Diplomáticos misioneros

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Columna del padre Hugo Segovia

Casi al mismo tiempo que recibimos la noticia de la designación del Nuncio Apostólico en Argentina, vacante por la inesperada muerte del anterior, monseñor León Kalenga Badikebele, ocurrida el año pasado cuando aún no había cumplido un año de gestión, nos enterábamos que, en carta dirigida al Presidente de la Academia Eclesiástica, monseñor Joseph Marino le comunicaba que, a partir del curso 2020-21, los futuros diplomáticos del Vaticano deberán dedicar un año de su formación a las misiones.

La elección de monseñor Miroslav Adamczyk nos muestra la siempre novedosa veta del papa Francisco ya que, después de un nuncio africano, nos presenta ahora a uno polaco que estaba cumpliendo sus tareas en Panamá.

Podemos imaginar que habrá tenido ocasión de conocerlo con motivo de la Jornada mundial de la Juventud que se celebró en enero del año pasado y que, en este año del centenario de Juan Pablo II, también puede haber influido en la definición de este nombramiento.

Por otra parte, cada vez que leemos los antecedentes de un nuncio nos quedamos asombrados porque, en el abanico de su misión, nos encontramos con tantos continentes y naciones que son como un eco de aquel ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda la creación.

 TRABAJAR EN TIERRAS DE MISION

Nosotros en Miramar, conocemos a alguien muy relacionado con la diplomacia vaticana.

Por mi parte imposible no recordar cuando en 1976, recién llegado a la ciudad, leí en “L Osservatore Romano” que el Padre Leonardo Sandri había sido nombrado en la Secretaría de Estado después de una gestión como Secretario de la nunciatura en Madagascar.

Tenía 32 años y había debido afrontar una grave situación como encargado de la misma ya que el anterior nuncio había sido trasladado a Belgrado.

Fue el comienzo de una amistad muy importante para mí pero también para la comunidad ya que él desde niño había sido turista en la ciudad a la que llegaba cada año con sus padres, nunca dejo de hacerlo y nos brindaba sus experiencias en el servicio eclesial.

Fue secretario de la nunciatura en Washington y en 1997, junto con la ordenación episcopal, fue enviado como nuncio de Venezuela y luego a México hasta que en 2000 fue elegido Sustituto de la Secretaría de Estado en estrecha relación con Juan Pablo II de quien le tocó anunciar al mundo su fallecimiento el 2 de abril de 2005.

Elegido Cardenal en 2007 es desde entonces Prefecto de la Congregación de las Iglesias orientales y en diciembre, accedió al cargo de Vicedecano del Colegio Cardenalicio.

En cuanto a la disposición del papa Francisco escuchemos al mismo: “estoy seguro que la experiencia misionera será muy útil no solo a los jóvenes académicos sino también a las diversas Iglesias con las que éstos colaborarán”.

 BIENVENIDO MONSEÑOR MIROSLAVC

Sacerdote polaco nacido el 16 de julio de 1962. Desde 2010 nuncio en Liberia, ordenado obispo y después nuncio en Sierra Leona hasta 2017 en que paso a serlo en Panamá.

Formado en la academia a la que se conoce como “la fábrica de los nuncios” sucesivamente había cumplido funciones en Madagascar, India, Hungría, Bélgica, Sudáfrica y Venezuela recorriendo los  cuales tenemos un muestrario de lugares y, por consiguiente, también de experiencias.

El hecho de ser polaco le da a su misión entre nosotros un color particular ya que no podemos olvidar que gracias a la intervención de Juan Pablo II, pudimos evitar una guerra con Chile apenas dos meses después del comienzo de su pontificado, en 1978. Entonces, el cardenal Antonio Samoré, su enviado, no escatimó fatigosos viajes entre Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile para lograr un acuerdo.

Más aun quiso compartir nuestro dolor por la guerra de Malvinas y oró en Lujan y en Palermo en un viaje no programado que se entrecruzó con el que llevo a cabo a Inglaterra, del 22 de mayo al 2 de junio, cuya importancia histórica fue muy grande después de 40 años.

Se me ocurre, en este año centenario del papa polaco, hacer un puente entre aquel acontecimiento de 1987 en Buenos Aires, rebosante de jóvenes de todo el mundo y la figura de este compatriota que en 2019 era nuncio en Panamá donde el papa Francisco se sintió a sus anchas.

Son todos motivos para que, con alegría y esperanza, recibamos ahora a monseñor Miroslav.