El pasado 10 de febrero, el club Atlético Miramar cumplió 79 años y EL ARGENTINO se comunicó con Christian Yarussi, hijo prodigo de la institución que hoy se desempeña con técnico en Alemania, más precisamente en el Eintracht Frankfurt. Recordó su crecimiento en el rojo y rememoro alguna anécdota de aquellos tiempos.
¿Qué recuerdos tenes de aquellos años en el club? Tus amigos, la familia, los técnicos, todo lo que rodeaba a ese momento de compartir el fútbol en Atlético.
Ir al club los fines de semana, era llegar, compartir momentos, alegrías, tristezas, aparecía siempre una persona que te da un abrazo y enseguida todo se encausaba de una manera familiar. El club era una familia. Eramos una familia y el fin de semana era ir al club y luego a jugar, todos eramos uno solo. Eramos todo uno. Era el club de la calle 30. En esa época todos hacíamos al club de la calle 30.
Tengo muchos recuerdos de entrenadores que pasaron por ahí, daban no solo su tiempo, sino que muchas cosas más, todos con la misma dedicación, siempre atentos, colaboraban en todo con el club, no quiero dar un nombre, pero los tengo a todos presente.
¿Qué enseñanzas te dejo esa etapa de tu vida que hoy utilizas a la hora de tu trabajo en el fútbol?
Enseñanzas deja muchas. Principalmente de valores. Los clubes de barrio se manejan con valores, que cada uno que fue parte, fue alimentado, se jugaba por los colores, por el barrio, por el escudo. El escudo decía, Club Atlético Miramar, no llevaba ni mi nombre, ni el de nadie.
Me fui profesionalizando y trabajando en el exterior, pero nunca olvido mis raíces, siempre aprendí, que no se trata de mi, sino del equipo, de la institución y eso lo llevas contigo para toda la vida. Eso viene de mi barrio, del club, de mi ciudad y de la gente que formaba parte del club.
Si tendrías que recordar una anécdota de aquellos años en el rojo, ¿Cuál sería?
Tengo varias anécdotas, te voy a contar una, sin dar nombres para no exponer a nadie. Una vez estábamos reunidos en un lugar, lo que antes se llamaba concentración y se nos dio por llevar dos botellas de alcohol, eramos un grupo muy pequeño. Nos tomamos esas dos botellas y al otro día, lógicamente, no llegamos a tiempo al encuentro que estaba pactado por el técnico, nos mandaron a buscar y estábamos en un estado poco profesional y esta persona se enojo tanto, pero no por como estábamos, sino porque no lo habíamos invitado a él.
La historia termino bien, porque llegamos a jugar, nos fue muy bien en el partido, ganamos ampliamente, pude marcar dos goles y quedó todo con una gran anécdota.

