El coraje de la fe (1) (Padre Hugo Segovia)

Han pasado ocho meses desde aquel día en que después de un conclave breve era elegir el Papa León XIV.

Vivimos entonces la importancia de esa elección en medio de un mundo abrumado por guerras y discordares.

Habíamos acompañado casi durante varios meses las alternativas de la salud del Papa Francisco que aun en medio de sus problemas de salud a los que se sumaba su avanzada edad nos hacía temer ya que su presencia activa de doce años pudiera interrumpirse cuando muchos en todo el mundo habían encontrado una figura tan llamativa desde distintos puntos de vista.

Los que hemos vivido situaciones semejantes nos encaminamos a momentos singulares porque si bien en muchos aspectos en otros se hacían notar que los tiempos tienen semejanzas, podemos afirmar desde la objetividad

La opinión publica podemos afirmar que ha estado muy pendiente de lo sucedido y si bien los problemas bélicos sobre todo lamentablemente no hay amainado la cuestión de la decisión de un nuevo papa ha tenido un lugar prominente durante varios meses.

BUSCANDO LA UNIDAD

Buscando opiniones sobre este tema preponderarme resulta difícil elegir algo que iluminé y de alas a la imaginación encontré un articulo que me dio inspección para hablar sobre algo que sin duda ha sido uno de los que han rodado por todas partes.

COMUNIDAD DE TAIZE

Hay una comunidad ecuménica que merece dedicarle más espacio en esta columna. Se trata de la comunidad de Taizé pequeño lugar en el cual se instaló desde los años de la guerra mundial.

Un grupo de estudiantes en Suiza, se reunían para obrar y había distintos puntos de vista en lo que tiene que ver con la Iglesia.

En los años cuarenta del siglo pasado estudiantes franceses y de otros países compartían la vida universitaria y experimentaban las diferencias que tenían en cuanto a la oración lo que los llevó a intensificar su inquietud por la unidad de acuerdo con aquello que el evangelio de San Juan recalcaba con fuerza sobre la necesidad de que los cristianos  deben lograr por encima de los puntos que fueron dándose y originaron distintos enfoques y lamentablemente divisiones que escandalizaban a la humanidad y de las que los Evangelios hablan como una necesidad para lograr la unidad, “sean una cosa para que le mundo crea”.

No quedó en un propósito, sino que buscaron la forma de orar y trabajar por la unidad de los cristianos que siguieron invocando y buscando la forma de llenarlo a la práctica.

De esto surgió algo que continuarán al terminar sus estudios.

Dos de esos jóvenes, Roger Schult y Max Thuridan siguieron dando forma a un movimiento ecuménico que tiene su sede en Taizé y que desde años de la guerra mundial ha seguido creciendo.

Para conocerlo mejor hemos aprovechado que esta semana, del 18 al 25 de enero, se lleva a cabo al octonario por la unidad de los cristianos que concluye con la fiesta de la Conversión de San Pablo que ha sido también una fecha de gran resonancia eclesiástica y que el Papa preside en la basílica de San Pablo extramuros.

Esta columna semanal ha querido poner al alcance de los lectores un texto escrito en los momentos que vivimos meses atrás y que esta firmado por el actual responsable del movimiento, el hermano Alois que nos muestra con una devoción y una inspiración propios de ese movimiento el testimonio vivo y luminoso del Papa Francisco para que fructifique el ansia de unidad en los cristianos y sobre el cual escribimos nuestro próxima columna.