PADRE HUGO SEGOVIA
Al borde de los 85 años, el Papa Francisco vuelve a viajar y además anuncia que tiene proyectados otros viajes para el año que se acerca.
En primer lugar quiere hacer su primera visita a Oceanía así como viajar a Congo y otros países de Europa.
En el contexto del proceso pastoral de reconciliación con los pueblos indígenas la Conferencia Episcopal de Canadá lo ha invitado y el Papa ha manifestado su disponibilidad.
Por su parte, el primer ministro de la India, Narendra Mori, que se reunió con Francisco en Octubre expresó que tuvo oportunidad de discutir una amplia gama de temas con él y también lo invitó a visitar la India”.
Este 35° viaje lo ha llevado a Chipre, Grecia y Lisboa lo que muestra que no son lugares fáciles ni cómodos los que elige para sus desplazamientos y más aún su obsesión podríamos decir, sin miedo a exagerar, por tener como ésta de lo que ha llegado a denominar “la guerra de este momento”.
Con palabras de mucha fuerza y de profunda sugerencia le oímos decir ahora: “la historia de una esclavitud universal exhibe lo que es peor y es que nos acostumbramos a esto diciendo: “ah, sí, se hundió una barcaza, hay muchos desaparecidos”, Pero miren que esto de acostumbrarnos es una enfermedad muy grave y no hay antibiótico para curarla”.
UN HUMANISMO RENOVADO
La primera escala de este viaje fue a la Isla de Chipre, a la cual denominó “herida abierta” en el Mediterráneo y en la cual coexisten 850.000 chipriotas con 320.000 turcos desde 1974 en que un golpe militar Turquía invadió la parte norte y en 1983 proclamó la República turca de Chipre del Norte habiendo fracasado las propuestas de unificación en parte porque Ancara reivindica los yacimientos de gas natural. Todo ello, obviamente, agravado por la pandemia. Ya Benedicto XVI estuvo en 2010 en la Isla.
Decía Francisco: “veo desde aquí los alambrados de púas, esos que se ponen para no dejar entrar al refugiado, el que viene a buscar libertad, con ayuda, hermandad, alegría huyendo del odio y se encuentra delante de un odio que se llama alambre de púa”.
Esa cultura de la indiferencia a la que no duda en denunciar, porque he escuchado a las que llegan de Sri Lanka, Camerún e Irak.
En Grecia donde fue recibido cálidamente por la presidenta Katerina Sakellaropoulou, primer mujer en acceder a ese cargo, y donde los católicos con una pequeña minoría de 250.000 fieles. Ello le sirvió al Papa para alentar a esos fieles, el 1,2 % de la población porque el problema “no es ser pequeños y poco numerosos sino abrirse a Dios y a los otros” porque, en definitiva, la Iglesia es Minoritaria en el mundo entero”.
En la catedral de San Dionisio de Atenas se reunió una cantidad de 200.000 personas y se hizo evidente la comunión con los ortodoxos encabezados por el arzobispo Jerónimo III y se invitó al diálogo ecuménico “es la verdad y el amor fuera de compromisos e intolerancias”.
Hablo ya el Papa alabado, en su cuna, a la democracia a la cual mostró “en un retroceso cruzado por el escepticismo por lo cual, por encima de todo populismo y autoritarismo, es convocada a forjar “un humanismo renovado”.
Lleno de entusiasmo fue el encuentro con los jóvenes en el cual, mano a mano, dialogó y respondió a las inquietudes que le fueron presentando.
NOSTRUM, NO MORTUUM (Nostrum, no mortuum)
No obstante haber estado en Lesbos en 2016, de donde trasladó a varias familiar de migrantes como para hacer efectivo su firma defensa de los migrantes, quiso volver.
No tiene reparo el Papa cuando se trata de defender a los sufrientes. Cada una de sus palabras, tan poco difundidas por las grandes redes informativas, constituyen un racimo ineludible teórico-práctico que, como en este problema de la migración, es orillado por las grandes potencias y por la misma Unión Europea.
Lo prueba el hecho de que 82 millones de personas que han debido escapar de sus hogares, la mayoría venidos de Siria, Afganistán, Sudan del Sur y Myanmar, solo el 14% ha sido aceptado por los países más desarrollados y el 86% por países en vías de desarrollo.
Un clamor el del Papa que se expresa en elocuentes palabras que resuenan con inusitados elocuencia en medio del anestesiante bombardeo de la información.
En estos días de camino hacia la Navidad, esas expresiones van dando la teoría de lo que la Navidad vuelve a anunciarse.
Cuesta elegir una pero ¡qué profundidad tienen las palabras que nos hable del “naufragio de la civilización” o cuando pide que “no dejemos que el “mare mortuum” (el Mediterráneo) se convierta en “mare mortuum” (cementerio)!