En varias oportunidades los concejales municipales han tenido la oportunidad de recorrer el corralón de maquinarias de Otamendi, mejor dicho el cementerio de maquinarias, ya que la gran mayoría no funciona o no está en condiciones y no se consiguen repuestos por falta de pago.
Consecuentemente todo es un gran abandono. Más aun cuando un maquinista de experiencia y conocimiento se vio obligado a renunciar por los lamentables salarios que se pagan y ahora quedará en manos de otro empleado, quizás sin la experiencia necesaria. Pero el equipo esta prácticamente destruido. Los camiones de vez en cuando funcionan y todo es así. Dejadez, abandono y deterioro.
Para ocultar lo que hay en el Corralón ahora se levantara un paredón, que pretende esconder la suciedad. En vez de paredón lo que deberían realizar en la reparación integral del parque automotor para no dejar las cosas en el peor de los estados cuando asuma la nueva Administración, como ya ocurriera en épocas pasadas.