En el corazón de europa (II)

Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Eslovaquia, que cuenta con un 73 % de católicos para una población de 5 millones de habitantes, recibió al Papa con un caluroso discurso que le dirigió su presidenta, Zuzanne Caputova, reconocida por su defensa del ambiente y manifestó que “el mundo está muy interconectado pero trágicamente dividido”.

El Papa le agradeció diciendo que “Eslovaquia es un poema”.
Impresiona que un hombre que está al borde de los 85 años y que hace dos meses sobrellevó una delicada operación haya desplegado un recorrido tan amplio, con tanta agilidad y lucidez.

Tenemos que conformarnos en esta columna con unas apretadas referencias al viaje que estuvo totalmente impregnado del genio de Francisco. Comenzó su recorrido diciendo que “fraternidad es lo que necesitamos para promover una integración cada vez más necesaria. Esta hora es un momento en el que después de los duros meses de pandemia, se plantea junto a muchas dificultades una reactivada economía favorecida por los planes de recuperación de la Unión Europea”.

En la antigua catedral gótica de San Martin de Bratislava, histórico lugar en el que eran coronados los reyes hablando a los obispos, sacerdotes, seminaristas y religiosos dijo: “que nadie se sienta estigmatizado o discriminado. La mirada cristiana no veían los más frágiles una carga o un problema sino hermanos y hermanas a quienes cuidar”… “la Iglesia no es una fortaleza, una potencia, un castillo situado en lo alto que mira al mundo con distancia y suficiencia”… su centro no es ella misma. Salgamos de la excesiva preocupación por nosotros mismos, por nuestras estructuras, por cómo nos mira la sociedad.

Adentrémonos en la vida real y preguntémonos cuáles son las expectativas y las necesidades de nuestro pueblo, qué se espera de la Iglesia”… no atrincherarse en un catolicismo defensivo que todo lo juzga y que a todos acusa”.

NUNCA VINIERON AL LUNIX IX

En el barrio Petrzalca funciona el Centro Belén donde trabajan las religiosas de la Madre Teresa. Allí estuvo el Papa y también, donde había una sinagoga habló a los judíos recordando a los 100 mil judíos que fueron masacrados por el nazismo.

Uno de los momentos más clamorosos de este viaje fue su visita al llamado “gueto de la vergüenza”: allí viven alrededor de 5000 gitanos en condiciones de suma indigencia y rechazados por los vecinos. Se trata de Lunix IX.

Esta visita marca a fuego el estilo de Francisco que se expresa con firmeza al decirles: “si la Iglesia es casa, es la casa de ustedes. Quiero decirles, de corazón, que ustedes son bienvenidos, deben sentirse en la Iglesia como en su casa y nunca tengan miedo de estar. ¡Que ninguno los deje ni a ustedes ni a ninguno fuera de la Iglesia”.

Es el estilo del Papa que tocó uno de los temas controvertidos – no solo en Eslovaquia – y, como destaca la corresponsal Elisabetta Piqué, el decir que en el discurso de despedida al Papa, el arzobispo de Brasilia hizo referencia a todos los grupos que lo recibieron, omitiendo a los de Lunik IX.

La presencia de los sacerdotes de Don Bosco en ese lugar es el único auxilio para tanta marginación que le inspiró decir: “¡Cuantas veces los juicios son prejuicios!. No se puede encasillar a las personas. Queridos hermanos, demasiadas veces han sido objeto de juicios despiadados, de estereotipos discriminatorios, de palabras y gestos difamatorios”.

INCREIBLE Y CERCANO: HUMILDE Y ESPONTANEO

Tendríamos que hablar de la misa en rito bizantino (“el testigo de la cruz no solo la lleva al cuello sino que no usa los caminos del engaño y del poder, no se impone a sí mismo y a los suyos sino da la vida por los demás) celebrado en Kosice donde resonó con fuerza la advertencia de no reducir la cruz a un símbolo político.

El santuario mariano de Sastin, con la participación de 60 mil fieles, el Papa los animó a “caminar, siempre porque cuando la Iglesia se detiene se enferma, cuando los obispos se detienen enferman al pueblo de Dios”.

Allí, en la jornada de los Dolores de la Virgen, seguramente pensando en Luján, Francisco habló de María, “que se puso en camino y lo prefirió a la comunidad de la rutina, al cansancio del camino y la incertidumbre del viaje a la estabilidad de la casa, a la religiosidad tranquila el riesgo de una fe que se pone en juego haciéndose don de amor para el otro”… “no hostiles al mundo sino cristianos que, con su vida, muestran la belleza del Evangelio, tejedores de diálogo donde las posiciones se endurecen, que difunden el aroma de la acogida donde predominan los egoísmos personales y sociales, que cuidan de la vida donde reina la lógica de la muerte”.

Sintiendo no poder extender la columna frente a la grandeza de este viaje consuela terminarla con la súplica de Frantizek (como le decía la gente en Eslovaquia): “mirando a María nos abrimos a una fe que se hace compasión, comunión de vida con el herido, el que sufre, el que esté obligado a cargar cruces pesadas. Una fe que no se quede en lo abstracto sino que penetra la carne y nos hace solidarios”.