Cincuenta años atrás Pablo VI visitaba África por primera vez. La importancia de este viaje se dedica, entre tantas cosas, en el hecho de que el papa en Uganda había dicho: “ustedes, africanos, deben ser misioneros para ustedes mismos” marcando además el inicio del S.E.C.A.M. o sea el Simposio de Conferencias episcopales de África y Madagascar. Abarca a los organismos regionales de los episcopados africanos, a semejanza de nuestro C.E.L.A.M. vendrían después los innumerables viajes de Juan Pablo II, las dos veces que lo hizo Benedicto XVI y ahora, la cuarta, que Francisco vuelve al continente para el que ha sido bautizado como el de las tres M (Mozambique, Madagascar y Mauricio). Como predisponiéndonos, la liturgia del domingo nos presentaba el pedido que hacia Jesús de invitar a los pobres, a los inválidos, a los ciegos, esos que no tienen como retribuirnos. Desoyendo a tantos argentinos que se sienten desplazados. En su trigésimo primer viaje el papa se encontrara con distintas realidades. El número de católicos ha crecido hasta el punto de que se habla de que si en 2010 eran 185 millones, en 2016 llegan a 225 aunque haya preocupación por el crecimiento de grupos esotéricos y sociedades secretas que nuclean a la clase política sin olvidar los movimientos carismáticos que suelen confundirse con la brujería.
Mozambique
Mozambique, antigua colonia portuguesa, figura entre los diez países más pobres del mundo. Allá los cristianos son un 47% de la población y los católicos llegan al 25%. Ha llamado la atención que saludo al presidente de Mozambique, junto al líder de la oposición armada (han firmado un acuerdo de paz) y a este, que es musulmán, lo ha llamado “mi hermano”. En esta columna solo podemos trazar algunas pinceladas en ese intenso recorrido del papa. Recojo de uno de sus discursos: “no descansar mientras existan niños y adolescentes sin escolarizar, familias que no tienen casa; desempleados, sin tierras para cultivar, sin igualdad de oportunidades las diversas formas de agresión y guerra continuaran siendo caldo de cultivo que tarde o temprano provocaran su expulsión”. En la catedral de Maputo llamo la atención: “la iglesia a veces no sabe como insertarse en las nuevas realidades y se va momificando”… “nos guste o no, debemos enfrentar la realidad tal como es; los tiempos cambian y olvidamos que la tierra prometida esta adelante, no atrás y en ese lamento por los tiempos pasados se va petrificando”… “no es bueno que un prelado, en vez de proponer la Buena Noticia, anuncie una cosa gris que no enciende el corazón de nadie”. Un momento particularmente simpático nos mostro una vez más a un Francisco que sabe llegar a la gente: comparo, dirigiéndose a una juventud ruidosa, la vida con un partido de futbol y allí recurrió a un jugador nacional, Eusebio Da Silva, ídolo muy apreciado. Pensábamos en algo parecido aquí…
Madagascar y Mauricio
De Madagascar, segunda etapa del viaje, imposible no detenernos en el encuentro entre estos dos argentinos. Casi estuvimos tentados en titular esta parte como “dos argentinos se encuentran”. Para Miramar la figura del padre Pedro forma parte de su historia ya que su familia vive aquí (no olvido a su mama que, desde Parque Mar, en bicicleta a la iglesia) y el muchas veces, en sus vacaciones, nos despertó el sentido de universalidad. Sobre lo que era un basural en Tananarivo, capital de Madagascar, hizo surgir lo que se llama “la ciudad de la amistad” (Adamasca) donde 25 mil personas construyeron sus viviendas, sus canchas, sus espacios verdes, sus Iglesias, sus escuelas y centros culturales… todo lo que le ha merecido a este misionero vicentino la candidatura al premio Nobel de la Paz. Aun queriendo abarcarlo todo no podemos no mencionar, por lo menos, a Mauricio, ciudad turística sobre el Indico que cuenta con un 30% de católicos y que goza de un desarrollo importante y adonde, vale la pena decirlo, el vuelo pastoral de Francisco ha llegado a darle un cardenal, el obispo de Port Louis, Maurice Piat. Hermoso viaje donde se hizo notar la alegría y la vitalidad propias de ese continente y que, sin duda, han sido reconfortante para este papa que, sin despreciar otras invitaciones, ha querido ser consecuente con la recomendación de Jesús que leíamos el domingo previo a su viaje.
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