Padre Hugo Segovia
“Todos los caminos conducen a Roma”. Esta expresión que manifiesta una realidad geopolítica fue la que facilitó la llegada del Evangelio a todos los pueblos. Jesús les dijo a sus discípulos: “vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”.
Pero también Roma conduce a todos los caminos, el Papa Francisco ha puesto el acento de Roma sobre todas las periferias geográficas y existenciales aunque, más que una afirmación rutinaria, en momentos importantes del año litúrgico o en circunstancias cruciales, el Papa bendice “urbi et orbe” es decir “a la ciudad y al mudo”.
El Concilio Vaticano II afirma que la Iglesia debe proteger las diferencias legítimas, y a la vez, velar para que las diferencias sirvan a la unidad.
Después de siglos de un marcado centralismo occidental y en relación con el dinamismo de la historia, hemos visto que un papa polaco primero, un papa alemán después y un papa argentino asumían la cátedra romana. El Concilio había sido claro en propiciar ese proceso de universalización de la Iglesia y muchos obispos de los otros continentes fueron llamados a trabajar en los organismos centrales así como también los cardenales de Pedro, están dejando, aunque lentamente, de pertenecer al mundo occidental.
Bastaría remontarse al comienzo del Concilio y detenerse en la procesión de entrada para ver obispos de todo el mundo, de todo color y de las más diversas culturas. Ellos, 2500 entonces, enseñaron allí que “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.
EL MARATON MARIANO
Gestos continuos se van sucediendo. Con motivo de la celebración, en el otro hemisferio, del mes consagrado a la Virgen y en el marco de la pandemia que azota al mundo, al Papa ideo lo que se llamó “maratón de oración” que consistió en que cada uno de los días del mes de mayo, desde un santuario distinto, se unieran los corazones con el rezo del Rosario.
A través del canal vaticano cada día a las 18.00 (hora italiana) desde un santuario mariano se rezó el Rosario además de un subsidio de apoyo en distintas lenguas.
Resulta una tarea gozosa saber que en el santuario de Nuestro Señora de Washington de Inglaterra, Jesús el Salvador y María Madre de Nigeria, Virgen de Czestochowa de Polonia, Basílica de la Anunciación en Nazaret, Virgen del Rosario en Corea, Nuestra Señora de Aparecida en Brasil, Nuestra Señora de la Paz y del Buen Viaje en Filipinas, Santa Casa de Loreto en Italia, Nuestra Señora de Knock en Irlanda, Virgen de los pobres en Bélgica, Nuestra Señora de Africa en Argelia, Virgen de Fátima en Portugal, Nuestra Señora de la Salud en India, Virgen de la Paz en Bolonia, Catedral de Santa María en Australia, Nuestra Señora de Lourdes en Francia, Inmaculada Concepción en Estados Unidos, Virgen María de Turquía, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en Cuba, Virgen de Nagasaki en Japón, Nuestra Señora de Montserrat en España, Nuestra Señora de Cap en Canadá, Virgen de Ta Pinu en Malta, Nuestra Señora de Guadalupe en México, Madre de Dios en Ucrania, Virgen Negra de Alcotting en Alemania, Nuestra Señora del Líbano en Líbano, Virgen del Santo Rosario en Pompeya, a los cuales se une el 8 de mayo la Basílica Argentina de Luján, se rezó el Rosario. De esto en un video mensaje sentimos todo el amor del Papa Francisco que desde allí nos decía: “mes de mayo, mes de María, 8 de mayo y miro a Luján, quiero estar con ustedes”.
LUJAN Y EL MUNDO
El 1 de mayo el Papa Francisco inició orando ante la imagen de la virgen del Socorro el maratón que cerró el 31 en los jardines vaticanos.
Allí desplegó su amor por la Virgen deteniéndose en una devoción que había fomentado en Buenos Aires, en la década de los 90, cuando la parroquia de San José del Talar en Villa Devoto se convirtió en un centro muy concurrido. Se trata de la Virgen que desata los nudos de origen alemán porque la pintura original, que es del siglo XVIII se encuentra en Augsburgo.
El ejemplo del amor maternal debe animar a todos los creyentes sin excluir a nadie porque en la Iglesia, a través de muchas manifestaciones, la Virgen ha traído a cada tiempo y a cada pueblo las palabras que ella misma les dijo a los servidores en Caná de Galilea: “hagan todo lo que El les diga”, anticipo de esa maternidad universal que El mismo le otorgó al morir en la cruz. “Miró la pequeñez de su servidora, sacó a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildes”, había cantada ella cuando fue a visitar a su parienta Isabel.
De los nudos que impiden a los hombres y a los pueblos alcanzar su realización integral habló el Papa al cerrar el maratón.
Hemos querido recorrer con la mente y el corazón estos treinta lugares de todo el mundo saboreando esa universalidad de una iglesia que sale a los caminos, comparte el cansancio de los caminantes, canta y llora con todos los hombres.
Como dijo el responsable de la basílica de Lujan: “Que Luján vaya al mudo y el mundo esté en Luján”.