Pío XII había llamado a América el continente de la esperanza.
El 1955 con motivo de la realización en Río de Janeiro al Congreso Eucarístico se aprovechó la ocasión la ocasión para llevar a cabo, al finalizar, un encuentro de los obispos latinoamericanos que vino a constituirse en la Primera Conferencia Episcopal latinoamericana que dio lugar a la creación de lo que se iba a llamar el C.E.L.A.M. (Conferencia Episcopal Latinoamericana)
Ese año 1955, hace ahora setenta años, se constituyó este importante organismo que se está ahora celebrando su septuagésimo aniversario.
Todavía el Concilio no había sido organismo en vigencia, pero ya se daban muchos elementos que entrarían a ser características fundamentales del continente.
En ese año Argentina estaba sumergida en el conflicto que causó la crisis de ruptura con el gobierno y que terminaría con la revolución de ese mismo año.
Vale la pena recordar que los dos cardenales argentinos, Copello y Cagiano no participaron en Brasil del Congreso Eucarístico y sus lugares quedaron marcados por lo que se llamaba persecución religiosa.
Había participado el entonces obispo de Viedma, monseñor José Borgatti.
Vale la pena recordar que ese 1955 había comenzado en Milán el episcopado de quien en 1963 accedería al sumo pontificado, el cardenal Montini quien había estado en Río de Janeiro por su sintonía con quien era en esos tiempos obispo auxiliar, nada menos que Helder Cámara,
PREAMBULO DEL CONCILIO
Esta iniciativa de la Iglesia del continente, a diez años del Concilio Vaticano que, sin duda, anticipo de una Iglesia atenta a los signos de los tiempos y es junto que se le reconozca este preámbulo colegial en el que se destacan muchas de las figuras cumbre del episcopado continental.
La sede de lo que sería el C.E.L.A.M. fue motivo de propuestas porque no se veía del todo la necesidad de una Iglesia Continental por miedo a una independencia lo cual se puso de manifiesto al proponer los obispos en aquellas 1955 dos posibilidades como sedes de la organización Roma o Bogotá que la visión de Pío XII, se impuso y fue así Bogotá la sede.
Además, es también justo decir que fue así al primer continente de los cinco en que se vio la necesidad de coincidir experiencias pastorales.
En este encuentro de celebración el actual presidente del C.E.L.A.M. el cardenal Tempesta, ha dicho que se plantean tres niveles: “el primero unidad entre los obispos que tienen la última pero no la única y aquí resulta clara la apertura pensando en las nuevas territorialidades porque al mundo ha estado pensando rápidamente de un territorio centrípeto a uno centrífugo, por lo tanto esa figura del obispo como señor pleno, absoluto y exclusivo de su diócesis alrededor del cual todo gira debe ser repensada.
El C.E.L.A.M. como organismo de coordinación y servicio de los 22 episcopados de América Latina debe seguir siendo referente en la tarea de evangelización y atención pastoral al pueblo fiel de Dios que peregrina en ese amado continente.
LA PRESENCIA DE PIRONIO
A vuelo de pájaro es realmente alentador este recorrido por la Iglesia del continente y para ello no encuentro más que nombres como el ya Helder Cámara y como los de los chilenos Larraín que no llego a presidir Medellín por el accidente en el cual perdió la vida precisamente en preparación de Medellín.
Sobre todo, el recuerdo de nuestro beato Pironio que en Medellín empezó su trabajo en el C.E.L.A.M. en un emblemático texto, después presidió durante dos períodos el organismo en Bogotá con su episcopado en Mar del Plata que, antes de su trabajo en el Vaticano, convirtió a la ciudad en ciudad que acogió encuentros pero, sobre todo, una espiritualidad que podríamos llamar, en muchos aspectos, nuestra.