Elegir la paz

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Cuando volví de Europa al terminar los Estudio de Derecho Canonico en la Universidad Gregoriana de Roma la década de los 60 avanzaba a paso acelerado.

Muchas veces he recordado como fecha importante de mi vida, mi encuentro con Ezequiel Martínez Estrada y he lamentado la causa que fue el tiempo de nuestros diálogos.

El que vivía con su esposa la entrañable Agustina en el barrio cercano a la parroquia de Lourdes y que por allí cada día iban y volvían los que estudiaban en la Universidad.

También esto un signo, cuando él murió, el 4 de Noviembre de 1964, me parecía raro que no se hiciese mencion cuando en Cuba había sido decretado duelo Nacional “Nadie en su tierra”.

Cuando llegue a este contacto con él lo he contado y cada vez que me encontraba con el Padre Levoratti,, él era quien me insistía a que escribiera sobre ello, Tenía razón porque era una hermosa historia de encuentro y amistad.

Que pasaba en el Mundo en 1964? El atentado del 23 de Noviembre de 1963 que costó la vida del Presidente Kennedy fue uno de esos momentos que dejaron una huella imborrable, a él, a Martínez Estrada,le sirvio como “ Nunca mas” no se volvío a leer el Diario después de él , su elocuencia era tan grande.

Pero también por esos años se llegaba a un centenario de “la Divina Comedia” y a él le pidieron un trabajo sobre el tema. Sin pelos en la lengua dijo que no cuando tantos mueren en los campo de batalla por defender su libertad no podemos celebrar la historia.

Esa es la materia primera de una figura singular de nuestro pensamiento, tenía la única voz y una presencia que podía convertirse, no desligados, por cierto, de la que es una visionn de la historia que trajo, por otra parte, la que la Iglesia considera suyo “Mirar los signos de los tiempos para interpretarlos a la luz, clara e insinuante de los signos de los tiempos “

Un poco esa imagen de Martínez Estrada podría ser la de cada hombre, “un cristiano en la puerta” que no tiene la soberbia de considerarse la voz autorizada de los tiempos pero que descubre también a través de tantos signos caminos de paz y verdad.