Tarpuy fue creado por Ignacio “Picu” Marque, quien realiza un formidable trabajo en General Alvarado y la zona, por la difusión de la agroecología, además, de producir alimentos libres de agroquímicos, de manera equilibrada y armónica con la naturaleza.
Además, acompaña emprendimientos externos, para que día a día los productos que consumimos sean más sanos y podamos también, cuidar el medioambiente.
¿Hace cuánto nació Tarpuy? ¿Por qué decidiste acercarte a la agroecología?
Tarpuy significa sembrar en quechua. Este emprendimiento nació hace 5 años, primero preparando bioinsumos para los cultivos, para que los productores dejen de usar agroquímicos y después se comenzó a utilizar esos mismos insumos en cultivos propios y a producir alimentos (hace 4 años). Yo estudié agronomía y sentía que había cosas que no me llenaban del trabajo. Había cosas que no me convencían, los venenos que su utilizan, por ejemplo. Empecé a buscar alternativas sustentables donde se busque producir alimentos sanos, seguros de consumir. Donde los trabajadores no estén en peligro de estar en contacto con los químicos, donde se busque generar alimento local. Es decir, romper con varios paradigmas y crear nuevos colectivamente. Salir del individualismo que en la producción se ve.
Entonces, se fue convirtiendo en una filosofía que trasciende la producción y va también al cuidado del medio ambiente y al cuidado de uno mismo.
¿Cuáles son las principales tareas que realizan?
Son cultivar papa, trigo, maíz, girasol (todos agroecológicos). Y por otro lado acompañar emprendimientos locales, como huertas comunitarias hasta producciones hortícolas de más escalas y producciones extensivas de otros productores. Hace un tiempo empecé a acompañar proyectos agroecológicos en la escuela Agrícola de Miramar y en la escuela Yraizoz estamos haciendo una milpa que es una manera ancestral de sembrar en Centroamérica, que en un mismo lote se siembra maíz, poroto y zapallo, y se genera biodiversidad.
¿Por qué es tan importante evitar los agroquímicos en las siembras?
Los agroquímicos generan desequilibrio en la tierra, ya que cuando se aplican empieza a decrecer la población de microorganismos de insectos, de lombrices que son vitales para que haya una tierra viva, y la tierra viva genera plantas sanas. También, contaminan el aire y perjudican a los seres vivos.
El otro problema es que los agroquímicos se lixivian, es decir viajan por debajo de la tierra y provocan contaminación del agua y eso desemboca en el mar. Por otro lado, eso hace que las tierras se vayan erosionando al no tener vida.
Desde otro punto de vista, también los químicos generan resistencia en el campo y las plantas, entonces se aumentan las dosis y se convierte en un círculo vicioso.
¿Cómo fue la experiencia, por ejemplo, de la siembra comunitaria de trigo agroecológico en la Escuela Agrícola de Miramar en agosto?
La experiencia fue muy gratificante, participaron los alumnos, vinieron del sector privado también una empresa de semillas porque les interesaba el tema. Vino también, un especialista a hablar de lo que es la microbiología del suelo, otro invitado habló de cómo influye el sol, la luna en las siembras, se llama agricultura biodinámica. Yo hable de agroecología, se trato mucho la alimentación consciente y se sembró ese módulo agroecológico. Fue super satisfactorio, de allí nos han llamado de una escuela de Necochea, otra de González Chávez. Se empezó a diseminar la semilla de la agroecología.
Otra experiencia es la milpa en la Yraizoz que es la siembra ancestral centroamericana que es sembrar maíz que crece para arriba, poroto que se enreda en el maíz y zapallo que es rastrera. Entonces se aprovecha muy bien la siembra y se genera biodiversidad. Además, con huertas comunitarias hemos hecho talleres de bio-insumos.
Empezamos a hacer canteros urbanos. Hay uno en el hospital, otro en la terminal, donde en vez de sembrar plantas para decorar, estamos utilizando aromáticas, medicinales, verduras, etc. Lo importante es que los vecinos mantienen y cuidan esos alimentos. Estamos haciendo huertas institucionales, por ejemplo, en el Centro de Protección Integral Natalia Melmann, hay un taller de huerta y yoga donde las personas que sufren violencia de género participan de los talleres, de forma terapéutica. Ese encuentro da lugar a que vayamos interiorizándonos en nosotros mismos y que vayamos sanando colectivamente, se da lugar a un intercambio de situaciones que viven las personas y el compartirlo es una manera de sentirse acompañado.
Ahora estamos por arrancar una huerta en el Centro de Salud Mental, donde vamos a armar una siembra que apunte a lo terapéutico.
¿Reciben apoyo del Municipio? ¿De qué forma?
Yo vengo trabajando con el Municipio, estoy acompañando proyectos agroecológicos desde la Secretaría de Producción de la Municipalidad y el Área de Medioambiente. Ahora vamos a hacer una compostera para el Club de Rugby de Avenida del Mar, para que todos los deportistas que concurren tengan noción del compostaje. Trabajo también muy articulado al INTA, siempre en equipo. La agroecología se construye en conjunto y generando redes.
¿Tienen próximas charlas programadas para la población? ¿Cómo se puede participar para aprender del tema?
Constantemente estamos generando encuentros, charlas y capacitaciones. No sólo yo, sino compañeras. Hay, por ejemplo: talleres de huerta inicial para quienes quieren comenzar, un taller de poda y mantenimiento de frutales, hay encuentros de campos con la siembra de papa, de quinoa, del trigo agroecológico de la escuela. Esto se difunde desde nuestro Instagram: @tarpuy.agroeco o desde el mío personal @picu.marque. Se divulga también desde la Dirección de Medioambiente y desde el boca en boca o con flyers.
¿Cuáles son sus metas a largo plazo?
Es generar que se consolide este cambio de paradigma que es la agroecología, que sepamos quién produce el alimento, cómo se produce, que nos de seguridad de consumirlo. Que podamos pasar por un campo y no tengamos que pensar si está fumigado o no. Que en las escuelas agrícolas no se fumigue más. Generar mercados locales como la “Feria Verde”, en vez de ir a un supermercado y comprar procesados o alimentos que no sabemos de donde vienen, en dicha feria están los productores ahí, tenemos contacto directo, es algo que genera confianza.
Ir instalando la agroecología desde lo privado, lo independiente, desde lo urbano, con los canteros y huertas comunitarios hasta lo rural. También, generar mayor educación en las escuelas y fomentar un mundo más justo donde podamos vivir más armónicamente con la naturaleza, con uno mismo, entre nosotros y pensar más en lo colectivo.
Algún mensaje que tengas para las personas que quieren acercarse a la agroecología.
Hay muchas personas que se están acercando, se está generando un impacto más profundo. El mensaje es que los productores busquen alternativas, que es un proceso. El cambio no es de un día para el otro, pero con un Norte a seguir se puede ir mejorando el tipo de producción y el impacto que genera tanto al medioambiente como a la comunidad, el alimento que ofrecemos. Hay que dar ese paso e ir creando ese cambio. La clave es que todos los consumidores sean conscientes: que prestemos atención en donde compramos los alimentos que consumimos. Si somos conscientes y elegimos alimentos agroecológicos y exigimos, porque es un derecho alimentarnos sanamente, muchos productores que el día de hoy no están viendo como posibilidad la agroecología, la van a empezar a ver porque va a haber más demanda de estos alimentos. Y al demandar estos alimentos no sólo estamos generando que productores se inclinen a la agroecología, sino que estamos cuidando la naturaleza y a nosotros mismos. Y generando que las próximas generaciones puedan disfrutar de los recursos.