Por: Lic. Alicia Digón
¿Hay maneras de poder neutralizar las formas violentas y modos de conducirse ante una oleada de manejar emociones que nos embargan ante algo que consideramos injusto o faltas de respeto?
La respuesta es sí, y también tenemos que decir que todo tipo de conducta necesita cierto entrenamiento.
Uno de los métodos utilizados más a menudo consiste en neutralizar las emociones perturbadoras con ayuda de antídotos específicos.
En efecto dos procesos mentales diametralmente opuestos no pueden sobrevenir de manera simultánea. Se puede oscilar rápidamente entre el amor y el odio, pero no se puede sentir en el mismo instante de conciencia el deseo de hacer mal a alguien y el de hacerle el bien.
Decía el filósofo Alain, “Un movimiento excluye al otro : si tiendes amablemente la mano, eso excluye el puñetazo” Si entrenamos el espíritu en el amor altruista, se elimina poco a poco el odio ya que esos dos estados de ánimo pueden alternarse pero no coexistir.
Antídotos. Ellos son al psiquismo lo que los anticuerpos al organismo. No olvidemos “el amor altruista” actúa como un antídoto contra el odio.
Es necesario ejercitarlo y tratar, como si de caminar todos los días se tratara de automanejarse frente al instinto de muerte que funciona por debajo en todos los seres humanos y tal cual un viraje en un automóvil en peligro, pensar antes de responder y en caso que se pueda tratar de neutralizar mediante el silencios la oleada de calor odiante que sentimos cuando vamos a responder de manera intempestiva y con agresiones que en última instancia a quien más perjudican es a quien las opera, porque luego sobrevienen sentimientos de vacío, de culta y de autoflagelación.
Inconscientes en la mayoría de las veces pero reales y que luego nos conducen a algo que bien conocemos la mayoría de los seres. La culpa.
Si diariamente nos tomamos un tiempo para ejercitar el amor altruista veremos con sorpresa cómo menguará el deseo de hacer daño para que, lenta e insidiosamente, desaparecerá dejándonos un resto que a la larga será una conducta más sana para el sí mismo de cada uno.
Ejercitar, tal como ejercitamos algo que nos hace desaparecer un dolor, una molestia en el cuerpo. Las conductas también necesitan de ejercicio diario.
Un ejercicio que podemos poner en práctica es enfrentarnos a las emociones perturbadoras sabiendo que si insistimos nuestros órganos, en especial el intestino se nos dañará severamente. Por tanto una respiración profunda a tiempo un poner la mente en blanco unos segundos, nos ralentará la reacción inmediata que nunca es aconsejable.
Hay un mecanismo poco conocido y que da resultados al momento de una agresión del medio ambiente y es la “disociación”.
Se trata de disociarnos mentalmente de la emoción que nos aflige y hacer o pensar en algo opuesto a la ofuscación instantánea.
Cuando somos víctimas de un acceso de cólera , ésta es omnipresente en nuestro espíritu y deja poco espacio para otros sentimientos tal como la paciencia o la consideración de las razones que podrían calmar nuestro descontento.
Sin embargo el espíritu, parece mentira, pero tiene una reserva siempre y es capaz de examinar rápidamente lo que ocurre en él.
Recordemos siempre esto para entrenarnos: el espíritu aún en momentos de reacciones rápidas difíciles, aún ahí, sigue siendo capaz de examinar lo que ocurre en él.
Salvo conductas muy desviadas de agresión y falta de templanza no puede resolverse y ejercitar respuestas pasivas ya que “siempre” tenemos una reserva de apaciguamiento cuando se dice “no”, no reacciones, esperá.
Comprender esto, ejercitarlo, nos permitirá tomar distancia, y dar a la cólera el espacio suficiente para que se disuelva por sí misma.
A practicar amigos, la paciencia y las buenas maneras se practican. Cuando vemos a alguien encolerizado no tratemos de calmarle, tratemos de no responder del mismo modo, y si debemos pedir ayuda hagámoslo, nunca una respuesta violenta va a calmar a ese otro que se cree en posesión de una verdad y tampoco tratar de disuadirlo, cuidarse es cuidar y amar al otro.
La manada tiene un yo que no le pertenece porque es una conjunción de emociones que se enfrentan a un enemigo interno y no a quien tiene frente a sí.
Hasta la próxima y agradezco los llamados desde la ciudad de la paz, como le llamo yo a esta querida Miramar.
Practiquemos, gente violenta a diario, en este momento confuso, no falta.
Un abrazo y muchas gracias por los llamados desde allí.
Pasaré mi próxima mayoría de edad con ustedes lo prometo.