En diálogo con Grupo La Provincia, el médico infectólogo Tomás Orduna, jefe del servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero en el Hospital Muñiz de la Ciudad de Buenos Aires e integrante del consejo de asesores del presidente Alberto Fernández, se refirió al posible escenario del próximo verano, la vacuna que producirá Argentina, y las críticas de los detractores del aislamiento.
Usted dijo que producir en Argentina la vacuna de Oxford significa con “tener autonomía”, ¿A qué se refirió?
Tener autonomía significa que nosotros sepamos que alrededor de 12 o 14 millones de vacunas que necesitaríamos en la primera campaña de vacunación ya la tenemos aseguradas, porque somos parte de los productores. Esto es: nosotros producimos la materia prima, eso se envía a México, ellos hacen el fraccionamiento y el rellenado de las jeringas y el empacado, y después la distribución a toda Latinoamérica, excepto Brasil que tiene su propio convenio con AstraZeneca.
Nos da soberanía, nos da la posibilidad de democratizar fuertemente la mejor herramienta para parar esto que es la vacuna. El Estado se va a hacer cargo de que le llegue una vacuna, o las dos dosis, a cualquier persona independientemente de su capacidad económica.
Claro porque la otra incógnita, además de la llegada de la vacuna, siempre fue quién iba a poder acceder a ella…
Creo que esa cuestión quedó disipada con el anuncio de ayer que, en principio, vamos a ser parte de la producción de una de las vacunas. Quizás en el futuro de alguna otra, porque eso no está descartado.
¿No descarta que pueda salir la vacuna del coronavirus argentina?
La nuestra propia, con desarrollo científico, todavía está en etapa pre clínica. Falta bastante pero no descarto que en algún momento progrese y un día nos encontremos generando el reclutamiento de voluntarios argentinos para probar en fase uno, dos o tres. Hay capacidad en la Argentina para desarrollarlo. La vacuna contra el mal de los rastrojos, la fiebre hemorrágica argentina, es un desarrollo de científicos nacionales.
Sobre la vacuna de AstraZeneca, hay que decir que el doctor Hugo Sigman, que es el CEO de mAbxience, donde se va a producir la materia prima, aventuró, no sólo que se va a hacer con velocidad, sino que se van a poner a fabricar la materia prima mientras se está desarrollando la fase 3 de investigación porque esto tiene que ver con una inversión “a riesgo”. Él quiere que, si dentro de dos meses termina la fase 3 mostrando muy buena eficacia y eso da la posibilidad de presentarlo entre los organismos regulatorios de la Unión Europea, de Estados Unidos, de Argentina, México y se aprueba, no empezar recién ahí a producir en el volumen necesario sino ya tenerlo listo para que, una vez aprobado, ya se pueda enviar a México. Sigman aventuró para diciembre. Es una apuesta muy poderosa.
Como infectólogo y miembro del equipo que asesora al presidente en las decisiones respecto a la pandemia, ¿cómo le cae que se pregone desde ciertos sectores una vuelta a la normalidad?
No me gustan. Me lastimas los oídos, las pupilas. Es muy molesto, pero sabemos que siempre hay un porcentaje poblacional que aprovecha cualquier protesta que pueda generar poniéndose en la vereda de enfrente del gobierno, donde, en realidad, la verdadera causa de esa manifestación anti cuarentena, anti medidas del gobierno, tiene que ver con cuestiones de carácter político. Y los grupos que asesoramos a cada uno de los niveles gubernamentales estamos más allá de eso. Cada uno puede tener sus inclinaciones políticas, o partidarias incluso, pero cuando estamos trabajando técnicamente en pos de algo fundamental teniendo en claro que el enemigo para todo un país y en general para toda la especie humana se llama Covid como enfermedad y SARS-CoV-2 como virus.
La pandemia ha jaqueado de una manera tal a la especie, no sólo en cuestión de enfermar y matar, sino también en todo lo que hace a las relaciones humanas, que es increíble que hoy no se vea que si no hubiésemos hecho lo que hicimos, en lugar de las 5 mil tragedias que estamos lamentando, estaríamos hoy, siguiendo, por ejemplo, el modelo de Brasil, entre 25 y 30 mil muertos.
Por esto, hay un momento que no dan ganas de hablar. Yo veo que muchos destilan un odio muy particular, muy dirigido contra el gobierno, quedó involucrado el grupo asesor con insultos, con cuasi amenazas de que no vamos a poder circular por las calles (N. de GLP: Miguel Pichetto dijo que “cuando esto pase” los infectólogos “no van a poder salir más a la calle”), entonces no dan ganas de contestar. Hablan sin fundamento, con mucho odio, y yo ya ideológicamente no les tengo ningún respeto. Nos han insultado, a nosotros y al trabajo genuino, absolutamente por vocación que hace cada uno y quieren generar en los otros respuestas de odio que no van a lograr.
En momentos donde se empieza a hablar de la temporada de verano, y con el presidente habiendo dicho que los gobernadores de las provincias que debieron volver a fase 1 hablaron de que el aumento de casos estuvo directamente relacionado al aumento de la circulación, ¿cómo podemos pensar en la posibilidad de que haya un movimiento estival?
Primero tenemos que comenzar a descender de donde estamos y poder ver que llegamos a la planicie nuevamente. Para esto nos quedan por delante uno o dos meses. Esperemos que en algún momento empecemos a ver que ya está arriba del todo el pico, y estamos en esa esa descendida. Todavía estamos ahí arriba, amesetados, pero arriba. Cuando esto ocurra, yo lo que recomiendo es tomarse un momento para ver qué ocurre en el Hemisferio Norte, porque ahí es donde nos va dando idea de cómo circula la cosa.
Todo lo que ocurre allí nos muestra el reflejo de lo que podemos ir pensando para acá. Seguramente va a seguir habiendo mucho distanciamiento durante el verano, un fuerte uso del tapabocas, va a haber que controlar los brotes que se den en pleno verano. Imagino una temporada con muchos protocolos: hasta para poner la sombrilla.