Hilda siempre Hilda

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Nacida casi al tiempo mismo del surgimiento de lo que sería uno de los fenómenos del siglo, la radio a quien ahora despedimos ha venido a ser una figura de importante relieve, referente del radioteatro, la telenovela, un poco más abajo el teatro y el cine al que aportó la dignidad de su figura, su physique du rol y, si me lo permiten, su perfecta dicción, la de cualquiera de sus intervenciones.

Comenzada su actuación bajo la dirección de Armando S. Discípulo creo oír su fresca voz veinteañera ya desde la Radio El Mundo de los años 40 que junto a muchas emisiones era una voz de los sentimientos de la gente cada una con su respectivo carisma. La voz de la Tv. Pública de ahora que va y viene continuamente a través de las provincias y como portavoz también de las realidades de cada una.

En Radio El Mundo, la de Maipú 555, la voz de Hilda Bernard era como un ramal de expresión.
¡Cuantas veces, sin llegar a la uniformidad siempre peligrosa esa voz vendría a ser el modelo de lo que queremos o nos hace falta poner en palabras!

UNA MALA MUY QUERIDA

Desde aquel teatro Palmolive del Aire de cada día a las 16.30 y junto a Oscar Casco, Eduardo Rudy y Fernando Siro fue en los -y precios a – fue la hora intocable de miles y miles de casas que lo respetaban como algo perteneciente a la identidad misma.

Sin olvidar a que por ese mismo tiempo también Hilda Bernard era parte importante de otras voces inconfundibles como las de Celia Juárez, Nidia Reinal, Elsa Piuselli eran las dueñas de lo que se llamó “rating” en ese tiempo en que la TV disputaba a la TV naciente su primacía de las tardes y las noches. Todavía las “maldades” de Escobar no solo atormentaban a Alicia Bruzzo (su hija) sino a miles de oyentes que lo vivían al toque.

Fernando Siro e Hilda Bernard fueron “esos que dicen amarse” de la mano infalible de Alberto Migré, otro de los inmortales de esos tiempos.
Andrea del Boca fue su “victima” preferida allá por los 90 ni que hablar de la pandilla de “Chiquititas” que dio como concluida su existencia del siglo en el mundo de las malvadas.

LLAMADA A LA CREATIVIDAD

Todo ello no la monopolizó y su voz, pocas tan estrictas y a la vez tan versátiles, no se identificaría con las personalidades interpretadas sino que son fuente permanente de inspiración y creatividad en un mundo, el de los medios, en el que la distinción y el señorío de Hilda Bernard hacían valer, sin privilegios ni pretensiones, años largos de presencia y disciplina a los que el amor y el peso cotidiano aportaban siempre las características de los que no pasan por la tierra sin dejarla impregnada de su genio.

Por eso, la despedida es un propósito de recurrir con frecuencia a Hilda, siempre Hilda sin copiarla ni repetirla.