos, compartiendo con humildad y silencio, su fidelidad total, es el custodio de María y de Jesús, el que acompaña a Belén, a la huida a Egipto, volver a Nazaret y en la búsqueda ansiosa, le quema el corazón que Jesús no esté con ellos.

Atento a la voz de Dios que le habla aun cuando duerme, siempre vigilante, esa fortaleza de ánimo, capacidad de atención y a la vez de compasión y apertura.

Providencialmente todo ello se trenza en su vida y la Iglesia te invita, te pide y te ordena te consagra para que nos enseñes a custodiarnos para que nos cuides santificándonos, que nos atiendes pastoreándonos.

Así está la casa de quien, además tiene el título de patrono de la Iglesia universal sin, por eso, desdecir de ser obrero, pedimos para vos la gracia de ser fiel y a la Iglesia como dicen las estampitas que vas a repartir como recordatorio.

Palabras que fueron dichas en el Pueblo San José de coronel Suarez, lugar natal del nuevo obispo.