El cholo de todos

Aquel 20 de julio de 2010, en la parroquia San Carlos Borromeo de Mar del Plata, como pocas veces una multitud de asistentes celebró un acontecimiento que no podemos olvidar los que participamos de él.

Era “el día de amigo” y todos queríamos celebrar a quien, en la placa que está en la esquina de Juan B. Justo y Tucumán llamábamos el amigo de todos.

Habíamos pasado días difíciles en los cuales se había puesto a prueba lo más profundo de la comunidad marplatense como era la enfermedad de Vicente Luis Ciano, el Cholo de todos.

Recuperado después de ese trago amargo todos querían agradecer su recuperación y no había forma mejor que hacerlo el día del amigo desde a fe o de lo mejor de todos.

Yo lo había experimentado porque cada día los taxistas que me llevaban a la clínica Belgrano me encargaban, muy emocionados, que le hiciera llegar sus augurios. El era el amigo de todos y ello equivalía a la más exigente de las competencias.

Hacía aun más elocuente la misa de ese 20 de Julio el hecho que, días antes, había nacido su primer nieto y ello nos hacía entender mejor que nuestra vida la entendemos mejor mirando hacia atrás afrontando los interrogantes del futuro.

En este momento de la partida de este hombre sentimos, desde lo más hondo que era como el símbolo de esta Mar del Plata, esas eran las imágenes, entre millones que acudían a las mentes y a los corazones. Una de esas era recordar lo que un alumno me escribió cuando terminé ni tiempo en una parroquia: “yo no me voy a despedir nunca de vos, porque los amigos no nos despedimos, nos ponemos a distancia”.

MAESTROS Y ALUMNOS

En este curso no me cuesta nada sentirme yo el alumno y él el maestro.

En él siempre vi la armonía de las dos dimensiones en los largos años de su trayectoria ya que tanto las personalidades como la gente sencilla, se sentían amigos.

Una trayectoria de muchos años, muchos cambios, pero alguien que vivió a fondo las etapas y en todo esto alguien que supo armonizar lo nuevo y lo permanente.

De allí el título de “Cholo de Mar del Plata” al cual yo tuve la inspiración de añadir el de “logos” de la ciudad.

Ahora, el 10 de diciembre pasado su presencia en Miramar fue para mí muy significativa, aunque no me costó nada la seguridad de su presencia.

Había estado nunca de manera protocolar, sino que nacía de las exigencias de la amistad que son sobre todo las del corazón. Así el 16 de junio de 2009 en el Consejo Deliberante donde prevaleció la emoción hasta las lágrimas cuando habló de mi paternidad.

Yo, en ese momento, pensé en el Cholo niño que con tristeza desde Tucumán y Juan B. Justo miraba a los chicos del Patronato de la Infancia y sentía la fuerza y el calor de su corazón de padre que nunca dejó de latir.

El era y lo seguirá siendo, el padre de todos.