El fantasma de la división (Padre Hugo Segovia)

Leía hace poco un testimonio de Monseñor Osorio Serra, cardenal arzobispo de Madrid que me hicieron pensar en este primer día de un año nuevo.

Dice así: “antes de irme a la cama pase por la capilla y dejo el pectoral y el anillo encima del sagrario diciéndole a Jesús: yo he hecho lo que he podido, pero tú eres el auténtico arzobispo de Madrid, yo solo hago las veces”.

Algo así he leído que hizo otro obispo español, monseñor Santiago Taltavull, aunque este se refería a lo que le dejo al obispo del cual era auxiliar: somo obispos los dos, el báculo lo llevamos tomados de la mano”.

Dos actitudes que marcan con elocuencia lo importante que es compartir sobre todo tratándose de vivir esa realidad en forma compartida, lo que en la jerga eclesiástica se llama colegialidad.

Dos formas de asumir la relatividad de los oficios, más allá de que cada uno debe asumir su responsabilidad.

Lejos de aquello que tantas veces puede convertirse en búsqueda del propio poder como si fuera algo que pertenece a sí mismo.

Al comenzar un nuevo año encontramos que el Papa León nos ha dado un importante mensaje en el saludo navideño que por primera vez brindó a la Curia Romana.

IGLESIA ALEGRE Y GOZOSA

Así como causaron impresión los discursos que el Papa Francisco dedicó a sus colaboradores de la Curia en los cuales, con un realismo, a veces llamativo se refirió a la Curia romana el nuevo Papa, con otro lenguaje fue a fondo en su discurso que bien puede sernos útil a todos los miembros de la Iglesia que nos protege, y a la cual queremos servir.

Habló claramente sobre lo que definió como el fantasma de la división que “empujan a caer en la tentación de oscilar entre víctimas de la rigidez y de la ideología con las contraposiciones que implica, así como el fenómeno de sobresalir de algunos como del clima de la desconfianza.

Se preguntaba sobre esto si es posible tener amigos en la Curia, la administración de la Iglesia”.

Así, dice, “después de muchos años de servicios notamos, con desilusión que algunas dinámicas relacionadas con el ejercicio del poder el afán de sobresalir al cuidado de los propios intereses que les cuesta cambiar.

En el ejercicio hay una conversión personal que debemos desear y perseguir para que nuestras relaciones puedan transparentarse el amor de Cristo que nos hace hermanos. Deseo en primer lugar, recordar a mi querido predecesor cuyos ricos voz profética, estilo pastoral y rico magisterio han marcado el camino de la Iglesia en estos años animándonos en primer lugar la misericordia de Dios al dar un mayor impulso a una Iglesia alegre y gozosa, acogedora con todos, atenta a los pobres”.

GESTOS Y ACTITUDES

Inspirados en su “Evangelio Gaudium” quisiera volver a dos aspectos fundamentales que las estructuras no deben entorpecer ni detener la carrera del Evangelio o impedir el camino de la Evangelización y tampoco en el trabajo en el Curia debe ser opacado por ese espíritu y promover la solicitud pastoral: necesitamos una Curia Romana cada vez más misionera donde las instituciones, las oficinas y las tareas estén pensadas atendiendo a los desafíos pastorales y sociales de hoy no solo para garantizar la administración ordinaria.

La comunión es una tarea más urgente que nunca.

Muchas detrás de una tranquilidad se agitan los fantasmas de la división y nos hace ello caer en la tentación de oscilar entre dos extremos opuestos uniformar todo sin valorar las diferencias o, al contrario, exasperar las diversidades y los puntos de vista dispuestos a exagerar los puntos de vista en perjuicio de la comunión.

Así en las relaciones personales y en las dinámicas internas, se corre el peligro de ser víctimas de la rigidez con las contraposiciones que implica” Somos la Iglesia de Cristo, somos sus miembros, somos su cuerpo, somos hermanos y hermanas” in Illo unum”-

Se construye más que con palabras y los documentos mediante los gestos y actitudes concretos que deben manifestarse en lo cotidiano”.