En aquellos primeros días del Papa Francisco nos sentíamos sorprendidos por el hecho en sí al cual muy pocos se habían atrevido en esa lucha por llamarla así que daba por resultado nada menos que un Papa.
Estábamos atentos y había que estar muy pendientes de sus palabras y sus gestos que por cierto eran muy propios, no coincidentes la mayoría de las veces con la imagen que teníamos de ser mejor de semejante personaje y de la repercusión que tenían para creyentes y no creyentes.
Podríamos hacer una encuesta y preguntarnos cual era lo más significativo de este hombre venido de lejos.
Trabajo, además, sumamente arduo porque era un Papa distinto, con un lenguaje que sabía escapar de las clásicas fórmulas a las que lo obligaba el protocolo.
Tarea que, sin embargo, sería interesante llevarnos a un análisis más a fondo de aquello que también era una sorpresa muy grande no solo por la rapidez a lo que el colegio cardenalicio rindió culto sino también por lo sorprendente del resultado.
No figuraba en esos días, en la lista de los llamados “papables” y era también el tercero de la lista de los elegidos de los últimos siglos que no era italiano.
Vendrían además de Juan Pablo II, los dos que lo sucedería, el alemán Benedicto XVI y este venido de lejos, el argentino.
Ahora el sucesor León XIV que está cumpliendo el primer año también suscita curiosidad y para decirlo sinceramente, y un interés que no podemos negar pero que también debemos lamentar porque no hay una información amplia y objetiva de esa tarea que podemos calificar, sin temor a equivocarnos, agotadora.
Me imaginaba una tarea esto de encontrar un gesto o unas palabras que puedan definir una tarea sin duda muy difícil, sobre todo si tenemos una semana para hacerlo.
LA GLOBALIZACION DE LA INDEFERENCIA
Francisco que iba a asombrar por la cantidad de viajes pastorales comenzó por ese que hizo a la isla de Lampedusa, casi me parece una síntesis de doce años de pontificado.
Allí volvió León: es una isla puente entre Africa y Europa, así como Francisco se sintió llamado a hacerlo en 2013.
Allí, siguiendo el lenguaje de su antecesor (“los muertos en este mar son victimas a la vez de las decisiones tomadas u omitidas. El desinterés por el bien común y la corrupción en los lugares de procedencia, un sistema económico mundial que origina pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y desprecio, el pensamiento de que los problemas ni nos competen, los cálculos criminales de quien lucra a costa del drama de los otros, el paso lento y difícil de una gestión de las emergencias a la colaboración de las políticas orgánicas y compartidas, todo esto produce el apresurado paso de largo del relato evangélico el Papa León XIV viajo a Lampedusa.
Allí no se puede negar que muchos han muerto, 26 mil, sin poder acceder al intento y es de notar que el mismo día de la gran celebración de los 250 años de la independencia de su país y siempre con la imagen y las palabras de Francisco sobre todo aquellas que hablaban de la globalización de la indiferencia.
PARA HOY Y PARA MAÑANA
Sus palabras expresan que sentido tenía su presencia allí; “no he venido a pronunciar discursos sino a celebrar la Eucarística, el signo supremo de la presencia de Cristo en medio de ustedes. Sí, en este lugar donde las acciones tienen más valor que las palabras. Sin embargo, para que las acciones sean de veras humanas requieren un corazón y es por eso que nos hemos reunido aquí para recibir de Cristo el amor que solo El puede darnos a fin de que el mundo de hoy y de mañana sea más humano para todos”.
Habló León de la civilización del amor propuesto por Francisco y por él en su reciente encíclica y así interpeló a Europa para que vea, desde ese amor el fenómeno inmigratorio: “tanto por ese aspecto como por todo lo que significa acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes a y la vez trabajar por el desarrollo de manera que nadie tenga obligación de emigrar.
Que hermosa es que la Virgen de Portosalvo, patrona de Lampedusa, le inspire al Papa citar a San Agustín que describía a “la vida humana como una navegación en mares tempestuosos pero que “no debemos dejarnos vencer por el miedo y que veamos las dificultades como una oportunidad y un testimonio”.










