Del Matrimonio del miedo y del odio o la demonización del otro a una esperada paz

Lic. Alicia Digón

Digamos a otra lengua, a un lenguaje que nos disipa de la lengua del horror del recuento de crueldades inimaginables. ¿Qué nos dice alguien que nos toma por asalto?, “la plata o la vida” y uno prioriza la vida y entrega. Todo lo que tiene o puede.

Es una situación bi.

En las situaciones bi, no hay salida. En este caso no tenemos un momento así, en este caso tenemos la solitariedad, ojo que no digo la soledad. Uno puede estar solo pero si sabe cómo y qué hacer para salir de ese “solo” estamos en solitariedad, es decir entramos en el ritual de la creación.

Nos negamos a pactar con el opresor en este caso con el rostro del dolor, del sufrimiento y de la muerte.

¿Cómo? Oponiéndole lo mejor de uno mismo. La creatividad.

Nos dice Richard: las personas que dan un paso en el camino de la barbarie no son siempre plenamente conscientes de franquear un límite inaceptable, no comprenden claramente  la salida de ese camino y piensan que una distorsión menor a su sentido moral no tendrá consecuencias. Este compromiso inicial no es generalmente sino la primera etapa de un engranaje del que luego resulta difícil escaparse.  Y que lleva al individuo a perpetrar violencias cada vez más graves y numerosas.

¿Qué se hace cuando en vuelo el avión se despresuriza? Se pone antes la máscara para luego poder salvar al otro. Eso no es altruismo. Eso es necedad.

Por ello nosotros vamos a escribir, en este primer caso, como modo de ponernos primero la máscara para así luego, salvar a quien más queremos: nuestra familia, nuestros amigos, la vecindad.

He aquí un cuento micro para que empecemos a animarnos a ponernos la máscara ya, desde el primer momento de la despresurización:

PASCUAS

Es fértil esta tierra. Dejás caer una moneda y a la semana florece un cajero automático, reluciente (y fuera de servicio). Fértil. Una fertilidad cercana a la lujuria. Por cualquier grieta mínima brota un tallo. Las raíces de los tilos y las acacias le dan a las veredas un aire de montaña rusa. La naturaleza -ya lo dijo Shakespeare, o alguien- abomina de la línea recta. Como Nora. Solo que ella también abomina de la aritmética. Con algo menos de setenta años, ya cumplió dos mil. Y hace quinientos que acata el mandato de la ley de gravedad que -como dijo… Borges- también deplora la línea recta. De modo que suelo verla, avanzando por la montaña rusa de enfrente, encorvada, del brazo de su niña. Su niña tiene cuarenta años, pero, hace más de treinta que lo ignora. Cualquiera puede olvidar que se trata de dos individuos. Es un binomio. Juntas, del brazo, Nora guía. Nora alimenta, Nora higieniza, hace correr el agua, medica, baña, viste, peina, abraza, arrulla, habla, se contesta. Uno es tan hijo de puta, tan capaz de cruzarse con ellas en la vereda despareja, tan gentil al sonreír cuando Nora se inclina aun más y dice ¡Felices pascuas Guille…!.-Guillermo Iglesias-.

Nota al pié: En literatura está permitido el uso de malas palabras para dar el énfasis justo de quien quiere transmitir una idea. Por otra parte Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua, dijo: ¿Qué son las malas palabras, atacan a las buenas? Si son expresivas. No es lo mismo decir “es una mala persona” que decir “es un hdp”… por tanto en lo literario y en son de dar énfasis a una escrito se utilizan sin ningún problema.

Sin duda este es un microrelato cortísimo que nos indica un estado de ánimo, con citas que llevarían a leer por ejemplo, a Borges…. En cuanto a su posición del lenguaje, el lenguaje coloquial, lo subterráneo de la lengua y el estado de ánimo de quien relata, que no es poco. En otra oportunidad hablaremos de lo que se denomina en antilenguaje, la “otra” lengua, o bien al juego de encastre de lo nombrado, por ahora, escribamos nuestros estados de ánimo y ….a “ponerse la máscara” para salvarnos y poder salvar por una conducta altruista, tal cual el momento lo pide al otro. Ese “otro” que en oportunidades hemos ignorado y que ahora necesitamos tanto… hasta la próxima… y a escribir.