El segundo año

El corazón de un pastor es tan extenso como el territorio que se le ha encontrado.
No solo los kilómetros que lo conformar sino también la vida en todas manifestaciones con su, a veces, dramática complejidad.
Por ello el llamado de la Iglesia a la plenitud del sacerdocio puede llenar de temor al que es elegido.
Volvemos ahora a revivir aquel 18 de julio de 2017 en que nos despertábamos con la noticia de que un marplatense había sido elegido obispo despertando así el interés y la curiosidad sobre todo de aquellos que lo conocían.
Lo vimos después, el 26 de agosto, cuando le colocaron la mitra sobre la cabeza y le entregaron un cayado para que lo tomara amorosamente y le comenzara a enseñar cómo dirigir el rebaño, Pero sobre todo le habían cargado el peso del Evangelio sobre sus espaladas, al que se había especializado en Sagrada Escritura y había escrito numerosos libros sobres remas bíblicos profundizando la Palabra de Dios.
Es el modo que tiene la liturgia de manifestar, a través de signos, no fríamente el amor de Dios y su confianza en esa cabeza, ese corazón y esas manos.
La soltura que desde el primer día mostro el nuevo pastor provoco, además una cercanía capaz de hacernos sentir sus hijos, sus hermanos, sus amigos. Nos fue descubriendo la extensión de ese corazón que no ha ido enseñando como estar en el mundo a través del Evangelio.
Caminar que es predicación
El camino sinodal abierto por monseñor Jestre en su primera carta pastoral del 22 de noviembre de 2017 ha ido marcando la marcha de la diócesis. Su invitación era caminar juntos en la audacia del Espíritu y todos los esfuerzos son como ríos que desembocan en el acontecimiento que se prevé concretar en 2020.
Su primera visita “ad limina” con todo lo que significa para un obispo le habrá dado además el secreto de esa ciudad que es totalmente nueva sin sentimiento de envejecimiento como para que su episcopado en una ciudad de las más importantes del país y que viene a ser, sobre toda cada verano, como el centro político, cultural y deportivo. Una ciudad que también tiene el ingrato privilegio, la de mayor desocupación del país.
Recorriendo sin cesar los Kms. Ha leído la ciudad a la luz del Evangelio conectado con los problemas como lo demuestra su intervención para solucionar el grave problema municipal lo que mereció, que un periodista local lo situara “entre tiburones” aprovechando que monseñor Mestre no vacilara en nadar, el mismo tiempo en una competición en el mar. Hombre, no solamente obispo, de mar.
Lo vemos tomando mate y dialogando con los medios a la vez que tocando la guitarra para cantar con los chicos de una guardería, predicando retiro en las distintas zonas de la diócesis a la vez que dictando clase en el Seminario de La Plata; albergando a los participantes de la pastoral social a la vez que integrando la comisión de catequesis y pastorales bíblica del episcopado con afrotando dolorosos problemas propios de los tiempos.
Una presencia fresca, joven viva que nos recuerda lo que Francisco de Asís decía: “inútil caminar hacia cualquier lugar a menos que el caminar seas nuestra predicación”
Pan para los peregrinos
No resulta fácil elegir una imagen que exprese un año de episcopado.
Sin embargo hay una puede hacerlo: el 16 de marzo en la Casa de Ejercicios Espirituales San Francisco y Santa Clara medio centenar de un encuentro de reflexión al que le obispo los había invitado. La foto del año puede ser la que entonces se tomó.
Urgidos por la coyuntura electoral pero más aún porque el compromiso de renovación de la Iglesia es capaz de expresarse también en el plano político y lo social participaron de un encuentro de reflexión al que el obispo los había invitado. La foto del año puede ser la que entonces se tomó.
Urgidos por la coyuntura electoral pero más aún porque el compromiso de renovación de la Iglesia es capaz de expresarse también en el plano político y social que no minimiza ni desautoriza lo temporal sino que la integra. No en vano se ha dicho que un obispo es un hombre de dos reinos y monseñor Mestre no es hombre de fríos análisis sino que juzga a partir de la realidad.
Hablábamos de la dedicación del obispo a la pastoral bíblica. Un libro de su autoría “Jesucristo pan de vida para nuestro pueblo peregrino” análisis del capítulo 6º del Evangelio de San Juan es uno de ellos.
De allí sacamos la frase del año remarcado que no solo en la sede sino también en Balcarce y Necochea como queriendo abrazar toda la diócesis presidio la procesión de Corpus Christi el 23 de junio.
Nos dejo este precioso testimonio: “el desierto e un espacio inhóspito, el sitio donde experimentamos con crudeza la inteperie, el calor sofocante del día y el crudo frio por la noche. Nuestras ciudades y pueblos, nuestro mundo cotidiano se puede transformar o puede ser un verdadero desierto. Soledad aridez en los vínculos, intemperie de fraternidad, ausencia de pan y agua que reflejan hambre y sed de paz, alegría, amor, escucha, verdad, justicia. En los duros desiertos de la vida cotidiana nos animamos a decir una y mil veces: Jesús es el Señor”.
La Eucaristía bien vivida compromete necesariamente en la vida cotidiana, la autentica piedad eucarística conecta con la realidad del tiempo y de la historia… la comida más importante que Jesús nos pide que la demos a nuestro hermanos es la misma amistad con El y una comunidad de fe que alimenta la vida. Al celebrar el señorío del Señor en la presencia real del Pan y el Vino expresamos en el compromiso con los más pobres y necesitados, en nuestra pasión por la verdad, la justicia y la misericordia que realmente Jesús es el Señor”.

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