En la tierra del hombre (Padre Hugo Segovia)

El cincuentenario de los hechos que conmemoran a la Iglesia en aquellos años y cuando estábamos aprendiendo el vigor del tiempo oscuros nos ha llevado ahora a recordar el martirio del obispo, los sacerdotes y el laico de La Rioja.

Una hermosa por más dolorosa que sea, imagen de una Iglesia que supo asumir hasta el martirio su condición de ser el espacio que hoy es para todos una realidad, por muchos motivos, pero sobre todo porque el Papa Francisco afrontó esa realidad.

Su ascensión a sede de Pedro no fue solamente un reconocimiento sino la puesta en vigencia de esa Iglesia de los pobres que podía parecer tantas cosas de las que podemos mencionar a una utopía, una exageración, una búsqueda de notoriedad cuando no una peligrosa intromisión en un campo en el que la Iglesia podría aparecer intrusa.

Todo ello, con todo, pasaría a segundo plano si no sintiéramos admiración por ese obispo que, a pesar de haber sido pastor solo durante 7 años nos ha transmitidos, casi anónimamente su inspiración y esa adaptación también a la realidad en sus matices sociales desde el ángulo de la poesía.

A pesar de las diferencias de tiempo, lugar y estilo no me resulta difícil pensar en otro obispo que fue también un cultor de la poesía que cultivo y que alcanzo dimensiones mas que pastorales. Me refiero al español que vi como pastor en ese Brasil que lo recuerda y promociona en buena manera, Pedro Casaldáliga.

UN RIOJANO MAS

Por ello hoy mientras nos unimos a los actos que recuerdan los 50 años de su ofrenda queremos recurrir al Angelelli poeta.

Pensamos que su inspiración que no dejó una cantidad importante de poemas nos puede ayudar y estimular también en medio de un mundo difícil y por lo mas que nos cuente decirlo, también oscuro.

No en vano decíamos otras veces que ese material poético junto con la colección de los textos más eclesiásticos de monseñor Angelelli como esa carta que comentamos meses atrás que recogía lo que él decía a otro hermano suyo, obispo, que la Iglesia nos propone como modelos de santidad.

Como homenaje también a quienes lleguen a leer estas reflexiones haremos un viaje por esas páginas (pocas por ciento 23).

“Búsqueda” nos dice: “los hombres me hablan de artes y técnicas, no quieren la paz, no quieren amarse, la noche los envuelve, no saben jugarse, están tristes, pobres y sin coraje”.

Hacíamos referencia a la fecha en que Angelelli asumiría en 1968 el obispado de La Rioja, en sintonía con los obispos del continente que ese día se reunía en Bogotá para estudiar la presencia eclesial en America Latina. Leemos en “El hombre, proyecto de pueblo”: “déjenme que les cuente lo que me quema por dentro” es el amor que se hizo carne, con Chagas y dolor de pueblo, saben, ¿lo aprendí junto al silencio?

POR EL HOMBRE Y LOS HOMBRES

En sintonía con él los obispos de Medellín dirán “por fidelidad al plan divino y para responder a sus esperanzas puestas en la Iglesia queremos ofrecer aquello que tenemos como más propio una visión global del hombre y la humanidad”.

En “Doblando a duelo” se hace eco de lo que le decía un juglar: “estoy doblando por un hombre que se va con todo hombre adentro”. “Así cuentan los viejos, los cerros y el paisaje, de tan hombre que era, es puro mensaje”.

“Incienso y silencio se queman en la calle, ni es mito, no es farsa son gritos de pena y esperanza de sangre”.

Cuando cumple sus bodas de plata sacerdotales, el obispo dice: “veinticinco años vividos por esos caminos de dios, con mañanas de Pascua y tardes de dolor con las  manos metidas en la tierra del hombre, con fidelidades de hijo y debilidades de pecador.