El mundo papero contado desde adentro: Fernando Brittez rescata el trabajo y los conflictos de un campo olvidado

Entre el mar y las sierras del sudeste bonaerense, existió un mundo chacarero que hoy parece casi de otro siglo. “Cuando el campo era así”, el nuevo libro del antropólogo Fernando R. Brittez, reconstruye esa cultura papera a través de las voces de quienes la habitaron, sus formas de trabajo, sus creencias, sus conflictos y sus modos de vivir la tierra, en una época en la que el campo era mucho más que producción: era una manera de estar en el mundo.

Esa historia volverá a cobrar vida en Mar del Sur con la presentación del libro en Obelix Libros (calle 100 y Playa), donde el autor, director del Museo de la Vida Rural, compartirá este recorrido por la memoria agraria de la región. La actividad será el viernes 16 de enero a las 18.30, con entrada libre.

-El título dice mucho: “Cuando el campo era así”. ¿Qué sentís que cambió más fuerte desde ese tiempo hasta hoy?

El título hace referencia a la primitiva cultura chacarera del sudeste bonaerense “papero”, que tuvo como escenario este rincón de la pampa ubicado entre el mar y las sierras. Se desarrolló en el campo y en los pueblos de la zona durante la primera mitad del siglo XX y se desvaneció para siempre entre los años sesenta y setenta. En ese lapso relativamente corto se produjo el nacimiento, apogeo y extinción de un modo de vida rural que, más allá de las continuidades con el presente, fue bastante diferente en muchos aspectos.

El libro se ocupa de la vida de las familias agricultoras, la vivienda, la comida, los remedios naturales, el trabajo rural, los antiguos oficios, la introducción de la papa en la zona, las primeras técnicas de cultivo, la vida en las colonias de chacareros arrendatarios, el movimiento pro reforma agraria, el acceso a la propiedad de la tierra, el éxodo del campo, la vida de pueblo, las diferencias políticas y muchos otros temas.

-El libro parte de fotos, archivos y recuerdos. ¿Cómo fue ese proceso de reconstrucción?

La mayor parte de la información fue obtenida de boca de personas nacidas entre 1910 y 1940, y fue recolectada entre los años 2004 y 2011. Estas personas nacieron, vivieron o trabajaron en el área “papera”, que comprende las localidades de Mar del Plata, Batán, Chapadmalal, Otamendi, Miramar, Mar del Sur, Mechongué, San Agustín, Los Pinos, Balcarce y algunas otras.

A las fuentes orales se agregaron datos provenientes de documentos históricos, cartografía antigua, fotografías de la época y reconocimientos en campo, entre otras herramientas.

-¿Cómo fue convertir todo eso en una historia y no solo en un registro?

Soy antropólogo y siempre me he dedicado a la investigación y a la educación. Para el investigador, los registros no son un fin, sino un medio para comprender cuestiones importantes que no son evidentes por sí mismas.

El título completo del libro es Cuando el campo era así. Etnografía histórica de una comunidad rural del sudeste bonaerense papero, y su objetivo es explicar, desde una perspectiva antropológico-histórica, cómo era ese mundo y qué sentido tenían las cosas para quienes lo habitaron. Si no entendemos eso, no es posible comprender cómo llegamos a ser lo que hoy somos. Escribir historia es interpretar el presente.

-Como director del Museo de la Vida Rural, estás rodeado de pasado. ¿Hubo algo que te sorprendiera mientras armabas este libro?

Una de las cosas que más me sorprendió fue hasta qué punto se reproducían en este pequeño rincón de la pampa las mismas tensiones que atravesaban el país y el mundo en aquel entonces. Lejos de las imágenes idealizadas y románticas de la vida rural, existieron aquí tres grandes líneas de tensión.

La primera estaba dada por la oposición entre las visiones de mundo del criollo, asociado por el discurso dominante a la barbarie y el atraso, y del inmigrante, vinculado a la civilización y el progreso. La segunda, por las representaciones del mundo rural como pobreza y aislamiento frente al mundo urbano como riqueza material y vida social. Y la tercera, por la oposición de intereses entre terratenientes y dos clases que aquí no estaban bien diferenciadas: los trabajadores rurales y los pequeños chacareros arrendatarios. Estaban en juego dos grandes sistemas de valores, promovidos respectivamente por el conservadurismo y por corrientes ligadas al reformismo agrario, la lucha proletaria y los partidos populares.

¿Qué lugar ocupa General Alvarado y su zona rural dentro de ese “campo” que retratás?

General Alvarado está ubicado en el corazón del área papera más importante del país y, como decía al principio, aquí se desarrolló una cultura única y particular. Aunque el libro hace foco en Comandante Nicanor Otamendi, el pueblo funciona como un “caso testigo”, y lo que se dice de él vale en gran medida para todas las comunidades del espacio estudiado.

-Pensando en los lectores, ¿el libro está dirigido a quienes vivieron ese mundo o a quienes nunca lo conocieron?

La obra tiene como principal objetivo entretener y está dirigida al público en general. Sin duda también es de interés para educadores e investigadores profesionales interesados en temáticas rurales. Está escrito en un lenguaje sencillo y ameno, sin dejar de ser un trabajo riguroso que respeta los estándares académicos.

La Editorial Prohistoria cuenta con un comité editorial conformado por investigadores de primera línea del país y del exterior, y antes de su aceptación este libro fue sometido a un proceso de evaluación académica a cargo de reconocidos especialistas. La editorial lo distribuye tanto en Argentina como en el extranjero.

-Después de recorrer ese pasado tan de cerca, ¿qué te gustaría que hoy no se olvide de aquel campo?

Ante todo, que ese campo de principios del siglo XX tiene una historia mucho más profunda, que es la de los pueblos originarios. Por otro lado, en el primitivo mundo chacarero hubo un conocimiento valioso e imprescindible sobre la vida y la naturaleza, que hoy nos hace cada vez más falta, y el libro busca recuperar parte de ese saber.

Además, recupera aspectos de la historia rural argentina que con el tiempo se han ido desdibujando y que, en mi opinión, son fundamentales para entender la realidad contemporánea y dónde estamos parados.