En todo, amar y servir

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

En los últimos días del año 2021 una de las noticias más importantes fue la elección del arzobispo de Córdoba.

No solo por la importancia de esa circunscripción eclesiástica cuya fecha de creación es 1570 y desde 1934 es arzobispo sino también porque, siguiendo la usanza del Papa Francisco, estamos abiertos a las permanentes sorpresas que nos brinda.

Sin dejar de lado el hecho de que la beatificación de Fray Mamerto Esquiu del quien monseñor Rossi ha sido elegido sucesor, agrega su cuota de interés a esta elección. También uno de los obispos auxiliares de Córdoba, en esta larga historia, ha sido beatificado por la Iglesia, monseñor Enrique Angelelli.

Monseñor Rossi será el trigésimo primer obispo de Córdoba y su quinto arzobispo, uno de los cuales, el cardenal Primatesta, lo fue durante 33 años.
Tierras que fueron recorridas por San Gabriel del Rosario Brochero que ha dejado su predicación y su trabajo iluminando el camino de manera tan profunda.

La ordenación episcopal de monseñor Rossi es un hito sumamente elocuente de esa historia tal como lo indica la participación, el 17 de diciembre pasado, tan numerosa de obispos que hicieron corona a una comunidad desbordante de alegría que recibía a su pastor que llegaba y expandía su lema de fiel jesuita; “en todo, amor y servir”.

FUERZA Y FRAGILIDAD

Monseñor Angel Rossi es cordobés, tiene 63 años y desde 1986 es sacerdote de la Compañía de Jesús. Como tal ha desempeñado distintas tareas en la docencia y la pastoral.

Es creador de la fundación “Manos abiertas” de ayuda a los pobres y vulnerables en diez lugares del país, además de Maestro de novicios y superior de la comunidad jesuítica de Córdoba.

Ha escrito numerosos libros como “Educar es difícil, posible y bello”, “Una Iglesia nueva para el nuevo milenio”, “Peregrinando con el corazón lleno de nosotros”. “Pinceladas brocherianas”, “Testigos de su belleza”, por citar algunos.

En el espacio radial a su cargo manifestó su agradecimiento pidiendo, con fuerza, que lo encomienden en la oración porque uno tiene la certeza de su propia fragilidad, pero también la garantía de la fuerza de la oración del pueblo. “Les pido que recen para estos lados”.

Nosotros que, en poco tiempo, participamos de dos ordenaciones episcopales, el 26 de agosto de 2017 la de nuestro obispo y el 27 de diciembre de 2019 la del obispo auxiliar, monseñor Darío R. Quintana tenemos experiencia de lo que significa ese momento y, por ello, a través de los medios compartimos el fervor y la intensidad de esos acontecimientos.

NI PRINCIPE NI PATRON DE ESTANCIA

También queremos compartir, desde este espacio, las palabras del nuevo pastor que nos lo muestran en su dimensión de padre, hermano y pastor como suele decir monseñor Mestre.

Son algunas de esas inspiradas palabras: “el Señor que jamás me soltó de la mano y con sus sorpresas nunca me permitió apoltronarme… hizo de mí un jesuita, es decir un hombre pecador y a pesar de ello, llamado a ser compañero de Jesús… deseos de caminar con ellos, discernir con ellos que es el mejor servicio para nuestro pueblo, fruto no del mandonearlo y mirarlo desde arriba sino de escucharlo, conocer sus cantos y escuchar silenciosamente el relato de quienes sufren y sienten que ya no pueden más y agacharnos a ellos como lo que en realidad somos o debemos ser, no príncipes ni patrones de estancia sino humildes peones, simples servidores de un pueblo que, en dignidad, siempre será más que nosotros… ese pueblo, verdadero, maestro, encarnado en todos ustedes y que, como dice Francisco fueron imprimiendo en mi alma, sonrisas, arrugas y callos que han dejado su huella en mí, reflejo de lo vivido, de lo gozado y de lo sufrido”…

La predicación es más extensa y vale la pena que, en otra columna, podemos seguir meditándola.

Pero es reconfortante escuchar, con el corazón abierto, esto que podríamos llamar perfil de un pastor que llega a su pueblo para escucharlo y compartir con él la dignidad que el bautismo otorga a todo por igual.