Horacio Spinetto es Arquitecto, museólogo, historiador, pintor y dibujante, posee tanto una formación como un ejercicio profesional polifacético. Estuvo en Miramar disfrutando de la Bienal y dialogó con EL ARGENTINO sobre este espacio tan importante para la cultura local.
¿Cuál es tu opinión sobre la bienal de Miramar?
La Bienal Internacional de Arte de Miramar es un importante lugar de encuentro entre artistas, otros participantes y la comunidad toda. Haber llegado a la V Bienal, la primera fue en el 2013, significa que ya se ha incorporado al calendario cultural, tanto local como de todo el mundo. Y lo que es fundamental, los habitantes de Miramar ya lo han tomado como algo propio, brindando el apoyo que resulte necesario. Mucho de esto se debe a que desde un principio del proyecto estuvo al frente la pintora y gran gestora cultural Marité Svast, oriunda de Miramar y proveniente de una conocida familia encabezada por don Esteban Svast, uno de los principales hombres que construyeron en la ciudad. Hoy el Parque de la Bienal lo honra con su nombre.El gran equipo de la Comisión Organizadora, y por supuesto el municipio de General Alvadado, acompañan a Marité en esta y trabajosa labor.
¿Encontras similitudes con alguna otra bienal?
Mencionaré algunas de las Bienales de Arte Latinoamericanas. Tomando en un comienzo, como modelo a la Bienal de Venecia (fundada en 1895), que se basaba en las exposiciones internacionales del siglo XIX, las exhibiciones bianuales de arte se volvieron una tradición particular en América Latina. Aparecieron justo cuando el arte latinoamericano ya había realizado sus principales innovaciones y podía compararse (y superar) al arte moderno internacional. Las bienales latinoamericanas funcionaron no sólo como forma pedagógica de conocimiento y de apreciación del arte internacional, sino también como afirmación de la creatividad y, eventualmente, de la originalidad del arte producido «afuera» del primer mundo y del sistema de las artes.
Muchas exhibiciones de ese tipo tuvieron lugar después de la inauguración de la primera, la Bienal de São Paulo, Brasil. Otras no siguieron debido a crisis o cambios de contexto. Un ejemplo fue la Bienal Americana de Arte, organizada a comienzos de los años 60 en la ciudad de Córdoba, que terminó antes del fin de la década.
La Bienal Internacional de São Paulo (1951) fue la primera exposición bienal internacional de América y una de las tres más grandes del mundo.
La Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe (1970), en la ciudad de San Juan (Puerto Rico); la Bienal Iberoamericana de Arte (1978); la Bienal Iberoamericana de Lima, en Perú, luego de que esta ciudad fue elegida Patrimonio Universal de la Humanidad y Plaza Mayor de la cultura iberoamericana; la Bienal de La Habana (1984) que abarca artes plásticas, artesanía, arquitectura y debates críticos, y la Bienal de Artes Visuales del Mercosur (1997) tiene lugar en la ciudad de Porto Alegre, en el sur de Brasil, y es promovida por la Fundación Bienal de Artes Visuales del Mercosur y busca unir los intereses del mercado a proyectos culturales, artísticos, educacionales y sociales, son algunos de los ejemplos más conocidos.
La Bienal Internacional de Arte de Miramar es la más joven, su primera edición, como ya comentamos, fue en el 2013 y viene fomentando la pintura mural, la escultura, y en particular al mosaiquismo. Participaron artistas argentinos, de distintos países americanos, de Europa y Japón.
Según tu opinión, ¿Qué importancia tienen estos espacios culturales para una comunidad?
El espacio cultural, generado a través de los años con las obras y acciones realizadas durante las Bienales, se fue instalando en el magnífico paisaje urbano miramarense creando un interesante diálogo con la comunidad. Es clave esta relación entre habitante/ público y obra realizada, porque así se podrá conocer, y por ende querer al nuevo patrimonio que enriquece a la ciudad y la costa atlántica.
Pensando a futuro, ¿Qué cambio o que se puede agregar a la Bienal?
En el año 2023 se llevará a cabo una nueva edición de la Bienal. Además de las actividades que se han venido realizando hasta ahora, este año se agregó el interesante proyecto «Telas al viento»: Podría además pensarse en realizar reuniones de reflexión acerca del significado del muralismo y del arte público en el siglo XXI. También podrían implementarse encuentros de pintura al aire libre entre jóvenes. En Miramar vive seis meses al año, o más, el gran fotógrafo Eduardo Grossman, me encantaría que se hiciera una muestra con su obra dentro del ámbito de la Bienal.
