Haciendo una recorrida por los muchos años que esta comunicación semanal es parte de mi vida ya que se va sucediendo durante muchos años.
Decir “muchos años” no es una fórmula para despojarme esta realidad, pero si lo es para agradecer a Dios me haya conservado desde 1990 ese entusiasmo semanal por estar sabiendo para comunicarme con quienes han tenido y tienen la gentileza de leer lo que digo cada semana.
Tal vez alguno que ha leído alguna vez la columna en la que he contado la historia.
Siempre me atrajo la lectura y recuerdo como si pasara ahora lo que me pasó en la lejana infancia.
Me hace bien y me confirma ahora después de tantos años en ese amor por la lectura que se vuelca la escritura y que tal vez alguno de los que leen la columna tendrán en cuenta.
Como fuerte recuerdo de la infancia está lo que me pasó, aunque no pueda decir con exactitud en que año ocurrió. Solo queda el saber que era muy chico una tarde en que estaba en que estaba empeñado en las tareas escolares cuando experimenté el gozo por la lectura.
Allí mi tía que era también mi madrina me estaba ayudando en los deberes escolares y yo me di cuenta de que podía leer y salí corriendo de alegría como sintiendo una fuerza escondida que me empujaba.
Algo así ahora lo puedo definir como decir o gritar ¡puedo leer!
LAS PENAS DE LOS SIGLOS
Lo que sí tengo presente es el sentimiento de ese momento que se ha profundizado por el paso de los años ya que puedo recordar lo que en el seminario me decían irónica pero amistosamente: “vos naciste no con un pan sino con un libro bajo el brazo”.
Recuerdo que siempre fue el encargado de hablar en los actos escolares y también de escribir en las publicaciones que los alumnos hacíamos en determinados momentos.
Algunos de esos momentos quedaron muy grabados en mi vida, uno de ellos el “discurso” que me encargaron decir cuando terminé el ciclo secundario donde me jugué, además, saludando a un profesor que por su postura política había sido suspendido en la tarea docente. Este es el mismo que se acercó a besarme la mano el día de mi primera misa y también quien aun en posturas distintas están a mi lado en momentos difíciles del quehacer pastoral.
Ya en el seminario no puedo pasar por alto que tuve padrinos que me alentaron y hasta me promovieron en la escritura quien considero maestro, Recuerdo a nada menos que el Cardenal Pironio en esta faceta de mi vida: Monseñor Ernesto Segura hizo llegar a la dirección de “Criterio” un escrito mío, pero con un seudónimo ya que el reglamento del seminario impedía que los alumnos escribieran en la prensa.
EL SENTIDO DEL DOLOR
Dejo para una segunda parte lo que pasó después ya que para redactar esta columna estuve buscando tema, paradoja, por cierto, ya que abundan los temas.
Pensando además en la fecha de salida de esta columna que es el tiempo de Pascua recurrí a una figura a la que debo tener en cuenta y he dejado un poco de lado.
Se trata de una mártir judía, Etty Hillesun de la que he leído un libro que me inspiró la columna de hoy, además de introducirme en la gran contienda política que nos está
Abrumando.
Ello ha llegado a ser una mística de nuestro tiempo cuyo camino es una interpelación sobre el sentido del dolor dicho por su estudiosa Carmen Guaita “una muchacha compleja y radiante, la quinta esencia de lo humano como si su alma hubiera sufrido en 29 años las penas de todos los siglos y hubiera destilado de ella el perfume del sexto día de la creación”
Me permite comprometer a los lectores amables seguir hablando de ella.