Hijos y hermanos

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

Todos los papas, desde Pablo VI a Francisco, han llegado a la sede de la O.N.U. en Nueva York.

En medio del Concilio el 4 de Octubre de 1965, Pablo VI viajó en forma relámpago causando el asombro del mundo entero. Quiso ser como un embajador del Concilio que se estaba desarrollando en Roma en sus últimos tramos, su discurso asombró por la claridad y firmeza en condenar la guerra con un grito que lamentablemente no se tradujo en los hechos: “¿nunca más la guerra?”. Lo dijo en francés y hasta insinuó que no podía estar China lejos de la O.N.U.

Volvió al día siguiente a Roma y desde el aeropuerto se dirigió al aula conciliar donde fue recibido por los 2500 obispos, allí sesionando, uno de los cuales el cardenal francés Lienart, propuso que el discurso en Nueva York pasase a formar parte de las actas del Concilio.

Treinta años después Juan Pablo II estuvo en la O.N.U. el 5 de octubre de 1995; Benedicto XVI lo hizo el 19 de abril de 2008 y Francisco el 25 de septiembre de 2015 donde hizo resonar los acentos de nuestro Martin Fierro tal como lo decíamos en esta columna del 5 de noviembre.

Este año la O.N.U., junto con el fin de la Segunda Guerra Mundial, llega a su 75º aniversario en un mensaje grabado el 15 de septiembre participará también de ese aniversario ante los representantes de 193 países miembros del O.N.U.

Sin duda que el discurso estuvo motivado, además de la celebración aniversario, por la crisis socio sanitaria que ha sumido al mundo entero en una desafiante encrucijada.

EL VERDADERO PROTAGONISMO
Al mismo tiempo algunos vaticanistas han hablado de un oscurecimiento del protagonismo del Papa Francisco causado por la imposibilidad de los viajes que lo han llevado a muchos lugares del mundo (en 32 oportunidades a 42 países de cuatro continentes) con una notoria preponderancia de las periferias que son como el latiguillo incesante en más de 7 años de pontificado y que, además, lo han llevado a hablar audazmente de “la periferia en el centro”.

No podemos compartir esa opinión pues nos viene enseguida a la mente lo que aquí mismo comentábamos semanas atrás al hablar de nuestro obispo que había dicho “estamos más comprometidos que nunca pese a las dificultades, las crisis y los miedos”. La irrupción del coronavirus ha provocado una actitud de salida tal cual la ha promovido la palabra y los gestos del Papa Francisco. A propósito en Semana Santa la revista española “Vida Nueva” publicó un impactante texto del papa que es toda una definición: “Un plan para resucitar” sobre el cual será necesario volver.

Esto, según los expertos, supone “menos reflectores, atención mediática, visibilidad y protagonismo” pero también hace suponer que se cataloga al pontificado desde un ángulo más relacionado con el mundo del espectáculo que con lo que es la evangelización y, sita ocasionalmente, con los criterios franciscanos sobre la misión de la Iglesia.

Ponen también el acento sobre la crisis que ha provocado un 70 % menos de visitantes a los museos vaticanos con la incidencia económica que ello implica.

Podemos, con todo, recurrir a la ayuda material y en lo que respecta respiradores y ecógrafos a tan diversos lugares así como lo que también mencionábamos en la columna del 23 de julio recordando lo que el cardenal a cargo de la Limosnería Apostólica que recorre sin descanso las calles de Roma en permanencia contacto con lo más desprotegido de la sociedad.

APRENDER Y DESAPRENDER
No podemos negar la importancia de todos estos factores pero estamos seguros de que, directa o indirectamente, proceden de una visión por lo menos reducida de lo que de la misión evangelizadora sin dejar tampoco en el silencio las tensiones, a veces destituyentes, que se dan en el seno mismo de la Iglesia.

Esta presencia suya en la O.N.U. y la audacia de sus afirmaciones ( “de una crisis se sale mejor o peor. Depende de nosotros. No podemos, en el orden mundial y local, repetir los mismos modelos socioeconómicos de antes ni tampoco ajustarlos o barnizarlos un poco. Eso sería peor”) y conste que el 20 de diciembre el papa recibió esta invitación y creemos también que entonces se gravo este video en el que se priorizaba el fin de la carrera armamentista y el rearme nuclear además de las crisis de las economías por las deudas.

Como vamos, antes de la pandemia ya hablaban de estos temas y ello es un signo evidente de una Iglesia que no está anclada sino que “desaprende muchos caminos y aprende otros nuevos”.

Todavía más tenemos y que viene a reforzar nuestra esperanza: el 4 de octubre, fecha emblemática del año litúrgico si es que las hay, el papa Francisco firmara en Asís su primer encíclica.

“Fratellituitti” tomado, como la encíclica sobre la ecología integral del himno de Francisco, el hermano universal y marcara también y no solo cronológicamente lo desandado y lo por andar de una Iglesia que no quiere ser solo “transeúnte de la existencia” como lo pidiera el mismo Francisco.