Marcela Olave contó en el juicio parte de la historia de sus tíos Jorge y Estela Lombardo, secuestrados en 1977 y quienes permanecen desaparecidos.
Entre fines de abril y principios de mayo de 1977 Jorge Olave se había internado en el por entonces Hospital Regional para someterse a una cirugía de una rodilla donde había sido baleado al ser detenido por parte de la represión que ya arreciaba previo a la dictadura cívico militar. Después de un tiempo de quedar en libertad, se estaba por operar cuando fue secuestrado en pleno hospital con la simulación de un traslado hacia una clínica privada. Su pareja, Estela Lombardo, fue secuestrada también por esos días mientras estaba en la casa de sus padres.
Los nombres de Jorge y Estela forman parte del registro confeccionado por Comisión de Memoria Portuaria respecto a trabajadores portuarios desaparecidos durante la última dictadura cívico militar y parte de su historia fue contada en la última audiencia realizada hasta el momento del juicio conocido como “Subzona 15 III” que se lleva adelante en el Tribunal Oral Federal (TOF) de Mar del Plata desde hace un año contra 20 represores.
Su sobrina Marcela Olave, que al momento de los secuestros tenía unos 10 años, fue la que expuso todo lo que pudo recordar y reconstruir después de “mucho silencio” ante el temor que provocó en la familia todo lo vivido. Hoy, 48 años después, sus tíos permanecen desaparecidos.
Jorge Olave tenía 23 años al momento de su desaparición y Estela Lombardo, 22. Ambos eran oriundos de Miramar aunque luego llegaron a Mar del Plata, militaban en el peronismo y trabajaban en la fábrica de pescado San Andrés.
El relato de Marcela, ante preguntas de la fiscal Eugenia Montero, se inició en noviembre de 1975 cuando ambos fueron secuestrados en la previa de la dictadura cívico militar y quedaron detenidos durante aproximadamente un año: Jorge en la cárcel de Sierra Chica y Estela en la de Devoto.
Y siguió en diciembre de 1976 para cuando ambos ya estaban de regreso en Mar del Plata. Así empezó el camino hacia fines de abril y principios de mayo de 1977 cuando ambos serían secuestrados.
Marcela recordó que su tío cuando fue detenido en 1975 había recibido un disparo a la altura de la rodilla -una crónica del diario La Capital que rememoró habló de dos “subversivos” detenidos, que habían presentado resistencia lo cual generó un tiroteo– y que por eso tenía programada una cirugía en el por entonces Hospital Regional, hoy Interzonal General de Agudos (HIGA), escenario durante la última dictadura de diversas escenas de secuestros e intervención militar.
Y esa internación se convertiría en la antesala de su secuestro: mientras esperaba para ser sometido a la intervención fue sacado de su habitación y se lo llevaron con destino desconocido en un “simulacro” de traslado a una clínica privada.
Marcela, si bien no pudo recordar con exactitud las fechas y existen registros que difieren en algunos días entre un secuestro y el otro, señaló que para la misma fecha un grupo de personas de civil que se identificaron como integrantes de la Policía Federal llegaron hasta la casa de sus abuelos, donde estaba Estela, y también se la llevaron secuestrada.
La mujer recordó que ella junto a sus tres hermanos se encontraba en su casa junto a su abuelo porque sus padres estaban de viaje y que en un momento llegaron dos personas de civil que buscaban a Estela con la excusa de que necesitaban una firma suya para un trámite.
Su abuelo, memorizó, les indicó que ella se encontraba en su casa -ubicada en la zona de Libertad y Juncal- y allí es de donde finalmente se la llevarían.
Marcela incluso contó que tras aquel episodio su abuelo se había quedado con dudas y fue junto a uno de sus nietos hacia su casa donde vieron cómo dos personas de civil se la llevaban en una camioneta sin identificación.
Y agregó que luego su abuelo recibió un llamado del hospital en el que le preguntaban a qué clínica habían trasladado a Jorge, por lo que empezó a quedar al descubierto para su familia que no había tal clínica ni tal traslado y que había sido secuestrado.
Marcela también recordó que cuando su papá llegó de viaje intentó averiguar qué había pasado con su hermano y hasta quedó detenido junto a su mamá durante algunos días.
“A nosotros nos llevaron a casas amigas, nos indicaron que no había que hablar con nadie, recuerdo vecinos quemando la biblioteca de mi tío y de mi papá”, fueron otros de los recuerdos de la mujer como parte del temor que invadió a la familia.
De todas maneras, eso no impidió la realización de diversas gestiones, tramitación de habeas corpus sin respuestas y de cartas, una de las cuales -señaló- llegó a ser contestada por Jorge Bergoglio desde la Iglesia.
“Nunca tuvimos ninguna novedad precisa de su destino final”, lamentó Marcela pero sí reparó en que una vez su papá le contó que durante una madrugada tras la desaparición de su hermano había recibido un llamado de un soldado conscripto que era su custodia y que le avisó que él estaba “detenido” en un centro clandestino, aunque no recordó si se trataba de la Base Naval o de la Escuela de Suboficiales de Marina (ESIM) en el Faro.
Y, como en tantos otros casos, Marcela explicó: “Lo ocurrido lo fui construyendo con información que aportaron amigos, compañeros de militancia, personales, en mi casa se guardaba mucho silencio, mis padres decidieron separarnos, llevarnos a casas de amigos, así que estuve mucho tiempo sin saber qué estaba ocurriendo, pasaron muchos años hasta que pude reconstruir la historia”.
Fuente. Portal Que Digital










