Padre Hugo Segovia
Me había iluminado con el anuncio de que Virginia Lago y HectorGiovine iban a presentar en ese significativo espacio de “El séptimo fuego” de Mar del Plata una obra musical sobre el bagaje incomparable de esa emblemática mujer de cuya muerte se están recordando los diez años, María Elena Walsh.
Me ha llamado siempre la atención que, nada menos que Juan Ramón Jiménez, había puesto un ojo en una desconocida jovencita de 18 años como después todas las facetas de una personalidad que todo lo que tocó lo transformó en poesía, narrativa, música, varieté, periodismo, ensayo y en todo dejó su impronta de originalidad y, sin usar nunca en la agresividad, denunció con agentes proféticos hábitos enquistados corriendo el consiguiente riesgo de la sospecha y la prohibición.
Particularmente inspirado su mensaje, libre de toda solemnidad y ampulosidad que abrió caminos en el plano educativo muchas veces condenado a esquemas que terminan ahogándolo.
Debo también decir la tristeza que me causó el levantamiento del espectáculo por el problema de los horarios en esta obra en pandemia que estamos atravesando.
Quiso titular la columna con las mismas palabras de la obra y con ello asociar también a Virginia a este homenaje.
PARA SALVAR AL FUTURO
El famoso teólogo Charles Moeller es autor de “Literatura del Siglo XX y cristianismo”. Allí ha rastreado el pensamiento de los más famosos escritores del siglo, lejos de toda apologética y mostrando cómo cuanto más humano no se ha hecho, y mucho por influencia de esos autores, más se ha encontrado con Dios.
Si Moeller hubiera conocido el enorme legado de María Elena podría decir aun con mayor énfasis esas palabras.
De la religiosidad de ella no se ha hablado pero, de todos modos, ha sido respetuosa y no ha exhibido críticas que pudieran manifestar resentimientos con su educación.
Ha sido consecuente con que la tradición no debe ser conservadora de cenizas sino salvaguardar del futuro.
Me encuentro con un poema (1951) en que se la ve como buscando otras luces que las de la neón y que, en este aniversario, me atrevo a compartir: “ qué harán de mí, el amor, el sufrimiento, los días, las pasiones de la tierra? ¿ a qué ganada paz subir intento/ con tanta desesperación y guerra?/ Solo sé que una duda me destierra/ de mi perdida eternidad y siento/que es Dios este llorando descontento/¿Qué harán de mi la súplica y el canto/el corazón enceguecido y tanto/color de muerte y sed que no termina/Mi razón a otras luces encomienda/que se deslumbren en lo que no entiendo/Pablo, Agustín, Teresa, Catalina”.
EL TESTIMONIO DE LA VIDA
Este recurso a Teresa de Jesús y a Catalina de Siena me lleva a incorporarla al elenco de las doctoras porque ella es digna de él por su sabiduría, su humildad, su valentía, por aquello de que “si por delicadeza perdí mi vida/ quiero ganar la tuya por decidida/ porque el silencio es cruel, peligroso el viaje/ yo te doy mi canción, tú me das coraje”.
Empezaba mencionando la alegría que me había causado el anuncio del musical dedicado a María Elena. Termino con la tristeza por el levantamiento del mismo, víctima también él del momento por el cual estamos pasando.
Quise respetar, en pequeña medida, este hecho titulando la columna de la misma manera y asociarla a la figura de Virginia Lago ya que no puedo olvidar que en 1999 ella fue elegida para hablar en el Encuentro de la Iglesia con el mundo del Teatro.
Recuerdo que en el Teatro Colón estuvo María Elena en sus palabras. El equipo organizador la tuvo en cuenta por unanimidad al organizar el acto y la amplia sonrisa que me brindó cuando fui al teatro de la Diagonal Alberdi donde estaba actuando para invitarla y las sucesivas veces en que nos encontramos.
Figura singular la de esta mujer desde sus primeros pasos en aquella inolvidable creación de “La sentencia” dirigida por Hugo del Carril continuando por sus múltiples temporadas teatrales, muchas en Mar del Plata, en las que, solo por mencionar alguna, no puede faltar su Edith Piaf hasta esa entrañable “panadera de los poetas” que nos acercó a Lorca y Hernández sin olvidar su actuación en telenovelas así como la experiencia de las “historias del corazón”.
Siempre asociado, todo ello, al testimonio de su vida que afrontó difíciles momentos de nuestra historia, también ella honrada con la prohibición ganada por su testimonio.
Agrego al “¡gracias, María Elena!” este otro “¡gracias, Virginia!”.