Padre Hugo Segovia
Refiriéndonos a la telenovela “Jesús” hacíamos mención del Padre Carré que escribió un libro: “Creer, con veinte personajes del Evangelio”.
Era un teólogo dominico, miembro de la Academia Francesa y en él ponía el acento sobre distintos personajes de los que habla el Evangelio a los que podríamos llamar, actores de reparto, entre los cuales el décimo leproso, los camilleros que pasan por el techo, el buen ladrón, el centurión y tantos otros.
Nos dice que “el Evangelio” narra el encuentro de Jesús con niños, hombres y mujeres, sabios y genteatormentada, cobarde y valientes. Solo recorriendo el Evangelio, marchando, compartiendo el pan y conversando con el centurión y con la samaritana, podemos comprender que quiere decir creer”.
Palabras que también había dicho el filósofo danés Kierkegard: “el Evangelio es, más que la promulgación de una doctrina, el encuentro personal con Jesús”.
De allí la inagotable riqueza del Evangelio que ha hecho decir a importantes pensadores que no reconocen la divinidad de Jesús: “esto no pudo haberlo dicho alguien que fuera solamente un hombre”.
LA TERQUEDAD DE LOS QUE BUSCAN
Sabemos que cada miércoles el Papa recibe a miles de peregrinos de todo el mundo y va desarrollando un tema y aun en los tiempos de pandemia que afrontamos con las limitaciones obvias, ha empezado un nuevo ciclo de catequesis dedicado a la oración de la que ha dicho que es el “El alimento de la fe y también su expresión”.
En la primera de las catequesis ha hablado de un pasaje que trae el Evangelio de San Marcos (10,46-51) conocido como el ciego del Jericó.
Se nos muestra que este personaje se dio cuenta que solo insistiendo podría conseguir lo que quería y ello llevo a gritar con mayor fuerza a medida que los demás intentaban hacerlo callar.
Bartimeo era ciego y pedía limosna al borde del camino. Al sentir que Jesús iba a pasar por allí comenzó a gritar pidiendo compasión.
Como ocurría a menudo los que acompañaban a Jesús procuraron hacerlo callar. Su grito era “Jesús, hijo de David, ten compasión de mi”.
A pesar de todos los reproches, el ciego siguió gritando.
Dice el Papa: ¿esa terquedad tan bella de los que buscan es gracia y tocan y tocan a la puerta del corazón de Dios. Gritan y tocan”.
Para Francisco es un ejemplo del hombre que con su ruego puede conmover el corazón del Señor”.
Jesús le abrió las puertas de su misericordia y de su omnipotencia, atendió su plegaria y le concedió la vista
En su catequesis, el Papa insiste en decir que “nos ayuda a comprender que, la oración nace de la fe, brota de nuestro ser criaturas frágiles y necesitadas de la continua sed de Dios que todos tenemos”.
“La fe es tener las dos manos levantadas, una voz clamando para implorar el regalo de la salvación, la fe es un grito, la no fe es sofocar ese grito”.
NO ACOSTUMBRARNOS A LO QUE NOS OPRIME
Pero ¿y la no fe?. Dice el Papa “es sofocar ese grito. La gente sin fe le pedía al ciego que se callara. Sofocar ese grito es una especie de silencio cómplice. La fe es la protesta contra una condición dolorosa de la cual no conocemos la razón, la no fe es simplemente sufrir una situación a la que nos hemos adaptado.
La fe es la esperanza de ser salvado, la no fe es un acostumbrarse al mal que nos oprime”.
Oportuno este pensamiento para el momento que está viviendo la humanidad.
Jesús ha venido a liberarnos de los males que tienen nuestras vidas encadenadas, frente a los cambios que es preciso abordar para llegar a la una vida y a un mundo, los hombres prefieren continuar la vida de siempre, arrutinarse a la vida de siempre, y así en forma expresa a o directamente, alejarse de Jesús.
Dice “La fe es la esperanza de ser salvado, no acostumbrarse al mal que nos oprime”.