Sin duda que el estilo es el hombre.
Lo estamos percibiendo en estos días inaugurales de quien era el cardenal Robert Francis Prevost que había sido pastor de la diócesis de Chiclayo en Perú y cardenal desde 2023 prefecto del importante dicasterio de los obispos y el 8 de mayo, en un conclave de muy poca duración, elegido obispo de Roma.
Como hemos dicho numerosas veces en esta columna es muy costoso estar atentos a las palabras y a los gestos del que tiene sobre sus espaldas el peso de toda la humanidad.
Lo hemos intentado y hemos confirmado, desde los años de Pablo VI, que tantos documentos y tantas intervenciones pontificias nos superan y nos dan indirectamente la pauta de lo que es un papa para la humanidad. Ahora mismo hemos quedado impresionados, en tantos escasos días, del estilo de este hombre que sintetiza los grandes desafíos que afronta la sociedad.
Recibió a los 2.000 periodistas de todo el mundo que han cubierto la información de estos días.
Comenzó sus palabras aludiendo a una expresión en ingles que alude a que si la gente aplaude al comenzar no es importante como lo es si lo hace al finalizar, si es que al final tengan ganas de aplaudir porque han estado despiertos.
La verdad y el amor
Algunos de los conceptos de su mensaje nos sirve para ir delineando ese estilo.
“Es un llamado a una comunicación distinta que no busca el consenso a toda costa, que no se disfraza con palabras agresivas, que no rinde frente a la lógica de la competencia y que nunca separe la verdad del amor en el que debemos buscarla humildemente”
“La paz empieza por cada uno de nosotros en como miramos y hablamos de los demás. En ese sentido la forma como miramos, escuchamos y hablamos de los demás. En ese sentido es crucial la forma en que nos comunicamos: debemos decir no a la guerra de palabras e imágenes y rechazar paradigmas de conflicto”.
A propósito de los periodistas de la libertad, el Papa pidió “libertad y ella le ocasionó un cerrado aplauso: “la Iglesia reconoce en esos testigos la valentía de aquellas que defienden la justicia y el derecho de los pueblos a ser informados puedan tomar decisiones libres”.
“Solo los pueblos libres pueden tomar decisiones libres” dijo y dejó así otro mandamiento ineludible en el mundo de la comunicación.
No escapó a lo que llama “vértigo informativo de los últimos días y un exigente pedido de no caer cediendo a la mediocridad.
Nosotros somos los tiempos
Nosotros somos los tiempos” dijo León XIV, iluminado por un dicho agustiniano (“vivamos bien y así los tiempos serán buenos porque nosotros somos los tiempos”.
El Papa agradeció así a los hombres de la comunicación haberse alejado de los estereotipos y clichés en los que a menudo se describe la vida cristiana y la de la Iglesia, por haber captado lo esencial de lo que somos y transmitirlo al mundo en todos los medios posibles.
Invito así a salir de la torre de Babel en la que a veces nos encontramos y de la confusión de lenguajes sin amor a menudo ideologías y facciosos: “su servicio en las palabras que usan y el estilo que adoptan es importante ya que fue la comunicación, de hecho, no es solo comunicación de información si no creación de una cultura de contornos humanos y digitales que se convierten en espacios de dialogo que, viendo la evolución tecnológica, esta misión se hace aún más necesaria advirtiendo sobre la inteligencia artificial que aunque tiene inmenso potencial exige responsabilidad y discernimiento.
Las últimas palabras del mensaje lo muestran en su personalidad: “aprenderemos a conocernos mejor. Hemos vivido, podemos decir, juntos días verdaderamente especiales. Los hemos compartido con todos los medios: TV, radio y redes sociales. Desearía que cada uno pudiera decir que ellos nos revelan un poco del misterio de nuestra humanidad y que nos dejaron un deseo de paz y de amor”.