También en 2020 se cumple el centenario del nacimiento de Chiara Lubich. Muchas veces durante la pandemia que padecemos, su figura y su enseñanza me han asaltado.
Pensaba en ese pequeño grupo de compañeras de trabajo, maestras, que vivían en Trieste en los años de la última guerra mundial.
Ellas afrontaron el rigor del momento y, en medio de la desolación y el temor de los bombardeos, dieron el pie al nacimiento de un movimiento capaz de contagiar esperanza en medio de las ruinas. Ellas, provistas solo de una Biblia que abrían al azar cada vez que acudían a los refugios antiaéreos y un 7 de diciembre, el de 1943, recibieron la petición de un anciano que les pedía un par de zapatos.
Ellas fueron a orar a la capilla y le dijeron a Jesús: “necesitamos un par de zapatos para ti”. Habían entendido a fondo lo que enseña el evangelio de San Mateo: “tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era peregrino y me hospedaron; estaba desnudo y me vistieron”. Esto marcaría el comienzo de lo que llamo la Obra de Maria.
Chiara misma lo cuenta: “entendimos por qué San Francisco de Asis el renuncia a todo, lo había encontrado todo: “mi Dios y mi todo”.
Muchos años después se lo decía a un grupo de obispos: “Dios es amor. Si tomamos conciencia desde lo más profundo, todo en nuestra vida cambia. La sonrisa aflora a nuestros labios, en los desastres de la guerra, también en las separaciones y en los bombardeos: todo es expresión del amor de Dios”.
ABRAZAR A TODA LA HUMANIDAD
En una conferencia, monseñor AngeloZani que era secretario de la congregación para la Educación, afirma que ella fue guiada a asociar a Dios y a los hombres en un único amor, amor, que partiendo se ensancha en los hermanos y de los hermanos vuelve a Dios en un circuito vital que lo resumen la unidad.
-Recurre a Karl Rahner quien afirmaba que “la espiritualidad del futuro tiene como elemento fundamental la comunión espiritual fraterna, vivida en conjunto y que, aunque lentamente pero en forma decidida, debe continuar por ese camino”
En la espiritualidad del grupo de jóvenes que acompañaban a Chiara se destaca el amor a Cristo Abandonado y Crucificado y, al respecto, algunos de sus historiadores afirman que fue para resumir en él, el inmenso amor por el cual los hombres han sido redimidos. Entonces Jesús abandonado lleva a cabo su testamento y se hace visible en los problemas de toda índice que debe afrontar la Iglesia.
Ella debe extender ese amor en círculos concéntricos que abarquen a todos los cristianos y se abran hacia las otras grandes religiones.
Se trata de la concepción de Iglesia que el papa Pablo VI propone en la encíclica “Eclesiamsuam”.
Pero monseñor Zani advierte que “no se trata de una actitud dolorista sino que se introduce en el amor a la cruz dilatando los mentes y los corazones hasta abrazar a toda la humanidad”.
Se fue consolidando así un humanismo planetario tal como se le puede constatar en la Obra de María que abraza todas las vocaciones.
ESPERANZA EN LA NOCHE
En 1950 escriba Chiara: “he aquí el gran atractivo del tiempo moderno; es que nos hace entrar en la más alta contemplación y marchar unidos; hombres al lado de los hombres”… “perderse en la muchedumbre como levadura de lo divino”… “solidarios de los designios de Dios sobre la humanidad como bordando sobre las muchedumbres su luz y, al mismo tiempo, compartiendo con el prójimo el hambre, los caminos, los dolores y las escasas alegrías porque el atractivo de nuestro tiempo, como el de todos los tiempos, consiste en que de lo más divino y de lo más humano puede pasar a Jesús, el verbo de Dios e hijo del carpintero a María, sede de la sabiduría y madre de familia”.
Programa que brota desde los tiempos de la guerra, desde la noche, desde la incertidumbre tal vez menos graves que los que estamos afrontando, nos convoca a salir como profetas de un dialogo que contribuya a la unidad y al amor.
Como Chiara y sus compañeras mientras todo se derrumbaba, veíamos el domingo de Pascua a Andrea Bocelli frente al Duomo de Milan, cantar el “Felices Pascuas”, Entre las canciones estaban el Ave María de Gounod.
En su diario ella recordaba como esa música la había conmovido: “era la fiesta de la Maternidad de María y la veía pensando que si Dios la había pensado como Madre de su Hijo, que grado de belleza puede haber alcanzado y que ésa es la belleza que conquistará los corazones”
Ella es aquella a la que el Papa Francisco ha invocado como “estrella de las noches históricas”.