El existir, no la fama

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

En una atrayente entrevista que le hicieron al actor Osqui Guzmán recordaba algo que le contó otra importante figura de nuestro teatro, Francisco Pesqueira: cuando era chico su mamá lo llevó al teatro donde José María Vilches representaba “El bululú”. Estaban en la fila 2 y en un momento el autor dio vuelta y le saltó una transpiración. La madre se agarró la transpiración de la cara, lo miró a Francisco y le dijo: “esto es un actor”.

Dice Guzmán: “algo de eso es lo que sucede cuando el público se encuentra con esa obra. Le conmueve el esfuerzo que lo lleva a comprender el trabajo, el verdadero fin del trabajo poético, ese nos conecta directamente con el sentido de existir”.

Muchas veces he hablado de la semejanza entre el actor y el sacerdote. Por ello, esa imagen del actor que transpira se parece a ala del sacerdote que oficia y se da por entero a lo cual, en nuestro caso, se puede asociar el cansancio del sacerdote que debe llevar a cabo una tara acrecentada por la escasez de obreros y por ese ir y venir permanente.

Como leemos en esta nota: “los actores de la Comedia dell’arte italiana tienen que estar preparados para todo, formados para afrontar las inclemencias climáticas, para las plateas serias y difíciles de conquistar, para los grandes escenarios. En fin un actor que puede ir con su baúl a cualquier parte del mundo y que no necesita nada más porque de allí saldrá la magia”. Pero, dice Guzmán: “es él solo, o lo mejor, todo él”.

NADA MÁS QUE UN BAUL

Diez años atrás Osqui Guzmán comenzaba a dar sus primeros pasos en el Conservatorio.
Diversas expresiones lo tuvieron pero hay una que no se puede omitir: “El niño argentino” de un maestro como Mauricio Kartun.

En contacto con ese “clásico e imperdible, una joya de la cartelera porteña” que fue “El bululú” su contacto con Vilches fue decisivo para tomar referentes a importantes autores españoles tanto del Siglo de oro como Calderón de la Barca, Fernando Rojas y Tirso de Molina y también con exponentes del siglo pasado como García Lorca y Hernández y lo llevó en su recorrido a la manera de los “Cómicos de la legua” por muchos caminos hasta que le costó la vida en un accidente. Muy relacionado con Mar del Plata que, en los años 90 para no olvidarlo instituyó un premio con su nombre para los actores que enriquecen su cartelera teatral. Se entrega cada febrero en un lugar tan mágico como Villa Victoria.

En la grabación en casete de la obra de Vilches se encontró, dice la periodista Jazmín Carbonell, su propia biografía, sus raíces bolivianas, sus padres costureros y ese legado que tomó y dejó al costado cuando la actuación se volvió protagonista en su vida”. Pero, agrega, “también está el OsquiGuzman actor, lleno de procedimientos, de recursos que van desde el mimo, la pantomima, el clown, la destreza, la esgrima, el canto, la música, la actuación en un sentido amplio y profundo”.

Por ello la alabanza del circo que esgrime Osqui cuando reflexiona: “¿quién no ha querido dominar las propias fieras? o cómo hipnotizar aquello salvaje que es uno mismo?”.
“De aquí que los actores esteremos siempre equivocados y ese es nuestro punto de partida para entender nuestra esencia que nos vincula, que necesidad tenemos de existir”.

EL SOLO, PERO TODO EL

Para él el arte es colectivo aun cuando se trata de un unipersonal. Pero más aún: la respuesta a cada una de las obras que se van haciendo. Es allí donde se aprende”.
Por eso “el éxito de existir”; no la fama porque tus preguntas han sido expuestas al espectador. Si el artista no se ha preguntado nada, se nota y el público no se lleva esa indagación”.

Viene Machado en su ayuda: “siento que debo salir a decir palabras que pueden construir algo diferente”.
Estamos escuchando las únicas palabras que el drama que nos acosa pone en nuestros labios; Covid 19, distanciamiento, alcohol y los poemas tienen la virtud de que son palabras hechas para transformar, para hacinar. La poesía tiene una misión: hacer preguntas acerca de la belleza de existir. Nos da la posibilidad de llegar a la ficha adonde nacen los dolores, las virtudes, las alegrías el amor. Es un filamento. En esa palabra elegida entre mil, el poema dice algo que lo conmociona y por eso conmueve”.

Frente a palabras tan inspiradas acudían otras y nos convencían de la necesidad que tenemos de conocernos.
Por ejemplo, Unamuno nos pedía:” no adelante, ni arriba, adentro, la gente descubre lo que sientes, no lo que dices”.
Y Juan Pablo II soñaba con una predicación que fiera “creíble, incisiva y fascinante”.
Cristina Benegas, por su parte: “ser una voz lo hace invisible al actor. Es como surfear por las olas del discurso”.