El rechazo a los pobres

Padre Hugo Segovia

Cuando hace ahora dos años, nuestro obispo quiso concelebrar la misa conmigo en la Catedral de Mar del Plata en uno de los momentos más importantes de mi vida, muchos de los participantes, como era el día de mi cumpleaños, me llevaron regalos.

No me puedo olvidar que, al terminar la misa y saludar a los participantes, el mismo obispo se colocó al costado e iba recibiendo los regalos: uno de esos gestos que son tan comunes en uno de esos gestos que son tan comunes en él.

Entre los libros que “había nacido con el libro bajo el brazo”, encontré uno de Adela Cortina (“Aporofobia, el rechazo al pobre”). Aunque no estoy seguro creo saber quién fue el que me lo regaló.

El término quiere decir “rechazo a los pobres” y fue creado por esta especialista en ética y filosofía política, nacida en Valencia.

Ella, durante mucho tiempo, buscó una palabra que reflejara algo de lo que muchos de nosotros, en el mundo y, sin duda, en nuestro país, experimentamos con frecuencia y hasta podemos decir que llega a ser característica de personas y grupos aunque no se lo diga expresamente.

Aporofobia viene del griego (aporos) que se refiere a quien no tiene bienes económicos.

XENOFOBIA Y XENOFOBIA

Es autora de numerosos libros, entre los cuales podemos citar “Etica aplicada y democracia radical”, “Ciudadanos del mundo”, “Etica de la razón cordial” y “¿Para qué sirve la ética?” y es catedrática en diversas universidades además de haber sido la primera mujer en llegar a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España al mismo tiempo que doctora “memoria causa” de importantes universidades de todo el mundo.

En la introducción del libro parte del hecho que a España llegaron en 2016 más de sesenta y cinco millones de turistas extranjeros. Dice que la euforia reinaba ya que es sabido que el turismo es la principal fuente de ingresos en el país. Si hubiera, dice, que buscar un adjetivo para denominarlos en español sería “extranjeros” y en Griego “exenos”, término conocido porque de él deriva “xenofobia”, sinónimo de rechazo, miedo o aversión al extranjero. La pregunta es si ese es el sentimiento que despiertan:  ¿se sienten así?. Todo lo contrario por lo que se podría hablar “xenofilia” o amor y amistad hacia ese tipo de extranjero porque viene a compartir las playas, el buen clima y el patrimonio artístico”.

Pero también han llegado, desde 2011, cuando comenzó la guerra de Siria y también desde 2001, millones de personas huyendo de conflictos bélicos hasta el punto de llegar a constituir la crisis inmigratoria más grande desde la guerra mundial.

“Es Imposible no comparar la acogida entusiasta, hospitalaria con que se recibe a los turistas con el rechazo inmisericorde a la oleada de extranjeros pobres”.

En Francia, Austria, Alemania, Hungría, Holanda ha crecido el número de votos de los partidos nacionalistas y es sabido que Donald Trum ganó, entre otras razones, por su promesa de deportar a inmigrantes latinos. “Lo que produce rechazó y aversión es que sean pobres, que vengan a complicar la vida a los que, mal que bien, nos vamos defendiendo, que no traigan recursos sino problemas”.

UN DEBER DE NUESTRA SOCIEDAD

Punto de partida que le llevo más de un par de décadas a estudiar el problema: ”la convicción de que el rechazo al cobro está más extendido y es más profundo que los demás tipos de aversión, que es una realidad personal y social contundente, como lo muestra hasta la sociedad la vida cotidiana”.

Adela Cortina estuvo en Roma donde inspiro un ciclo de diálogos sobre los objetivos de desarrollo sustentable patrocinado por la O.N.U.. Dijo entonces que, después de haber encontrado la palabra, el trabajo consiste en terminar con la pobreza, no una ilusión ni un sueño sino un deber de nuestras sociedades”. “La solidaridad es muy valiosa y la compasión muy importante pero la justicia es fundamental. Hay que crear alianzas entre el poder económico, el político y el ciudadano”.

Casi al mismo tiempo y ante varias decenas de obispos de Turquía, Siria, Líbano, Tierra Santa, Egipto, Eslovenia, Rusia, Croacia, Serbia, Grecia, Creta, Malta, Chipre, Italia, Francia y España, recibieron al Papa Francisco en Bari. Eran de los países a los que baña el Mediterráneo para estudiar como “abrir los ojos, conocer, abrir el corazón, sentir y amar, abrir los brazos, abrazar, y trabajar.

De esto, como de tantas otras cosas, aquí no nos dieron nada.