PADRE HUGO SEGOVIA
“Dios dispuso el cuerpo para que cada uno de los miembros se preocupe de los demás. Cuando uno sufre todos los demás sufren con él y cuando reciben honores todos se alegran con él”.
Para explicarles a los corintios que lo más importante, el camino mejor, que nada hay más perfecto que el amor San Pablo quiere mostrar que cada uno es miembro del cuerpo de Cristo.
Podríamos decir que la pertenencia al cuerpo es una exigencia de la vida cristiana. No es algo anecdótico lo que nos dice los Hechos de los Apóstoles al delinear las características de la primera comunidad cristiana.
Esa pertenencia trasciende lo jurídico. El bautismo nos inserta en ese cuerpo y no solo nos da un lugar en los registros parroquiales.
La catástrofe de abusos que ha asolado a la Iglesia no es una cuestión de muchos o de pocos miembros de ese cuerpo sino que afecta a todos y así como hemos visto la toma de conciencia que las comunidades han adquirido ante tantas catástrofes (“todos somos negros” o “todos somos judíos” por citar algunas) también nos citamos todos en ese sentido no solo victimas sino causantes del mal.
Es lo que experimento al enterarme de la renuncia que el arzobispo de Munich le presentó al Papa Francisco sintiéndose culpable. “Toda la Iglesia está en crisis a causa del asunto de los abusos, más aun, no puede dar un paso adelante sin asumir esa crisis”.
LA CATASTROFE DE LOS ABUSOS
El Cardenal, Reinhard Marx tiene 67 años, es arzobispo de Munich en Alemania, sede de la cual fue obispo desde 167 hasta 1982 el Papa Benedicto XVI.
No está involucrado en ningún caso de abuso ni de encubrimiento de pedofilia no obstante lo cual considero que su deber era renunciar antes de cumplir los años establecidos por el Derecho Canónico. Habla en su renuncia de “una Iglesia que se encuentra en un punto muerto” y que se está viviendo “una falla institucional y sistemática”.
Se trata de una figura sumamente representativa de un episcopado que se encuentra viviendo una situación compleja en camino hacia un Sínodo riesgoso por la diversidad de posturas y evidentemente por la problemática de los abusos.
Sobre este urticante tema el cardenal Marx opina que la Iglesia no asumió en su totalidad la actitud que exigía su credibilidad.
Marx es uno de los cardenales que conforman la llamada G (que tuvo sus dificultades sobre todo en lo que hace a este tema. Además también ejerce la presidencia del Consejo para la Economía del Vaticano.
En su respuesta el Papa le dice: “estoy de acuerdo en llamar catástrofe a la triste historia de los abusos sexuales y al modo que tuvo la Iglesia de hacerles frentes hasta hace poco”. Reconoce el cardenal que “caer en la cuenta de esta hipocresía es una gracia y es el primer dado que se debe dar. Hay que hacerse cargo de la historia no solo la personal sino también la de la comunidad y no se concibe que se puede seguir indiferente ante semejante crimen”.
EMPEÑARSE EN LA RENOVACION
Esta carta considero que es uno de esos documentos que muestran a un Francisco totalmente coherente pero más aun no creo exagerar si digo que esta carta pertenece a la antología de las sorpresas que tan poco le cuesta brindar.
Es verdad que las situaciones históricas requieren ser analizadas con los criterios de cada época lo cual no exime de hacerse cargo y asumirlas como historia del pecado que nos envuelve.
Cada Obispo debe preguntarse que hacer frente a esta tragedia y como la Iglesia lo ha hecho reconocer y expresar el “mea culpa” por los errores históricos”. Ello exige una reforma no solo de palabras y lamentos sino con actitudes valientes capaces de afrontar las consecuencias cualquiera sean”.
El pueblo cristiano reunido para celebrar los sacramentos y no por excesiva insistencia en el pecado sino porque en su pedagogía es conciente de que siempre debe reformarse pide que el examen de conciencia “lleve a sentir dolor por el mal cometido y experimentar un propósito real de enmienda que no se reduce solo al “no lo voy a hacer más”.
Por ello ni el silencio ni las omisiones ni el darle demasiada importancia al prestigio de la institución tienen validez porque conducen al fracaso personal e histórico y a vivir con el peso de tener “esqueletos en el armario”.
Al cardenal que pedía trabajar de manera más intensa al ser liberado de la conducción de la iglesia de Munich, el Papa le pide seguir siéndolo para empeñarse así en la renovación de la Iglesia.
Y nos lo pide a todos los que vacilamos y nos cuenta afrontar la catástrofe.