Después de 456 años, aquel 16 de octubre de 1978 era elegido un papa no italiano. También el primer papa eslavo proveniente de la Europa oriental y del segundo mundo como se llamaba a los países comunistas.
Durante sus 26 años y medio de pontificado volvió nueve veces a su patria. Ya desde esa tarde otoñal sintió que debía hablar en “la vostra lingua” y se corrigió enseguida para decir “nostra lingua”. Había comenzado muy a la italiana: “sin lodato Jesucristo”.
Me acordaba de esto el 12 de junio de 1982, en Palermo, cuando dijo “ahora debo ir por la calle Rivadavia” y al advertírsele que era “Rivadavia”, sonriente, se corrigió enseguida.
Es muy precisa la semblanza que traza el vaticanista Giancarlo Zizola en su libro “El otro Wojtyla”.
El vaticanista habla de la primera conferencia de prensa que dio el 18 de octubre que era, también, la primera de la historia: “daba la sensación de estar dotado de una fortaleza irreductible, de una verdad vivida y a la vez de un libro propio del escenario mediático”. Además, respondía a las preguntas de seis lenguas.
Pero también cuenta que algún prelado, cuando oyó su nombre en la plaza, “quedo sin aliento, totalmente desconcertado, dando vueltas de cabeza”.
UN PAPA QUE FUE LEJOS
Tenía 58 años y era también el papa elegido más joven de un siglo, desde Pio IX y el segundo, después del mismo, en la duración de su pontificado.
Los romanos, habituados a las ocurrencias, decía años después que un día Jesús, asombrado de las cosas que le contaban los que entraban al cielo, decidió visitarlo en el Vaticano y después de examinarlo le ofreció una gracia. Y le pidió que el próximo papa fuera también un polaco pero le respondió: no, con uno basta”…
“Un papa venido de lejos” dijo aquel 16 de octubre. Pero, sin duda, un papa que fue lejos a lo largo de esos años y no dejo de hacerlo hasta que le quedaban solo ocho meses de vida y en medio de grandes dolores, llego a Lourdes, devoto sin medida de aquella de quien se llamaba “todo suyo”.
No solo geográficamente sino afrontando la problemática de los tiempos que han quedado también impregnados de una presencia múltiple y compleja. Muchas veces incomprendida y reducida a determinados temas en esa facilidad que a veces se esgrime para limitar las dimensiones de una vida y, sobre todo, una misión “sui generis” no solo sujeta las categorías socioculturales que no llegan a captar el significado de aquel “abran las puertas a Cristo” que resonó en la plaza de San Pedro el 22 de octubre de 1978.
EL “MILAGRO” WOJTYLA
Zizola recuerda que, en aquella conferencia de prensa al terminarla, se detuvo con los periodistas. Dice: “se sentía a sus anchas y deslumbraba a quienes somos fabricantes de mitos e ilusiones con el sueño de la razón” y cuando alguien le preguntó cuándo pensaba dar otra conferencia de prensa,”sin ninguna duda le contestó que “cuando me lo permitan”.
“Me pareció que esa seguridad tenía mucho que ver con una profunda angustia por el futuro del hecho cristiano en medio del mundo y quizás por el mismo futuro del hombre porque detrás de su sonrisa ocultaba una desesperación de fondo, lejos de las esperanzas naturales de un papa como Juan XXIII y de las esperanzas teologales del Concilio Vaticano II. Sin embargo él había elegido el nombre de los dos papas del Concilio”.
Sobre esto es preciso remarcar que fue Juan Pablo I quien se atrevió a ello cuando dijo que si bien no tenía la sabiduría del corazón de Juan ni la inteligencia de Pablo elegía llamarse como ellos.
Trabajador. Poeta. Profesor. Actor. Místico. Algunas de las facetas de una personalidad inédita a la cual el humanista y presidente de la República Checa, Vaclav Havel, llamó “milagro” y a quien Krzysztof Zanussi en su película “De un país lejano” mostro como “la historia del mundo en torno a un personaje”.
Se están cumpliendo cien años de su nacimiento y como para ratificar lo que venimos diciendo, de la enorme mole de sus escritos me llama la atención y me parece una elocuente síntesis, no muy difundida, de su pensamiento algo que él, en 1975, en una conferencia que pronunció en el Centro de Encuentros Sacerdotales de Roma expresó: “estamos viviendo frente a los milagros del modelo antropológico y económico de la sociedad occidental que reduce al hombre en elemento pasivo de varios procesos, sujeto a la más disparatadas manipulaciones. Precisamente, es en este punto que se encuentran utilitarismo y liberalismo”.