En medio de un mundo viejo

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

El 1º de diciembre del año pasado el papa Francisco se acercó a Greccio, un hermoso lugar de la Umbria en el cual se encuentra el Santuario del Pesebre ya que allí, en el siglo XIII, el Santo de Asís dio origen al Belén tal como nosotros lo entendemos.

Dijo el papa: “nos trasladamos con la mente a este valle del Destino donde Francisco se detuvo, probablemente viniendo de Roma donde el 29 de noviembre de 1223 había recibido del Papa Honorio III la confirmación de su Regla.

Después de su viaje a Tierra Santa aquellas grutas le recordaban, de manera especial, el paisaje de Belén. Es posible que el Poverello quedase impresionado en Roma por los mosaicos de la Basílica de Santa María la Mayor que representan el nacimiento de Jesús, justo al lado del lugar donde se conserven, según una antigua tradición, las tablas del pesebre”.

Vale la pena, junto con el papa que allí firmo la Carta Apostólica “AdmirabileSignun”, recordar que, quince días antes de Navidad, Francisco llamó a un hombre del lugar, llamado Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y contemplar, de alguna manera, con mis ojos la que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinando en el pesebre y colocando sobre heno entre el buey y el asno”.

Ese hombre preparó el lugar y el 25 de diciembre llegaron a Greccio muchos frailes así como habitantes de las granjas cercanas llevando flores y antorchas para iluminar aquello noche santa. Cuando llegó Francisco las personas mostraron frente a la escena una alegría indescriptible mostrando el vínculo entre la Encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén; fue realizado y vivido por todos los presentes”.

PARA NO DEJARNOS NUNCA SOLOS

Desde entonces, la preparación del Belén se ha constituido en una costumbre que, según el Papa, “nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales”.

Como todos los documentos del Papa esta Carta nos brinda la ocasión de vivir en este contexto nuevo y para nada imaginado de plantearnos cuestiones.

En 1843, Charles Dickens publicó su famoso relato “Canción de Navidad” que ha hecho, decir a algunos que fue el que inventó la Navidad.

Algo que dice en una carta nos da la pauta para ello: “honraré la Navidad en mi corazón y trataré de mantenerla todo el año”.
Algo que suele decir, no sin cierta liviandad: “todo el año es Navidad” pero que nos parece estaba ya en Dickens como una queja frente al espíritu verdadero de Navidad que encontramos tan desdibujado en nuestros tiempos.

En la carta de Francisco no percibimos quejas al respecto pero es imposible no referirnos a esta realidad.
Del mismo Dickens dice uno de sus biógrafos: “en todo lo que leemos de Él predomina la idea de que el verdadero cristianismo es ser como Jesús”.

Los datos de la encuesta del CONICET nos llamaron la atención sobre el descenso del número de católicos, aunque también el ascenso de los grupos evangélicos. En pocas décadas se ha pasado de una sociedad de raíces cristianas a una en que el cristianismo, como dice Víctor Codina, es culturalmente irrelevante y ha sido culturado.

Ante la Navidad, sin por ello amargar el festejo familiar que sigue siendo fuerte, preguntarnos cómo hacer para presentarlo, qué aspectos deben ser destacados.

LO QUE NOS LLEVA A BELEN

La pandemia impidió la realización del IV Congreso Mariano Nacional que se iba a llevar a cabo en Catamarca en torno a la Virgen del Valle.
Pocas veces como ésta la imagen de la madre ha adquirido una importancia tan profunda, más allá de tendencias que han querido minimizarla acentuadas por una desubicada intención de reabrir el debate sobre la interrupción del embarazo en los días en que el acento está puesto en ese niño que manifiesta la ternura de Dios, creador del universo que se rebaja a nuestra pequeñez, el don siempre misterioso de la vida nos cautiva aún más viendo a aquel que nació de María y en la fuente y la protección de cada vida”.

Sigue Francisco que, además en “Fratellitutti”, y reitera el tema del descarte mundial: “los no nacidos (todavía no son útiles) o los ancianos (ya no sirven).

En la Iglesia la función de la madre es fundamental porque además nos hace ver que, como Dickens, no es solo seguir una doctrina sino seguir a Jesús en una comunidad.

“Belén” cantaba Leonardo Castelani. En verdad, nadie mejor que la madre para conocer al hijo.

El día de su ordenación episcopal era el día litúrgico de la Virgen de los Dolores y allí, monseñor Jorge González, nuevo obispo auxiliar de La Plata, terminaba su alocución haciendo suya una invocación a María, nacida en un campo de concentración en la última guerra mundial, como para indicar la pesadez de los tiempos que nos toca vivir: “aseméjanos a Jesús y enséñanos a caminar por la vida como tú lo hiciste, fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría. En nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús”.

900: NO SE COMO DECIRLO

Aquella noche de Julio de 2003 cuando surgió la idea de esta columna pensé que sería por algún tiempo.

La coincidencia de este aniversario, que se hace visible porque llegamos a la columna número 900, con la insistencia de las fiestas hace aún más cálido el agradecimiento a Dios y a todos los que me han acompañado en estos 17 años, en primer lugar a “El Argentino” que me regaló este espacio con tanta generosidad

Yo pretendí acompañar a todos con estas reflexiones, estos recuerdos que fueron surgiendo semana tras semana sin ser indiferente a lo que iba pasando en el mundo y en la comunidad a todo que, desde mi punto de vista quise iluminar con la luz del Evangelio. En este último año he querido ser también una mínima ayuda y me han guiado unas palabras del Rector Mayor de los Salesianos: “no encerrarnos en una cómoda virtualidad, superflua y poco comprometida con la vida”.

Echo, sí, de menos que uno de los propósitos que formulé al empezar esta tarea lo ha podido llevar a cabo muy precariamente. Se trataba de no poner el acento sobre la realidad de una ciudad a la que me siento unido como lo refleja ese “siempre” que aparece en el nombre de la columna.

Si hago una síntesis de los 900 artículos encuentro que no son muchos en ese sentido. Un poco porque la distancia se impide vivir esas realidades y otro poco un mucho porque mi opinión podía ser una interferencia con la misión de quienes, en estos años, han tenido la misión de guiar pastoralmente a la ciudad.