Con ustedes, para ustedes

Entre las emociones que el anuncio de la elección de León XIV me causó estuvo, aun antes de que él la mencionara, estuvo esa que recordaba una expresión de San Agustín que muchas veces he escuchado.

Es aquello que él decía cuando hablaba a su comunidad de Hipona: “yo soy para ustedes el obispo; con ustedes soy un cristiano”.

Oírla de sus labios no solo me remitió a esos tiempos, sino que vino como a definirme los tiempos que comenzaban.

Y no solo eran un comienzo sino una continuidad con lo que el pontificado de Francisco a quien en asianos dos años asistió como prefecto de la Congregación de los obispos y sin duda escuchó en sus palabras y también en sus gestos.

De ellos aprendió y nos parece entender así por que tan rápido fue el proceso de la elección del nuevo papa.

Así como el nombre elegido nos pone en esa sucesión apostólica con mucha elocuencia ya que nos hace actual un pontificado que marcó, con rasgos definidos de lo que podemos definir el pensamiento social de la Iglesia, así como el desarrollo de los grandes procesos históricos que bien podrían ser considerados preámbulo del Concilio Vaticano II.

CAMINOS PARALELOS

León XIII fue un papa que asumió su misión en los últimos tramos del Siglo XIX y, cargado de años, gobernó hasta los primeros años del nuevo siglo.

La aparición de la encíclica “Rerum novarum” si bien no es el primer documento que manifiesta la preocupación social de la Iglesia marca así el preámbulo del pensamiento social que, sin pensar, se ha ido enriqueciendo a través de los sucesivos tiempos consolidando no solo intelectualmente sino pastoralmente la vida de la Iglesia y de cuyo olvido se la mentó Pío XI.

No podemos separar la elección de León XIV de otras noticias que hemos recibido en los últimos meses y que relacionan su pensamiento y su acción de los mismos: así en ese mismo Perú donde desarrolló su misión pastoral falleció en octubre, el Padre Gustavo Gutiérrez ese sacerdote que hizo decir a Juan Pablo II que la opción por los pobres era “firme e irrevocable”.

Pero también, pocos meses atrás aquel agustino que, siendo obispo de Valencia, se radicó en Bolivia en Santa Cruz de la Sierra, donde hizo visible la Iglesia removida del Concilio.

Todos podríamos decir que fueron caminos para los o las de este León XIV que ahora es el pastor y el hermano.

LA CERCANIA DE LEON

Un papa venido del fin del mundo se definió “Francisco aquel 13 de marzo en aquel informal “buona sera” que enamoró a los que lo escuchaban y a los que, como Agustín, les pedía la bendición.

También venido León del sur del mundo como continuando un camino y nos hacía pensar en aquello que cantaos, “ni a sabios ni a ricos” pero sí a aquel “todos” que, con tanto amor, cantaba el argentino.

Era la tarde del 8 de mayo, para nosotros la fiesta de la Virgen de Luján, para él, la invocación a “nuestra Madre María” que se celebra en Pompeya”.

En esa primera plática con la ciudad y el mundo, León quiso, como el primer saludo pascual de Jesús sus palabras fueron las de la paz para todos “una paz “desarmada y desarmarte” esa que Francisco, “débil pero valiente” había deseado en esa finalización de su misión, bendición que León pedía continuar a través suyo. “Como esta plaza con los brazos abiertos”, es una tarea hermosa, como lo es ser discípulos, el Señor nos precede, el mundo necesita de su luz, la humanidad como el puente para ser alcanzado por la luz de Dios.