PADRE HUGO WALTER SEGOVIA
En el clima sinodal que estamos viviendo desde hace ya casi 5 años después del comienzo del episcopado de monseñor Gabriel Mestre y acentuado en toda la Iglesia que se va paso a paso sinodalizando nos encontramos con la noticia de la elección que el Papa Francisco ha hecho al elegir a monseñor Darío Quintana como obispo prelado de Cafayate.
Menos de 2 año y medio desde aquel inolvidable 18 de diciembre de 2019 en el que vivimos una jornada de singularidad eclesial que reverdeció las a sus veces mustias savias.
Destacábamos entonces la importancia de Mar del Plata en el orden socio cultural nunca separa de la Iglesia que da sentido y razón de ser a muchas de sus realizaciones y alienta otros siguiendo lo que Francisco ha acuñado ya en su discurso: los sueños del Papa. Valdría la pena recordar que un esclarecido pastor de los años 80 y 90, el cardenal Basil Hume había popularizado al hablar de los Sínodos de entonces.
EL TIEMPO MARPLATENSE
Escaso el tiempo de su episcopado marplatense aun más todavía por la pandemia que nos envolvió sin barreras. Pero tiempo en el que pudimos valorar un Monseñor
Quintana, su cercanía pastoral, su apertura para abrir comunicación fraternal en todos los sectores del Pueblo de Dios. Destino, además, pero no prisionero de esa profundidad agustiniana recibida de la Orden de los Agustinos Recoletos dese ya lo conocíamos por sus años de párroco de la comunidad de Nuestra Señora de Fátima que es el sello pastoral de esa vidriera de la ciudad que es la calle Güemes.
En los dos años y medio casi de su auxilia Rato en tres oportunidades pudimos contar con su presencia en el Hogar García Landera, además de otras con los sacerdotes de la zona pastoral, Necochea. Siempre una presencia reconfortante y esperanzadora, Pensaba en que había sido él como sacerdote quien había recibido en Río de Janeiro (origen del “lío franciscano”) quien había recibido los signos del siguiente Encuentro Mundial de la Juventud que se haría en Cracovia en 2016).
La Iglesia tiene una característica fundacional; ella se arraiga en un lugar y entabla lazos matrimoniales con ese lugar. Pero a la vez está dispuesta a dirigir sus pasos hacia donde la Iglesia quiere que vaya porque siempre será un texto luminoso el que quedó para la historia el que pronunció el Papa Wojtyla el día del comienzo de su pontificado de casi 18 años. Era el que trae el evangelio de Juan cuando después de la resurrección le habla a Pedro de lo que será el tiempo de su entrega.
Muchos piensan que Juan Pablo II entonces en el cenit de su robusta vida, pensaba entones en lo que sería su propia maduración en el dolor, la que vivió toda la Iglesia y afrontó también en aquellos días de 2005.
AHORA EN CAFAYATE
A una semana del anuncio de la elección de monseñor Quintana la Iglesia celebra la fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo, el arzobispo de Lima a cuya jurisdicción perteneció también lo que hoy es Argentina.
Un pastor que recorrió sin descanso todo ese territorio y se hizo todo para todos coincide en aquellos Valles Calchaquíes que ahora pone en las manos, en los pies y en el corazón de monseñor Daría que, desde su escudo episcopal, sueña que todos sean uno.
Sin ocaso
Compartir el cartel con una de las actrices próceres de las décadas de los 30 y 50 como la mexicana Dolores del Río a la que por mostrar la riqueza de sus posibilidades para la comedia en la chispeante “Cita en las estrellas” eran realidades de aquellos años. Por ello “parecía una noticia para llamar la atención y no perder el “prime time” de entonces el retiro de María Duval que a punto de casarse había anunciado su retiro de la vida artística.
Sin embargo, pasaron 75 años y la figura irrepetible de María Duval solo se hizo ver por su participación en festivales y homenajes y con entrevistas a algunos medios en los cuales siempre se destacó su trabajo solidario junto siempre a su familia fue una constante en esa larga trayectoria.
Pero es un hecho único podríamos decir de toda su vida.
Años de oro del cien argentino. Ese 1941 en el que también surgen las mellizas Legrand y se incorporan a la lista de figuras que fueron surgiendo y dejaron su impronta. Ese mismo año, 1941, que es del surgimiento de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina que fue inaugurado nada menos que por Orson Welles y dejo aquí el sabor de ese Hollywood soñado y envidiado que cada año va desgranando su historia de triunfos y fracaso. Pero también ese año nació Cronistas del Espectáculo, cuya historia tuvo que ver con las irregularidades de nuestra historia política.
Eran los años de Delia Garcés, Malisa Zini, iban ocupando sitios de honor Elisa Galvé, Silvana Roth, Zully Moreno desde la comedia familiar iba adquiriendo la clave artística de la gran diva.
María Duval era bahiense y desde las aulas de la enseñanza secundaria amaba la poesía. Eran los tiempos en los que las recitábamos eran parte del mundo de la cultura.
Primeros pasos en Bahía Blanca y ella accedió a lo que era una aspiración de muchas jóvenes que ya soñaban con el cine, el séptimo arte que se iba consolidando en forma meteórica. Había un cronista del espectáculo que todas las tardes por Radio Belgrano alentaba a los jóvenes que soñaban con ese séptimo arte y a través de concursos que fueron nutriendo los elencos de las películas y comenzaron así una trayectoria. Lo hacía en su programa a “Diario del cine” que supo compartir con aquel historiador del cine argentino que no puede pasar por alto aun después de tantas décadas.
No sabemos, aunque es bastante evidente, que el contacto de la familia Mogilevsky haya sido causa del encuentro de la joven recitadora con el cineasta. El hecho concreto es que María comenzó su carrera por su contacto con dos figuras de primer mundial: la pareja integrada por el escritor y director Gregorio Martínez Sierra y la actriz Catalina Barcena que desde el teatro en el cual reinaba había pasado al cine. No olvidemos que eran los tiempos de la guerra civil española. Dejaron su impronta en nuestro cine y les debemos también particularidades de un modo de ser y hablar que se trasuntan en numerosas películas.
María Duval era muy cordial y sencilla y su imagen ha quedado grabada a pesar del inexorable paso de los tiempos.
No me ha costado mucho encontrar título para esta columna que, confieso, es uno de los trabajos más ricos de cada semana. Ahora “sin ocaso” quiere expresar una continuidad de la imagen, la voz y el ademán de esta joven que siguió siéndolo todo lo que a primera vista mostraba sin alarde y que le han merecido un reconocimiento sin menguar no obstante los setenta y tres años que han pasado desde el final, en su momento, de una historia de triunfo que es de dar vuelta por una familia y en esto reconocer también la fuerza de la tradición judía que ha sido sinónimo grato y convocante de la vida de esa joven bahiense que conquistó Buenos Aires y en doce años fue una de las tapas de revista más importante. Siempre en la misma postura de sencillez y respeto, de colaboración y cercanía que la hacen continuar “sin ocaso” ocupando un hermoso lugar.