Padre Hugo Segovia
En las catequesis que el Papa Francisco tiene a su cargo al finalizar el Año consagrado a San José hubo una profunda ubicación de esa personalidad sin duda única en la historia de la salvación.
No hubo ningún aspecto sin evaluar a la luz de su “corazón de Padre”. Tenemos allí un espacio abierto, amplio y generoso que nos dé permiso para vivir una espiritualidad del asilo singular.
Entre las particularidades del significado de la palabra José aparece la que lo muestra, y así toda su figura, la del maestro de lo que teneos que llegar a ser en el plano de la historia de la salvación.
Es “el que hace crecer”, en definitiva, lo que da sentido a la historia personal y social.
Aquel 30 de enero no podía imaginar qué sucedería con mi vida.
Quería celebrar ese 31 de enero la fiesta de San Juan Bosco, esa gigantesca figura de la que se asombraba Pío XI durante los procesos de beatificación y canonización de lejanos años 30.
No pudo ser y a la tarde ocurrió el que me sometió a este exilio, que me provocó la fractura de cadera de la que tanto escapé pero que no le costó mucho hacerse cargo.
En un momento en que, para colmo, el cruel fantasma de la guerra se estaba consolidando pese a un Francisco lúcido y previsor.
Aquel Serrat de tantos años, nos decía como un programa: “todo nace y todo muere, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, caminos sobre el mar”.
A pesar de lo insignificante en sí del accidente, el revirtió muchas cosas como si fueran un viento de exilio, las cosas, los hechos, los aniversarios que son como el viento y sueño de cada día, pasan a segundo plano y corren el riesgo de caer en el olvido.
De pronto otros hechos entran a jugar: entramos en el primer lugar de aquellos de quienes dependemos y venimos a emprender que fuerza tiene que así lo sea: analizamos no ser grandes para ellos y descubrimos su especialidad de abrirme para satisfacer nuestras carencias.
Así ha sido conmigo a las religiosas y el personal del Hogar
García Landera han estado en todo momento y sin límite al servicio de un lesionado bastante cabeza dura.
Madre Superiora, Hermana Jimena y personal laico, conformamos un electo de servidores de total entrega y enorme disponibilidad junto con tanta gente que se unió.
En medio de este momento sucumbió de manera tan incomprensible y en los rumores y las realidades de rememorar una guerra.
Aún cuando cuesta tanto esta incorporación a un momento que no busca la paz es necesario no formar dos enclaves y buscar los caminos para que se dé fe ese divorcio porque uno es el momento, y en ese momento las realidades se van diversificados y en busca de armonía.
En ese agitado panorama la luz de la historia va avergonzando, y parece una tarea desproporcionada secundarla y no enfrentarla, ¿Cómo haber guerra entre Crimea y Moscú? ¿Conflicto entre Argentina y Fondo Monetario Internacional?
¿Cómo objetar los hechos, estos caminos, dándoles su importancia y el relieve que tienen en la vida personal y comunitaria sin pretender aumentar o disminuir su importancia aún ?.
Momentos tan oscuros, momentos en el que contemplamos hechos y experiencias, espacios y lugares, experiencias y sueños, ambiciones y aspiraciones que se enfrentan en descontrolada comprensión.
José viene a dar sentido a nuestra tierra agredida. Siempre que sería el que a través de sus procesos educativos nos hace amar.
Esa figura que no utiliza palabras es capaz de dar sentido a las mismas y a las tareas desde lo mas profundamente y desde lo que más cuesta entender (“los ojos para ver las cualidades no son lo más inmediatos) nos dan en mayor perdida para reconocerlos.
Es lo que me toca hacer en esta necesidad que he tenido de ver mejor.