Frágil entre los frágiles (Padre Hugo Segovia)

Sin duda que estamos viviendo una Pascua distinta. El protagonismo del Papa Francisco nos ha mostrado, con elocuencia, un aspecto que tal vez en circunstancias normales podría pasar desapercibido.

Acostumbrados a verlo a lo largo de las doce veces que le toco protagonizar la Pascua como obispo en Roma en todas y cada una de las ceremonias y actitudes pascuales, en todas las cuales hasta ajustarlo lo que podríamos llamarla la impronta franciscana, nos ha conmovido verlo este domingo de Pasión como uno más en la misma del jubileo de los enfermos y el mundo de la sanidad.

No queda espacio para dudar de su humildad y disponibilidad en el ejercicio de mi misión, esa que el siempre define como la de obispo de Roma sin títulos más elocuentes que muchos otros.

¿Cómo no recurrir a una expresión usual en los ámbitos eclesiásticos (“verba volant, exempla trahunt”) para iluminar esta etapa?

Estamos acostumbrados a verlo al Papa en el esplendor de su trono casi como una figura desentendida del resto de los hombres y hasta inmunizada de los demás y de las tormentas personales y comunitarias.

ESPERANZA PARA EL FUTURO

La encontramos entero en el texto de la homilía que pronunció el día 6 uno de los principales responsables del dicasterio para la evangelización, importante teólogo también, monseñor Rino Fisichella.

En esta homilía, escrita por el Papa, encontramos una emotiva explicación de los sentimientos que lo embargan: “ciertamente que la enfermedad es una de las pruebas más difíciles y duras de la vida en la que percibimos nuestra fragilidad. Ella pude llegar a hacernos sentir como el pueblo en el exilio o como la mujer del Evangelio privados de esperanza en el futuro. Pero no es así, incluso en estos momentos, Dios no nos deja solos y si nos abandonamos en El, precisamente allí donde nuestras fuerzas decaen podemos experimentar el consuelo de su presencia. Queridos y hermanos y hermanas enfermos, en este momento de mi vida comparto mucho con ustedes la experiencia de la enfermedad, de sentirnos frágiles, de depender de lo demás para muchas cosas, de tener necesidad de apoyo. No siempre es fácil, pero es una escuela en la que aprendemos cada día a amar y a dejaros amar sin pretender mi rechazar, sin lamentar mi desespera agradecidos a Dios y a los hermanos por el bien que recibimos, abandonados y confiados en lo que todavía está por venir”.

NADA SIN LA ESPERANZA

“Siento el dedo de Dios y experimento su cariñosa caricia” había escrito el Papa en el jubileo de los enfermos” “le pido a Dios que este toque de su amor llegue a los que sufren y a los que cuidan de ellos” decía su nunca olvidada Ángelus que ha seguido llegando como decíamos semanas pasadas” aunque no lo veamos”.

En esta Pascua por muchos motivos insólita este Papa que se presenta de manera totalmente cercana, nos remite a muchos aspectos del misterio de la Redención y nos traía también una expresión del Papa Pío XII cuando en 1946 después de la guerra mundial cuando convocó a un Colegio Cardenalicio diezmado y habló de la Iglesia como de un misterio y no un imperio y cuántas veces nos ha asombrado, ahora el Papa Argentino con sus palabras y son sus innumerables gestos a vivir esta Pascua que es misterio de dolor y de vida inseparablemente unidos.

Este Papa que no se presenta ante los hombres como un superhombre en medio de los esplendores cortesanos sino un alguien que vive en su cuerpo y en su alma el misterio pascual.

El me ha hecho recordar lo que escribió aquel profeta que fue Charles Péguy: “la fe es una Iglesia, una Catedral, un sanatorio que recoge todas las desgracias del mundo pero, sin la esperanza, todo eso no vendría a ser más que un cementerio”.