El día está cerca

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

Comienza el tiempo de preparación para Navidad y a la vez el año litúrgico.

La experiencia por la cual estamos caminando ha sido útil para replantearnos las grandes cuestiones y, según la opinión de muchos, todo ello confluye hacia una visión nueva de las realidades no solo personales sino también comunitarias.

Henri Nouwen era un escritor que, después de haber sido profesor en Harvard, decidió compartir su vida con discapacitados mentales en Toronto. Esta experiencia de comunión lo marcó a fondo e inspiró muchas de sus obras.
Precisamente una de ellas, “pan para el viaje”, contiene lo que él mismo llamaba “migajas de sabiduría y fe para cada día”. De esta hermosa obra recibimos elementos para escribir esas reflexiones sobre el Adviento.

Nos dice que la diferencia entre el optimismo y la esperanza se da en que el optimismo es la expectativa de que las cosas, el tiempo, las relaciones humanas, la economía, la política mejoraran mientras que la esperanza radica en que Dios cumplirá sus promesas para nosotros y así nos conducirá a la libertad verdadera.
Entonces el optimista pone el acento en los cambios concretos en el futuro mientras que el esperanzado vive el momento en la confianza de que todo está en buenas manos.

San Pablo les dice a los romanos en su carta: “ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación esta ahora más cerca que cuando llegamos a la fe. La noche es muy avanzada y está cerca el día. Dejamos las obras de la oscuridad y vistámonos de las armas de la luz. Como en pleno día andemos dignamente, revístanse de Cristo Jesús, el Señor y no se dejen guiar por la codicia”.

VIVIR CON ESPERANZA

El tiempo litúrgico de Adviento es por excelencia el tiempo de la esperanza porque los cristianos se asemejan a los judíos que, durante siglos y afrontando las distintas y complicadas etapas de su historia, esperaban la llegada del Salvador.

Durante cuatro semanas, las que anteceden a la fiesta de Navidad, están invitados a una espera, la del discípulo que ya nos hace atisbar lo que esperamos y por ello debe ser activa, alerta y gozosa.
Toda la liturgia de estas cuatro semanas está inundada por esa confianza que es la del guardia que sabe que, al salir el sol, acabará su turno pero debe afrontar las inseguridades de la noche.
No solo en clave personal sino sabiéndose y sintiéndose miembro de una comunidad. Aquello que, al comenzar este tiempo difícil de entender, nos recordaba cuando nos decía que nadie se salva solo.

Dice Nouwen: “paciencia no es sinónimo de pasividad ya que no es esperar que venga el autobús o que deje de llover hasta que salga el sol. Es vivir el momento presente al máximo para encontrar allí las señales del Señor que estamos esperando”.
No olvidad que “paciencia” viene del latín “patior” que significa “sufrir”. Sufrir por el momento presente en forma plena (dirá Francisco “no como transeúntes de la existencia”) y dejar, sigue Nouwen, “que las semillas plantadas en el suelo crezcan hasta convertirse en árboles. Esperar con paciencia es prestar atención a lo que está sucediendo frente a nuestros ojos y ver allí los primeros rayos de la venida de Dios”.

ESPERAR QUE CRISTO VENGA

La esperanza nos hace estar más atentos al camino. Este año el camino se ha vuelto árido y no era el que recorríamos cada día como tampoco la celebración de Navidad será la misma de cada año.
Aun viviendo esta dolorosa e inesperada prueba podemos sacar de ella una importancia lección.

Sin caer en los fáciles lamentos a los que estamos acostumbrados y de los que la palabra y los gestos del papa Francisco nos piden alejarnos, esta Navidad, se nos presenta como ocasión para que le demos el verdadero sentido que tiene la llegada de Jesús al mundo.
En el final de la larga y sinuosa historia del pueblo de Israel en la que se sintetiza la esperanza de todos los pueblos, también los de ahora que cuesta tanto hacer realidad como el mismo Nouwen dice (“todo los grandes guías espirituales de la historia fueron personas con esperanza: Abraham, Moisés, Ruth, María, Gandhi, Dorothy Day. Vivieron con una promesa en sus corazones que los guio hacia el futuro sin necesidad de saber con precisión cómo sería”).

San Pablo les escribía a los efesios, desde la cárcel en la que daba testimonio de su esperanza y rodeado de hombres que habían perdido la esperanza: “ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes sino conciudadanos del pueblo de los santos; ustedes son de la casa de Dios. Ustedes son el edificio cuya bases son los apóstoles y los profetas y su piedra fundamental es Cristo Jesús”.