Iluminar la realidad

Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Teníamos una costumbre de orar por los candidatos a la beatificación y canonización todos los meses. De acuerdo con la tradición de la Iglesia lo hacíamos el día de suerte.

El día 10 de enero orábamos por la beatificación de Fray Esquiú que el año 1883 había pasado de este mundo al Padre.
Uno de los turistas que formaban parte de nuestra comunidad de San Andrés era el Dr. Teodosio Pizarro, cordobés y muy relacionado con el boletín informativo de la causa del famoso orador de la Constitución.

Un 10 de enero, después de la misa, me saludó y quiso saber algo más de esa práctica parroquial.

Ello sirvió para que nos sintiéramos unidos en la admiración por ese candidato a los altares que el 5 de setiembre será beatificado en su Catamarca natal.

No resisto a la tentación de transcribir, en la columna de todos los jueves, lo que el Dr. Pizarro publicó en el citado boletín: “El Pbro. Hugo Segovia, por muchos años párroco de Miramar, promete continuar su difusión eucarística en su nueva sede en Mar del Plata. Escribe: “espero ser útil en esta tarea de promover el conocimiento de la vida, el pensamiento y la obra del querido Fran Mamerto, cuya figura cada vez vemos más iluminadora de la realidad que vivimos”.

Esto ocurría los primeros meses de 1993. No creo haber cumplido con ese propósito pero, sí, en la parroquia San Carlos continuamos orando y ahora, casi treinta años después nos alegramos por esta beatificación y pensamos cuánta falta nos hace esa luz.

PASTOR Y PEREGRINO

Llama la atención que un joven fraile franciscano haya tenido la elocuente y la profundidad que trasunta el sermón que en la iglesia motriz de Catamarca pronunciara que ahora es beatificado después de un largo período de análisis de la Congregación de las causas de los santos.

La figura de Esquiú no debe, con todo, reducirse a la importancia de su sermón ya que abarca múltiples facetas como la de escritor, periodista, educador, misionero.

De ella, y sin reducciones, podríamos recordar lo que un intelectual de la talla de Jacques Maritain escribía al llegar a sus 80 años: “mi compromiso de servir a los pobres y a la humanidad jamás lo he revocado aunque para llevarlo a cabo hay utilizado formas imprevistas y haya servido todo para honrar a Dios”.

Es importante la coincidencia de esta beatificación con la conmemoración de los cuarenta años de la publicación de uno de los documentos más importantes del episcopado argentino, “Iglesia y comunidad nacional”, cuando se avizoraba el retorno de la democracia interrumpida en 1976 y un año antes de la tragedia de la guerra de Malvinas.

En él sobrevuela la figura de Esquiú por su apoyo a la sanción de la Constitución que promovió la organización nacional bajo el signo de la unión de la religión con la libertad política establecida en Santa Fe en 1853.

También es de valorar que el Papa Francisco haya delegado al cardenal Luis H. Villalba, arzobispo emérito de Tucumán, para presidir la beatificación teniendo en cuenta que estudió en la Universidad Gregoriana la carrera de Historia de la Iglesia.

TODO ES DE LA PATRIA

También recordamos el vigésimo aniversario del fallecimiento del obispo de Quilmes, ocurrido también un 9 de Julio. “El dolor de mi pueblo me convirtió en pastor” fue el lema de la recordación.

El arzobispo de Mendoza, formado durante el episcopado de monseñor Novak, decía allí: “cuando recién abría la curia (septiembre de 1976) el ahora siervo de Dios recibía a los familiares de desaparecidos que iban a verlo con dolor y pedían su intervención. Todos se encontraban con alguien que los escuchaba, los comprendía y les daba razones para seguir esperando. Transmitía una esperanza habitada por Dios”.

Monseñor Colombo agregaba: “en muchas oportunidades he sentido su presencia misteriosa, me sentí iluminada y así me conecta con el pasado, con el presente y el futuro”.

Recordemos que también Novak era un experto en historia de la Iglesia.

Vienen a resonar las palabras del beato de la Constitución, aquel 9 de julio de 1853, que no han perdido actualidad: “¡República Argentina! ¡Noble patria! ¡Cuantos años has gemido en el destierro y te ha dominado la anarquía y el despotismo! ¡Cuántas ruinas, cuántos escombros ocupan tu sagrado suelo!. Todos tus hijos te consagramos nuestros sudores y nuestras manos. No descansarás hasta que te veamos en posesión de tus deberes, rebozando orden, vida y prosperidad.

Regaremos y cuidaremos el árbol sagrado hasta su entero desarrollo y entonces, sentados a su sombra, veremos sus frutos. Los hombres, las cosas, el tiempo: todo es la patria”.